Qué hacer después de un divorcio

superar un divorcio

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Ya todos sabemos que las rupturas de pareja y los divorcios son cada vez más frecuentes, tanto que es muy probable que tú seas una de las personas que se han divorciado recientemente, o no tan recientemente.

Sea como sea, lo cierto es que después de un divorcio se producen en nuestra vida una gran cantidad de cambios, que no siempre sabemos cómo afrontar.

Y además de esos cambios, para muchas personas se produce una sensación de “estar perdido”, de no saber muy bien cómo actuar con respecto a ellas mismas y a sus propias emociones; con respecto a su círculo social, con respecto a su ex, o con respecto a sus hijos si los hay. 

Y es que en esta circunstancia podemos hacer cosas que ayuden en nuestro proceso de adaptación a la situación nueva, o bien podemos hacer cosas que la entorpezcan; sobre todo si somos la persona a la que han dejado. 

Al fin y al cabo, la persona que toma la decisión de separarse lo hace cuando siente que se ha acabado el amor. Y se debe haber tomado su tiempo para pensarlo; para tomar la decisión y por lo tanto, para asumirla.

Cuando eres tú la persona a la que han dejado, está muy claro que la decisión está tomada; la ha tomado la otra parte y tú no puedes hacer nada con eso.

Pero sí que hay algo que puedes elegir tú… puedes elegir ponértelo lo más fácil que sea posible, o por el contrario, puedes hacer cosas que te hagan aún más daño; y que no te permitan superarlo y seguir con tu vida.

Qué hacer con respecto a ti ante un divorcio 

Vamos a empezar por ti mismo, que eres el más importante.  Sobre todo y como te decía, cuando eres tú ha quien han dejado aunque también vale para la otra parte. 

Primero que nada, es absolutamente necesario que vivas tu duelo. Es imprescindible darse permiso para sentir el dolor por esa pérdida, porque ese dolor, será lo que cure la herida.

En algunas ocasiones, el orgullo puede hacer que no se viva el duelo plenamente. Eso de “no voy a soltar ni una lágrima por ese… o por esa….”. Pues no, eso no es buena idea.

La única manera de superar un dolor es sentirlo; así que mejor lo vives de una vez. Porque cuanto antes lo vivas, antes lo podrás superar.

Seguro  que has oído hablar de cuáles son las diferentes fases del duelo. Podemos pasar por la fase de no aceptarlo o de negación, de ira, de tristeza y finalmente de aceptación. Y aunque no todos pasamos por todas las fases, ni tenemos por qué pasarlas en el mismo orden, sí que es necesario vivir ese duelo para poder curar la herida.

Y vivir el duelo significa darnos permiso para sentir y expresar todas las emociones que sentimos. Expresar la tristeza; porque es la forma de dejarla atrás. Expresar la rabia, porque la sentirás con toda seguridad. En definitiva, siente lo que estás sintiendo, porque esa será la forma de superarlo.

Procura no  dramatizar

Pero, hay algo que debes tener en cuenta, y es que, una cosa es vivir el duelo, darte el tiempo que sea necesario para que pase el dolor; dándote el permiso para sentir lo que sientes sin pelearte con ese sentimiento. Y otra cosa muy diferente es situarte en el drama.

Evita las expresiones del tipo, “es lo peor que me ha pasado nunca”, “no voy a poder salir adelante”, “qué va a ser ahora de mi vida”,. Sí, es cierto, se pasa muy mal; es un momento muy duro. Pero siempre, siempre se supera. Sólo tienes que darle el tiempo necesario.

Sabrás que lo has superado cuando seas capaz de recordar esa experiencia sin sentir dolor. Cuando seas capaz de agradecer esos momentos buenos que viviste con esa persona, que siempre los hay. Y cuando seas capaz de aceptar y asumir cuál fue tu responsabilidad en los momentos malos, que también los hay. 

Intenta no quedarte anclado en el rencor 

Hay algo que es muy importante que evites hacer, y es, mantenerte en el rencor hacia tu ex pareja. Odiar o sentir rencor hacia esa persona, sólo consigue hacerte daño a ti, por una parte, y por la otra, hace que mantengas el vínculo con esa persona. Mantener ese vínculo a través del odio, es casi más fuerte que a través del amor. Mientras le odies no podrás desligarte de esa persona, no podrás cerrar el ciclo, y no podrás rehacer tu vida con nadie, porque seguirás sin ser libre del todo. Sin lugar a dudas, lo más sano es dejar ir de tu vida a quien quiere marcharse de ella. 

 ¿Qué hacer con tu vida social?

