Qué es el Síndrome de Procusto

síndrome de procusto

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Alguna vez escuché, no recuerdo dónde, que la gente que te rodea, que te conoce y que te tiene cariño, por lo general claro se alegran de que te vaya bien. De lo que no se suelen alegrar tanto, es de que te vaya mejor que a ellos. En un momento entenderás por qué te digo esto.

Suelo decir que somos seres sociales. Y no porque yo lo diga, sino porque es verdad. Estamos continuamente relacionándonos con personas, amigos, conocidos, familiares, compañeros de trabajo,… Estas relaciones suelen ser lo que más satisfacciones nos da, al menos a nivel emocional. 

Claro que también suele ser lo que más disgustos nos puede dar. Y es que, como te decía al principio, no es tan fácil encontrar a alguien que se alegre, de manera sincera, de que tú destaques en algo. Sobre todo, cuando destacas en algo en lo que ellos no destacan.

Es de esto de lo que quiero hablarte aquí, de esto que se llama el Síndrome de Procusto, y que se puede dar tanto en el trabajo como con los amigos o la familia, y que además es más frecuente de lo que crees. Tan frecuente, que no pienses que le ocurre a los demás porque son “malas personas” nos puede pasar a cualquiera de nosotros, a ti también.

Para empezar, quiero explicarte por qué este síndrome se llama de esta manera tan rara. 

La historia de Procusto nos llega de la mitología griega. Procusto era un bandido que daba posada en su casa de las colinas de Ática. Cuando llegaba un nuevo huésped a su casa, Procusto le asignaba una cama con unas medidas concretas. Cuando el viajero en cuestión estaba ya dormido, Procusto le amordazaba y le ataba a la cama.

Si la persona sobrepasaba la medida de la cama, con la cabeza, las manos  o con los pies, Procusto le cortaba esa parte del cuerpo, para que encajara perfectamente con la medida de la cama.

Si por el contrario, la persona era más pequeña que la cama, Procusto descoyuntaba el cuerpo para hacerlo más grande, y que se ajustara igualmente a la medida de la cama.

En definitiva, Procusto quería que todo fuera a su medida, a la que él había establecido, sin tener en cuenta las medidas de sus huéspedes.

Pues bien, esto es exactamente el Síndrome de Procusto: el hecho de que algunas personas que te rodean, hagan lo posible para evitar que destaques o sobresalgas por encima de ellas.

Dicho de otra forma, lo tienen las personas que intentan opacar o limitar a otra, para no sentirse sobrepasada, y por tanto, inferior  a ella. Esta incapacidad para alegrarse de los éxitos ajenos, para alegrarse y reconocer los aspectos positivos de otras personas, se puede transformar en rabia, envidia y agresividad hacia esa persona que destaca.

¿Cuáles son las características del Síndrome de Procusto? 

El síndrome de Procusto tiene unas conductas y actitudes como estas: 

  • Son personas envidiosas. Como consecuencia de eso, están siempre criticando y juzgando el trabajo de los demás. 
  • Por supuesto tienen baja autoestima, aunque puedan aparentar todo lo contrario. 
  • Les cuesta reconocer virtudes y éxitos en los demás. 
  • Sienten miedo a ser rechazados y a ser superados por los demás. 
  • Tienen un gran sentimiento de inferioridad. 
  • Dudan de sus propias capacidades, por lo que rechazan a aquellos que perciben como mejores. 
  • Son intolerantes a la frustración, así como a sus propios errores. 
  • Como te decía, este síndrome se puede encontrar en cualquier ámbito de tu vida. 

El Síndrome de Procusto en el trabajo 

Es en este ámbito en el que más frecuentemente se da el Síndrome de Procusto. Quizás te haya ocurrido alguna vez, en tu trabajo, en que alguien que lleva allí más tiempo que tú te dice algo así como “eso aquí se ha hecho siempre de esta manera, y así es como se tiene que hacer” Es decir, que tienes que ajustarte a la “medida de su cama”

Puede ocurrirte con un compañero de trabajo, pero también con un jefe. Si llegas con ideas demasiado novedosas, te puedes encontrar con que menosprecien tus ideas, con que nieguen tu talento, con que intenten impedir que tu trabajo destaque; con que alguien se apropie de una idea tuya que le ha gustado, o que hablen mal de ti para crear una mala impresión, por ejemplo. 

En definitiva, un Síndrome de Procusto en el trabajo luchará para evitar que sus compañeros crezcan, destaquen o sobresalgan por encima de él, provocando un estancamiento en la persona que intente innovar o destacar. Además, dificulta en gran medida el trabajo en equipo. 

El Procusto también se puede observar en el ámbito académico, cuando un alumno  tiene un rendimiento superior a los demás. Frente a esta circunstancia, hay otros que pueden menospreciar su esfuerzo y sus logros, con comentarios negativos y/o despectivos, e incluso se puede llegar a producir el acoso.   

El síndrome de Procusto en la familia y amigos 

Sí, también se da en estos dos ámbitos. Y la forma en que se suele dar está enmascarada con la supuesta protección de la persona a la que se intenta limitar, con el “no creo que eso sea lo mejor para ti”

En estos dos ámbitos, se refleja cuando hay intentos continuados de controlar las decisiones que toma la otra persona. Como te digo, enmascarado con la idea de proteger a esa persona, de lo que “no es adecuado para ella” De esta forma, el Procusto intenta anular al otro para que no sobresalga por encima de él.

El síndrome de Procusto en la pareja 

Como te habrás imaginado, el Procusto se da también, o quizás habría que decir, sobre todo, en algunas relaciones de pareja. 

Se da en las relaciones que son tóxicas, pero también en las relaciones donde hay maltrato psicológico. Es decir, en esas relaciones en las que la autoestima del Procusto aumenta con la crítica y el menosprecio de la otra persona.

La crítica constante, las prohibiciones y algunos consejos, acerca de decisiones que la otra persona debe tomar en su trabajo, por ejemplo, van ajustando a esa persona, poco a poco y sin que casi se dé cuenta, a la medida de la cama de Procusto, evitando así que pueda destacar por encima de éste. 

¿Qué hacer ante un síndrome de Procusto? 

Pues ante un Procusto, puedes hacer…. depende de quién sea el Procusto. 

Lo mejor es que seas hábil. Es decir, si es un jefe quien te dice cómo se han de hacer las cosas, intuyo que lo que más te conviene es que hagas caso, y si no estás a gusto, te vayas buscando otro trabajo. 

Si se trata de un familiar o un amigo, debes tener muy claro qué es lo que tú quieres o no quieres, qué es lo que tú crees que puedes o no puedes hacer, qué es lo que tú crees que te conviene o no te conviene. Y hacérselo saber de una manera asertiva, poniendo límites cuando consideres que debes hacerlo. 

Pero también podrías no darle demasiada información de tus logros, o de los planes y proyectos que tienes. De esta forma, no te podrá influir lo que te pueda aconsejar.

Si es un compañero de trabajo, cuidado con contarle tus ideas, podrían pasar a ser suyas por arte de magia. 

Si por el contrario crees que eres tú el Procusto, enfocarte en trabajar tu autoestima para que dependa de ti mismo y nunca de la comparación con otros, podría serte de utilidad. Y ya sabes, recurrir a la ayuda psicológica nunca está de más. 

Rosa Armas

Psicóloga colegiada T-1670 

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