Las personas que siempre tienen la razón y lo saben todo

sabelotodo siempre tiene la razón

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Sin duda conocerás a alguna o algunas de esas personas que, independientemente de lo que tú digas o de cómo lo argumentes, siempre tienen la razón. Y olvídate, no podrás convencerla de que tal vez, sólo tal vez, pueda estar equivocada.  

Estas personas suelen tener algún que otro problema con sus relaciones sociales. Como es normal, porque o bien la gente de su entorno huye de ellas, o bien terminan siempre discutiendo con alguien que seguramente no les haya dado la razón.

¿Por qué algunas personas actúan de esta manera? 

Por lo general, las personas que no admiten ninguna otra opinión y creen que siempre tienen la razón, son personas inseguras que necesitan a toda costa tener razón, o creer que la tienen: para de esta forma, reforzar la poca seguridad que tienen. Por tanto, si a estas personas se les dice que no tienen razón, o que están equivocados, se van a sentir atacados…y claro, se defenderán.

Pero también podría ser que estas personas se hayan movido desde pequeños en un entorno en el cual, dijeran lo que dijeran, siempre se les daba la razón. Con lo que han desarrollado intolerancia a que se les lleve la contraria.

Sea como sea: el caso es que la mayoría de las veces puedes terminar discutiendo con una persona así, y enfadado por su obstinación. Aunque otras veces ni te apetece verla, y prefieres evitar encontrarte con esa persona.

¿Cuál es la mejor forma de hablar con alguien que siempre cree tener la razón?

Primero que nada tendrás que valorar cuál es tu intención, a la hora de discutir con una persona que siempre pretende tener la razón.

Puede ser que sólo quieras hablar un rato sobre lo que sea. Tal vez te interese saber cuál es su opinión, o quizás sólo quieras dar la tuya sin más. Pero también podría ser que tu intención sea hacerle cambiar de opinión, dándole otro punto de vista…o por lo menos que se cuestione la opinión que tiene.

Desde luego, lo ideal sería que tú pudieras expresar tu opinión sobre un tema, y que al mismo tiempo puedas conocer la opinión de otra persona de una manera tranquila y civilizada.

Pero si esto no es posible y entras a discutir, será mejor que te plantees cuánto te interesa dar tu propia opinión, y cuánto te interesa mantener la relación con esa persona que siempre cree tener la razón. Porque, a veces una discusión, puede deteriorar la relación. Y a lo mejor no merece la pena.

Sin embargo, es necesario ser inteligente. Si por ejemplo, la persona que cree tener siempre la razón es tu jefe; casi mejor te callas y no discutes.

Ten paciencia y presta atención

Dicho esto, cuando estés hablando con esa persona que ya conoces y que sabes que siempre tiene la razón, ármate de  paciencia y escúchala atentamente.

Tómate el tiempo que haga falta para escuchar todo lo que tiene que decir, pero escúchale atentamente, sin estar pensando en lo que dirás tú a continuación. Esto último es muy frecuente que lo hagamos. Si haces esto, no podrás escucharle del todo.

Procura no interrumpirle y dale algunas señales activas de que estás escuchando; como por ejemplo asentir con la cabeza, hacer algún comentario como un “ya”, o un “entiendo”. E incluso, de vez en cuando, puedes hacer un breve resumen de lo que está diciendo, como por ejemplo “entonces tu crees que….”.

También es muy importante tu lenguaje corporal. Aunque no lo creas, éste le da información a la otra persona de si le estás escuchando o no. Por ejemplo, si mientras te habla tú miras hacia otra parte y no le miras a la cara, lo más probable es que sienta que no le haces ni caso. Tampoco mantengas los brazos cruzados; este gesto es un indicador de que no estás receptivo a lo que te cuentan, o de que no te importa.

Quizás esa persona no se exprese con toda la claridad del mundo, o tal vez haya algo que no has entendido bien, así que también puedes hacerle alguna pregunta sobre lo que está diciendo. Esto no sólo te ayudará a ti a entender mejor su postura, sino que además le dará información a ella de que efectivamente le estás escuchando. No es necesario hacer preguntas complejas o incómodas, puede valer con un simple ¿por qué?