Una vez que el dolor por la ruptura vaya bajando en su intensidad, sería bueno que empezaras a organizar un poco tu vida, sobre todo tu vida social. Puedes empezar a quedar con tus amigos; organizar alguna actividad con ellos, retomar actividades que hacías y que hace tiempo que no haces. O bien, plantearte hacer eso que siempre has querido y nunca pudiste hacer.

Rodéate de la gente que te quiere y con la que estás a gusto. Hacer todas estas cosas ayuda a continuar con tu vida; y evita que te quedes anclado o anclada en la mala experiencia vivida. 

Además de esto, tus amigos estarán ahí para apoyarte sin ninguna duda. Sin embargo, procura no usarles como pañuelo de lágrimas en todas las ocasiones. Al hacer esto, tú estarás centrado constantemente en ese malestar, y tus amigos pueden terminar un poco saturados. 

En cuanto a los amigos comunes con tu ex, no les presiones de ninguna manera, a que se posicionen de un lado o del otro. Ninguno de los amigos tiene la culpa de esa separación; así que, ninguno de ellos tiene por qué elegir de qué lado están.

Si haces eso, podrías sentir que tus amigos te abandonan y no es verdad. Tendrás que aceptar que podrán quedar contigo unas veces, pero que también quedarán con tu ex en otras ocasiones. Es lo normal. 

¿Qué hacer con respecto a tu ex pareja?

Para poder llevar lo mejor posible el proceso de adaptación a la nueva situación, hay algunas cosas que se recomienda hacer y otras que se recomienda evitar. 

Si por parte de tu ex pareja ha habido una decisión firme y tajante de romper la relación, no mendigues. No le supliques que no lo haga, no le pidas otra oportunidad. Y no es una cuestión de dignidad, para nada, es que cuando alguien ya no te quiere, por más oportunidades que le pidas…. No te quiere.

Si tiene ya la decisión tomada, no servirá de mucho rogar. Sólo conseguirás sentirte aún peor de lo que ya estás, y también el efecto contrario; es decir, que tu ex se reafirme aún más en esa decisión. Además de que se retrase por tu parte la aceptación de esa nueva situación.

No vigiles a tu ex 

Otra de las cosas que es mejor que no hagas, es vigilar a tu ex pareja a través de las redes sociales. Mejor le eliminas de todas ellas y así no tendrás la tentación.

Vigilar lo que pone o no pone en las redes, sólo va a conseguir que te enteres de cosas que puedan hacerte daño y eso,es mejor para ti que lo evites. 

Evita también ponerte a averiguar cosas de la vida actual de tu ex pareja a través de los amigos. Si sale o no sale, con quién sale, a qué sitios va; si tiene o no una nueva pareja, si lo está pasando igual de mal que tú o no, etc. Estas cosas ya no deben importarte; y pueden conseguir dañarte más.

No intentes darle celos 

De la misma manera, tampoco debes intentar darle celos con otra persona. No siente celos alguien que ya no siente amor; y créeme, tener una nueva relación, no es bueno para ti hasta que no hayas pasado la página anterior.

En estos casos, eso de, “la mancha de mora con otra verde se quita”, o aquello de “un clavo saca a otro clavo”, no funciona en absoluto.

Por último, no quedes con tu ex pareja como amigos. Es cierto que hay parejas que, al romper, siguen manteniendo una buena relación, pero no es lo más frecuente. Cuando esto ocurre, suele haber sido una ruptura de mutuo acuerdo y sin mayor problema. 

Si eso no ha sido así, para poder llegar a tener una amistad con tu ex, es necesario que pase un buen tiempo, ya que, si no lo dejas pasar, puedes retrasar la aceptación de las nuevas circunstancias, puedes retrasar la resolución del duelo y además, podrías seguir albergando la esperanza de una reconciliación. 

¿Cómo actuar cuando te divorcias y tienes hijos? 

En muchas ocasiones, los hijos sirven un poquito como excusa para no dar el paso de divorciarse. Pero claro, llega un momento en que ya ni ese motivo es válido, para mantener una relación que ya no va bien. Y, entonces, qué hacemos o qué no hacemos con respecto a los hijos? Qué es lo más adecuado para ellos? 

Ten en cuenta que, si haces bien las cosas y llevas a cabo un divorcio civilizado, los niños se adaptan a la nueva situación, aunque en un principio les cueste un poco, y no tienen por qué sufrir.

Los niños son mucho más flexibles que los adultos y se adaptarán a la nueva situación sin mayores problemas, pero insisto, en mano de los padres está el que los hijos no sufran, si el divorcio se gestiona con madurez y sensatez, es decir, sin llevarse por el despecho y la rabia, no tendría por qué afectarles. 

