¿Qué es el síndrome de Solomon?

síndrome de solomon

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Como sabes, hay personas a las que no les gusta nada que los demás destaquen sobre ellas. Pero también hay a quien le gusta mucho destacar de entre los demás. 

Es muy probable que conozcas al menos a una de estas personas, esas a las que les gusta destacar sobre el resto. Hay sin duda personas a las que les gusta ser el centro de atención. Como se suele decir, ser el niño en el bautizo y el muerto en el entierro. En definitiva, destacar. 

Sin embargo, hay otras muchas personas (seguramente la mayoría) que prefieren pasar desapercibidas, a las que no les gusta sobresalir en exceso del grupo al que pertenecen, y se comportan de manera muy parecida a ese grupo, precisamente para no “dar el cante”. 

Es difícil creer que, la opinión que tengan los demás no nos vaya a condicionar nunca a la hora de comportarnos de una manera u otra. Probablemente, no todas las veces nos comportamos o tomamos decisiones con libertad absoluta. 

Es una realidad que somos seres sociales, vivimos en sociedad, y sin duda el entorno nos influye más de lo que creemos. Pero además de que nos influya, por lo general, nos da bastante miedo ser rechazados porque se nos considere diferentes al grupo. 

Y tú puedes estar pensando ¿y por qué todo este rollo? Pues porque quiero hablarte hoy de algo que ocurre con mucha frecuencia, que tal vez nos haya ocurrido a todos alguna que otra vez. Pero que a algunas personas les da auténtico miedo, les da miedo ser el elemento discordante entre un grupo de personas. Me refiero al síndrome de Solomon, que tiene que ver con cómo nos influyen los demás en nuestras conductas y hasta en nuestras decisiones. 

El síndrome de Solomon se caracteriza por el miedo que tiene una persona a sobresalir o a destacar de su grupo, y por tanto dejar de pertenecer al mismo. La persona realiza conductas o toma decisiones evitando destacar por encima de los que le rodean. Llegan incluso a ponerse obstáculos a ellas mismas, para no sobresalir del resto. 

A este síndrome se le ha dado el nombre del psicólogo Solomon Asch, quien hizo en 1951 un importante estudio en psicología social. Su intención era estudiar cómo la conducta humana está muy influída por el entorno de la persona y por la presión social. 

El experimento fue bastante revelador. En él participaron un grupo de 123 personas, a las que se les dijo que era un estudio oftalmológico. El grupo total fue dividido en varios grupos de ocho personas, a las que se les mostró una sucesión de cartulinas con tres líneas de diferente longitud. Los participantes tenían que decir cuál era la línea más larga de cada cartulina.

Los siete primeros participantes estaban compinchados con el psicólogo para elegir una de las líneas, que era claramente incorrecta. El octavo participante, no sabía nada.

El experimento se repitió 18 veces y, en el 75 por ciento de los casos, el participante número ocho, el que no sabía nada, elegía la misma opción que los siete primeros; a pesar de ser, como te digo, una opción que era claramente equivocada.

Los que se habían equivocado, es decir, esos números ocho que dieron la respuesta incorrecta, confesaron más tarde que se habían dejado llevar por la respuesta de los siete primeros, a pesar de que tenían claro que no era correcta; y una de las razones que dieron fue el miedo a hacer el ridículo, por dar una respuesta diferente a la del resto del grupo. 

La conclusión de Solomon fue que, los miembros de un grupo, cambian sus decisiones, sus conductas y sus pensamientos, para que éstos encajen con los del resto del grupo al que pertenecen. 

Cuáles son las características de una persona con síndrome de Solomon

Parece bastante claro entonces, que todos estamos un poco influidos por aquellas personas que nos rodean, que estamos más condicionados por el entorno de lo que creemos, y además que podemos sentir cierto miedo de lo que puedan pensar de nosotros. 

Sin embargo, hay algunas personas que llevan esto muy mal, y que son las que pueden desarrollar el síndrome. Suelen ser personas con baja autoestima y con poca seguridad en ellas mismas, que necesitan la aprobación del entorno para sentirse bien. Pero además de eso, suelen tener mucho miedo, a ser el objeto de las envidias de los demás e incluso de las burlas, y por eso es por lo que prefieren no destacar. 

Por otra parte, tienen una alta deseabilidad social. La deseabilidad social, es hacer aquello que sabemos que estará aceptado socialmente. Esto es algo que en cierta medida tenemos todos, pero alguien con el síndrome de Solomon, tendrá una excesiva deseabilidad social. No toman decisiones por sí mismas, sino que prefieren que las tome su grupo de referencia. Y claro, siempre harán lo que decida el grupo. 

Cuando una persona hace lo posible por no destacar en nada, es decir, cuando tiene el síndrome de Solomon, lo que hace es llevar a cabo un comportamiento que evite el juicio negativo de las otras personas. Y esto, sin duda, hace que pierda su propia identidad. 

Cómo superar el síndrome de Solomon. 

Está claro que, adaptarnos a las circunstancias del grupo al que pertenecemos, ya sea de amigos, compañeros de trabajo, etc, nos beneficiará a la hora de tener buenas relaciones sociales y laborales. 

Sin embargo, cuando esto se hace en exceso y crea malestar, además de limitar las conductas y las decisiones propias, habrá que hacer algo para superarlo. Te propongo algunas cosas. 

  • Recuerda siempre tener respeto por ti mismo: si no dices lo que quieres decir, si no haces lo que quieres hacer, por el miedo a ser diferente del resto, estarás quedando bien con ellos, pero no contigo mismo. No te estarás respetando a ti mismo ni a lo que tú quieres. 
  • Utiliza la asertividad: será mucho más fácil decir lo que realmente quieres decir, si utilizas la asertividad. De esta forma, podrás dar tu opinión, defender tus derechos, pedir lo que necesitas,  y negarte a hacer lo que no quieres, sin faltar al respeto a nadie, ni a los otros, ni a ti. Las cualidades y las virtudes que tienes y que hacen que te diferencies de tu entorno, son las tuyas, las que forman parte de tu propia identidad, así que no las escondas. 
  • Atrévete a tomar tus propias decisiones: mucho peor que equivocarse con una decisión, es no tomar nunca ninguna, y hacer siempre lo que digan los otros que hay que hacer. Además, si te equivocas, será una buena oportunidad para aprender de ese error. 

Rosa Armas

Colegiada T-1670

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