Una vez hayas escuchado, plantea tus argumentos

Una vez que esta persona haya terminado su exposición con tranquilidad y sin interrupciones, estará más receptiva y predispuesta a escucharte a ti. Así que te toca expresar lo que opinas; y si realmente le has escuchado con atención, es probable que haya alguna parte de lo que ha dicho, por pequeña que sea, en la que estés de acuerdo.

Si es así, lo mejor es que se lo hagas saber antes de dar tu argumento, “estoy de acuerdo contigo cuando dices que….”.

Si por el contrario, no estás de acuerdo en absolutamente nada; podrías empezar tu turno diciendo algo así como “ahora entiendo tu postura, pero yo opino que…» o bien algo como “es interesante tu opinión, pero yo opino algo diferente a ti….”.

Si empiezas con algo que le resulte agradable de oír, esa persona que siempre cree tener la razón estará más dispuesta a escuchar tu punto de vista.

Eso si, procura no decir expresiones demasiado tajantes que puedan molestarle. Como podría ser eso de, “estás totalmente equivocado”, o “no tienes razón en absoluto”. Con frases tan radicales como estas, por supuesto no querrá escucharte y además puede sentirse molesta.

Cómo hacerle ver que está equivocada

Hasta aquí, si lo que quieres es mantener una conversación civilizada y tranquila con alguien con quien normalmente no puedes porque no te escucha.

Ahora bien; si lo que te interesa es que esa persona que siempre cree tener la razón se dé cuenta de que está equivocada, en todo o en parte, la mejor forma es hacerle preguntas que hagan que se cuestione su propia opinión. O bien, ofrecerle una alternativa.

Por ejemplo ¿cómo llegaste a esa conclusión? O bien algo así como ¿no has pensado alguna vez en…?(aquí le darías otra opción a plantearse) 

Estas preguntas pueden hacer que se plantee su opinión y que pueda contemplar otra opción. Claro que el principio debe ser el mismo, es decir: debes escucharle primero con tranquilidad para poder llegar a este punto.

Recuerda que una retirada a tiempo, muchas veces es una victoria. Así que si ves que puedes entrar en una discusión que no lleve a ninguna parte, más que a que los dos se enfaden; y a que ese enfado pueda afectar a la relación, casi mejor te retiras.

Para retirarte puedes decirle algo así como, “veo que no vamos a llegar a un acuerdo, así que mejor lo dejamos aquí”. O “no nos vamos a poner de acuerdo, así que será mejor que cambiemos de tema”. Esta alternativa muchas veces es la más inteligente. 

¿Qué hacer con un sabelotodo?

Pero… ¿qué ocurre cuando se trata de una persona que lo sabe todo, o mejor dicho, que cree saberlo todo? ¿Es lo mismo alguien que cree tener siempre la razón, que un sabelotodo? 

Es difícil establecer las diferencias entre estos dos personajes. Quizás la diferencia está en que quien quiere tener siempre razón no acepta nunca otra opinión que no sea igual a la suya. El sabelotodo, por el contrario, pretende aleccionarte de cualquier tema: porque claro, de todo sabe. 

Esas personas que a todo contestan, de todo opinan, y de todo te discuten; porque son las que más saben. Puede que tengas un amigo de éstos, o lo que es aún peor, un compañero de trabajo. El típico que te dice: “hazme caso que yo de esto sé mucho”.

Si lo has tenido que sufrir, sin duda sabes que tratar con un sabelotodo es desesperante. No sólo porque contesta a todo y de todo sabe, sino también por su actitud prepotente. Y es que, podría ser que efectivamente supiera más que tú, pero también puede ser que no. Y eso tiene una explicación.

El efecto Dunning-Kruger

A mediados de la década de los noventa, un hombre de cuarenta y cuatro años, habitante de Pittsburgh, atracó dos bancos a plena luz del día y sin ocultar su cara. Por supuesto fue detenido.

Más tarde, declaró que se había puesto en la cara zumo de limón, por lo que no entendía que lo hubieran reconocido. Parece ser que dos amigos le habían dicho que si se ponía en la cara zumo de limón, se volvía invisible, y él se lo creyó. Por lo tanto, creyó que las cámaras no podrían recoger su cara.

Después de esto, David Dunning, profesor de psicología social de la Universidad de Cornell, y su alumno Justin Kruger, decidieron investigar sobre ello. La hipótesis era: ¿sería posible que mi propia incompetencia no me dejase ser consciente de esa incompetencia?