Explicar a los Hijos la intención de divorciarse

Dicho esto, vamos a empezar por el principio. Y el principio es, decírselo a los niños. En esta parte, hay varias cosas que debes tener en cuenta. Los niños son los primeros a los que debes decírselo, no a tus padres, ni a tus amigos, sino a tus hijos, pero no de cualquier manera.

No delegues en nadie para que sea otro quien se lo diga a tus hijos, tienen que ser los padres quienes les den la noticia. Para eso, ponte de acuerdo con el otro progenitor en qué es lo que váis a decirle. No vale eso de “tu madre se quiere separar”, ni eso de “tu padre nos quiere dejar”. Eso suena muy feo.  

Si es eso lo que dices, le estás echando la culpa al otro; y ésta es una decisión que tenéis que haber tomado los dos juntos, y así es como debéis transmitírselo a los niños. Hablando de manera conjunta y diciendo “tenemos algo que decirte”.

Cómo explicarles en función de la edad 

Si el niño tiene menos de ocho años, la explicación a darle puede ser algo así como, “mamá y papá han tenido unos problemas que no han podido resolver y ya no van a estar juntos”. Con una explicación parecida a esta es suficiente para un niño pequeño. Si es mayor de ocho años, es muy probable que el niño haga alguna pregunta, en este caso lo mejor es responderla.

Hay una pregunta muy frecuente que es “entonces es que ya no se quieren?”. Ante esta pregunta, déjale muy claro a tu hijo que os tenéis mucho cariño pero que ya no hay el mismo amor de antes, el que es necesario para seguir viviendo juntos. 

Las reacciones de los niños

Ante la noticia de un divorcio, los niños suelen tener con frecuencia dos reacciones. Una de ellas es sentirse culpable de esa separación, así que, lo mejor es decirle que es un problema entre los papás y que él no tiene absolutamente ninguna culpa ni nada que ver en ello.

La otra reacción suele ser sentirse responsable de que vuelvan a unirse. De hecho, algunos niños llegan a enfermar para volver a ver juntos a sus padres. Por tanto, otra cosa a decirle es que no van a volver a estar juntos e insistir en que él no tiene ni culpa ni nada que ver con los problemas entre los padres. 

La custodia de los hijos

Si entre los dos habéis decidido quién se queda con la custodia de los niños, estupendo. Si no es así ¡por favor! no le preguntes al niño con quién quiere quedarse. Le estás dando a elegir entre dos personas a las que el niño quiere, no le hagas eso.

Si ya para un juez es difícil tomar esa decisión, imagínate lo que puede ser para tu hijo. No le hagas chantaje ni le intentes comprar con frases como, “si te vas con tu padre ya no tendrás…”, “si decides quedarte conmigo te compraré…” 

Una vez en el proceso de divorcio, los niños no deben tener ninguna duda de que sus dos padres le quieren, que eso no va a cambiar nunca y que siempre tendrá a papá y a mamá.

Nunca utilices a tus hijos

No utilices a tu hijo para vengarte de tu ex pareja ¿Suena muy duro, verdad? Pues esto se hace con mucha frecuencia. 

Si quieres a tu hijo, y entiendo que si, no le hables mal de su padre ni de su madre. Porque le estás hablando mal de alguien a quien quiere mucho. Y no hablarle mal significa no hablar mal de lo que hace, ni de lo que dice, ni de cómo te trató o te dejó de tratar.

Ten en cuenta que el rencor, si lo tienes, te puede llevar a esto, a hablar mal de tu ex; pero para ti es tu ex, para tu hijo es su padre o su madre.

Si necesitas desahogarte busca a un amigo, o a un profesional, pero no uses a tu hijo para esto. Si lo haces, el niño puede llegar a sentir rencor por su otro progenitor, pero también podría sentirlo hacia ti, porque escuchar críticas de alguien a quien quiere es doloroso. Pero además puedes crearle un conflicto sobre a cuál de los dos padres tiene que querer más, o a cuál tiene que creer más.

No le utilices para llevar recado al otro 

“Dile a tu padre que….”, “ah y por cierto, le dices a tu madre que….”, No hagas eso. Si tienes algo que decirle a tu ex pareja, se lo dices tú, o lo haces a través de un abogado si es que la comunicación fuera inexistente. No a través del niño, no les conviertas en los mensajeros oficiales. 

Tras el divorcio, tu función en cuanto a tus hijos es la de madre o la de padre, sólo eso. Tus peleas y tus problemas con tu ex, los resuelves tú, de una manera adulta si fuera posible. No tienes por qué llevarte bien con tu ex; pero habrá cosas sobre los niños que tendréis que hablar, así que es mejor que dejes el orgullo a un lado y cumplas con tu responsabilidad de padre o madre.

