¿Qué difícil resulta muchas veces ejercer de padre verdad? Si eres padre, o madre, estarás de acuerdo conmigo.

Para cualquier profesión que elegimos, recibimos antes una formación, al menos teórica, de cómo desempeñar ese oficio. En la profesión de padre sin embargo, no existe esa formación y muchas veces, desearías que tu hijo hubiera venido con un libro de instrucciones.

Pero, como no es así, como no vienen con instrucciones algunas, tendrás que formarte por tu cuenta. Te propongo entonces, algunas cosas que podrías hacer con tu hijo, para que crezca siendo un niño feliz, y después, un adulto del que sentirte orgulloso.

Reglas básicas para educar a un niño

Reglas básicas para educar a un niño

Son, como verás, reglas de educación bastante básicas, que son fundamentales para educar a un niño adecuadamente. Pero no creas que debes empezar con ellas cuando tu hijo sea ya un adolescente, probablemente si haces eso llegues algo tarde. Cuanto antes empieces a usarlas, mucho mejor.

Sírvele de ejemplo

Los niños, desde muy pequeños tienen la tendencia de imitar a los adultos, y, los adultos que tiene más cerca son sus padres. Por lo tanto, no te desvivas explicándole cómo debe comportarse en algunas situaciones, será mucho más eficaz que pueda copiar tu conducta. Por ejemplo, cómo debe comportarse en la mesa a la hora de comer, que debe dar las gracias cuando alguien le hace un regalo o un cumplido, que debe saludar cuando llega a un sitio, o despedirse cuando se va, que decir tacos está feo, … Todas estas cosas, será más fácil que las haga, si ve que tú las haces. Porque, yo he visto a algunas madres, gritarle a su hijo que no grite. Eso desde luego, no es el mejor ejemplo. Si te diriges a tu hijo a gritos, él también gritará.

Establece límites

Es necesario que en casa, haya unas normas muy claras, unos límites que todos sepan que no se pueden traspasar. Debe haber una disciplina. Y cuando digo disciplina, no quiero decir autoritarismo, quiero decir normas que se deben cumplir.

Las normas que se establezcan en casa, deben ser muy claras, pero también deben ser para todos. Por ejemplo, después de comer hay que ayudar a recoger la mesa, o bien, después de jugar hay que recoger los juguetes.

Además de poner unas normas claras, debe estar claro también qué es lo que ocurrirá si no se cumplen esas normas.

Saber decir que NO

Un niño, siempre pedirá algo que quiere tener o que quiere hacer. En estos casos, piensa muy bien cuál será tu respuesta. Si consideras que debes darle un “no”, porque eres tú quien decide si es adecuado o no, tendrás que mantenerte en ese “no”. Está claro que el niño intentará conseguir lo que quiere, tal vez con una rabieta. Si ante esa rabieta, cedes a su petición, aprenderá, y muy rápido además, que le basta una pataleta para conseguir lo que quiera. Si por el contrario te mantienes en tu postura, aprenderá que un no es un no.

Y, qué hacer ante una rabieta? Pues… nada. Es decir, sigue con lo que estabas, ponte a hacer algo, vete a otra habitación, cualquier cosa menos prestarle demasiada atención. Si sigues con lo tuyo, se le pasará en breve.

Olvídate de esa idea de que, todo es negociable. En el caso de la educación de un niño, todo no puede ser negociable, habrá cosas que sí, pero otras que no se negociarán en absoluto.

La comunicación es fundamental

Habla con tu hijo, eso es fundamental. Pregúntale cómo le fue en el cole, pregúntale qué cosas le gustan más, pregúntale incluso qué opina de ciertas cosas, de acuerdo a su edad claro está. Al mismo tiempo, cuéntale tú también cosas tuyas, cosas que te hayan pasado durante el día, o lo que te preocupa, también de acuerdo a su edad.

Establecer el hábito de la comunicación con tu hijo, hace que consigas dos cosas importantes. Por una parte, que el niño se sienta atendido, escuchado y tenido en cuenta. Por la otra, es más probable que cuando sea un adolescente, siga teniendo ese hábito de comunicarse, y menos el de casi ni hablar con los padres, que es de lo que se quejan la mayoría de padres de adolescentes.

No le sobreprotejas ni se lo hagas todo

Sí, ya sé, los padres tienen mucho miedo a que sus hijos se hagan daño, por supuesto. Pero, tienes que diferenciar aquello que supone un peligro real para el niño, de lo que no lo es. Si no es peligroso, deja que experimente, deja que se equivoque, es la mejor manera de que aprenda. Tendrá que vivir sus propias experiencias y aprender de ellas.
Por otra parte, y es otra manera de sobreprotegerle, no se lo des todo hecho. Si se lo haces todo, no aprenderá a hacerlo él. Una buena frase para cuando debe hacer algo nuevo o que no domina demasiado bien sería, “ Inténtalo tú y si no te sale bien o no puedes yo te ayudo”.

Refuérzale lo que haga bien

Aquello que vaya aprendiendo a hacer como vestirse solo, por ejemplo, o logros que consiga como sacar buenas notas, se merecen un refuerzo. Pero no es necesario que le refuerces con regalos, basta con un beso, un abrazo, o un “muy bien!”. Además, anímale a seguir esforzándose para seguir mejorando en lo que quiera.

Siempre será más eficaz reforzar lo bueno que castigar lo malo. Sin embargo, algunas veces puede que su conducta requiera un castigo, o mejor dicho, alguna de sus conductas podrá tener unas consecuencias.

Castigar cuando es necesario

También aquí tendrás que pensar muy bien qué consecuencias le ofreces, si le amenazas con algo que después no cumples, aprenderá que lo que dices después no lo harás, y no tendrá ningún efecto.

Cuando un niño hace algo mal, dile qué es exactamente lo que ha hecho mal. Evita ponerle adjetivos generales, como “tonto”, o “malo”. Esos adjetivos tienen un efecto muy negativo en un niño, es mejor hablarle de la conducta concreta que ha hecho mal para que la corrija, que descalificarle de manera general por una acción concreta.

Todo esto, tendrías que adaptarlo un poco, en función de la edad que tenga el niño. Pero, son aspectos muy básicos que no debes pasar por alto.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.