De manera muy resumida, primero se les preguntó a los participantes del estudio cómo estimaban su grado de competencia en diferentes campos. Después se les pasaba un test escrito, para valorar su competencia real en cada uno de esos campos.

La conclusión del estudio fue que cuanto mayor es la incompetencia de una persona, menos consciente era de ella. Por el contrario, las personas más competentes, eran las que más infravaloraban sus capacidades.

Dicho de forma más coloquial: el que más creía saber de un tema, era el que menos sabía de él. O sea, el más ignorante es el que más listo se creía.

Pero además, no valoraba los conocimientos que podían tener los demás. Sin ninguna duda, estas son las personas a las que llamamos sabelotodo, de esas personas que nunca dicen “no lo sé”. Eso sí, la buena noticia es que, parece ser que si se entrena a un incompetente, sí que podrá darse cuenta de lo incompetente que era antes.

Por el contrario, el que tenía más dudas de sus conocimientos, era realmente, quien más conocimientos tenía. De hecho, el experto en algún tema suele dar respuestas más comedidas y prudentes. El que es un sabelotodo, por el contrario, suele dar respuestas más tajantes y absolutas.

Cuáles son las características de un sabelotodo

Para que reconozcas a una de estas personas, aunque esto es bastante fácil de hacer, te diré que:

  • Un sabelotodo suele monopolizar las conversaciones y no escucha a los demás.
  • Mientras tú hablas, él estará pensando en lo que responderte, pero no te habrá escuchado.
  • Toman decisiones apresuradas, sin pensar en todas las opciones.
  • Siempre te dirá lo que tienes que hacer y claro, de qué manera hacerlo.
  • Tienen sus propias opiniones de todo y no aceptan que puedan estar equivocados, por lo que no escuchan ninguna otra.

¿Cómo tratar con un sabelotodo?

Bueno, según la investigación que te he contado más arriba, ya sabemos entonces que, las personas que saben de todo, es que seguramente, no saben de nada. Pero, ¿cómo sería mejor tratar con esas personas que llegan a exasperarte?

Sin duda puedes escucharlas y no hacerles ni caso. Eso sería bastante práctico y cómodo para ti, quizás lo más práctico y cómodo. Pero hay algunas otras formas de tratarlas. Es lo que te cuento a continuación.

  • Sabiendo que existe el efecto Duning-Kruger y en qué consiste, te será más fácil comprender a un sabelotodo. Es decir, lo que esconde esa supuesta sabiduría, es seguramente una gran ignorancia. Así que en lugar de enfadarte, utiliza tu empatía.
  • Decide sobre qué temas quieres discutir con esa persona. Como te decía, es desesperante tratar con un sabelotodo, por lo que, en lugar de discutirle todo lo que te diga y terminar agotado, puedes darle las gracias por sus consejos y sus conocimientos, y a otra cosa… Ahora que, si te apetece discutir, que sepas que puede ser muy cansado y que quizás no ganes.
  • Pero claro, quedarse callado siempre, también es muy fastidioso. Por lo tanto, si alguna vez te apetece discutirle, hazlo sobre un tema del que tengas buenos argumentos y muchos datos. Sobre todo datos que le puedas demostrar, por escrito por ejemplo. De esta manera, es posible que te dé la razón, alguna vez por lo menos.
  • Dependiendo del día, del día que tengas tú quiero decir, también puedes divertirte un poco. Y no me refiero a usar el sarcasmo o la ironía, que con estas personas no es conveniente. Me refiero a expresiones como, “Ah sí? Pues eso no lo sabía…” O “no me digas… qué interesante…”. Eso podría divertirte, aunque es verdad que a la otra persona le hará sentir más sabio si cabe, y eso, a la larga, puede tener consecuencias nefastas para quienes le rodean.  
  • Por último, puedes también hacerle preguntas concretas sobre lo que está diciendo. Preguntas muy específicas que, si realmente no sabe del tema, no va a poder contestar. Aunque, hay quien directamente se inventa las respuestas. Con estas preguntas, podría ser, pero sólo podría ser, que la persona en cuestión, se diera cuenta por sí sola de que no sabe del tema tanto como cree.

Como ves, hay algunas formas, más o menos eficaces, de tratar con un sabelotodo que siempre tiene la razón. Tú eliges la que mejor te venga.

Rosa Armas 

Colegiada T-1670 

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