Toda pareja que decide poner fin a su relación, tendría que tener muy claro qué los problemas, si es que los hay, los tiene con su ex. De quien se va a divorciar es de su ex. Y si hay conflictos a resolver tras el divorcio, los tendrá con su ex.

Por lo tanto, tendrían que tener muy claro que los niños se deben quedar al margen de todo eso, porque ya bastante tienen. 

Como te decía al principio, lo normal es que tras un divorcio queden en ti sentimientos de rabia, frustración, rencor. Pero recuerda que tu hijo no es el responsable de todo eso, así que no le hagas daño poniéndole en medio de los dos.

No le hables mal de la familia de tu ex

Del mismo modo, no debes hablar mal de la familia de tu ex delante de tu hijo. También es su familia, sus tíos y sus abuelos. Independientemente de cómo haya sido tu trato con ellos, el niño debe quedar al margen de todo eso.

No le crees odios o rencores que no tienen nada que ver con él, si tiene que tener alguno de estos sentimientos, que sea por sus propias vivencias y no por las tuyas.

De la misma forma, si tu ex tiene ya una nueva pareja no le hables mal de ella al niño; por la misma razón que antes. Todos sabemos que fastidia y mucho que tu ex haya rehecho su vida, e incluso puede ser que el niño no lo vea con buenos ojos, porque tenga la esperanza de que sus padres vuelvan a estar juntos. Pero no le va a quedar otra que aceptar la situación, por lo tanto, no se lo pongas más difícil, hablando mal de esa persona. Que sus sentimientos surjan por lo que él viva y no se vean condicionados por tu despecho.

Recuerda que tú eres el adulto, si necesitas ayuda profesional recurre a ella; pero no hagas sufrir a tus hijos sólo porque tú sientas rabia o frustración. 

Evita interrogar al niño cuando llega de estar con su padre o su madre

Aunque digas y repitas que no quieres saber nada de tu ex, por lo menos en algunos casos, no es del todo verdad. Muchos padres hacen auténticos interrogatorios a su hijo cuando vienen de estar con su otro progenitor. Quieren saber dónde estuvo, con quién, qué es lo que hizo, pero sobre todo si se lo ha pasado bien.

Muchas veces la rabia de pensar si el niño se lo pasa mejor con el otro que con nosotros, hace que hagamos un auténtico interrogatorio policial, en el que el niño se va a sentir muy presionado. Lo mejor es que le dejes la libertad para que te cuente lo que quiera, porque es un niño no un espía, y le pones en una situación muy incómoda.

Los asuntos de dinero no son para hablarlos con tu hijo

Si alguno no paga la pensión que le corresponde, si otro no paga el gasto que le toca pagar, lo que hay que hacer es tomar las medidas legales que se correspondan, pero en ningún caso hablarlo con el niño.

Tu hijo no tiene la solución, no lo va a arreglar, así que no trates con él ese tema porque no es cosa suya, es un tema de adultos y no de niños.

No critiques la forma de educar del otro

Sí que es cierto que, los dos progenitores deben estar de acuerdo en los aspectos básicos de la educación del niño, tanto si están separados como si están juntos, pero debes entender que en cada casa hay unos hábitos y costumbres.

Cada uno tendrá una manera de gestionar las diferentes situaciones, y eso debes respetarlo. Todos hacemos cosas bien y cosas menos bien, criticarlo sólo consigue poner al niño otra vez, en conflicto.

No creas que tu hijo es solo tuyo

Es posible que pienses que como tú nadie más va a cuidar de tu hijo, eso lo piensan la mayoría de madres o padres, sobre todo las madres. Pero no olvides que también tiene una madre, o un padre, y los necesita a los dos. Es su derecho y no puedes, ni debes, quitárselo.

No le llames veinte veces cuando tu hijo está con el otro progenitor 

En los días en que el niño está con su padre, o su madre, déjale que disfrute de ese tiempo con él o ella con tranquilidad. Con llamarle una o dos veces al día, es suficiente. No es necesario estar todo el día al teléfono para asegurarte de que está todo bien. Lo que harás con eso, será agobiar, al niño y al progenitor con el que esté. 

Como ves, son muchos los aspectos a tener en cuenta cuando hay niños. Sin embargo, si los tienes en cuenta, ese divorcio será un poco más fácil para todos. 

El divorcio a los cincuenta 

Pero claro, todas las recomendaciones anteriores, te servirán si tienes hijos pequeños. Puede ser que no los tengas, o también que te divorcies a una edad en que ya tus hijos son independientes, por ejemplo,  alrededor de los cincuenta.

Porque aquello de “hasta que la muerte nos separe”, se puede truncar a cualquier edad. De hecho, las estadísticas nos indican que es sobre la mediana edad, cuando el número de divorcios está aumentando. 

Parejas que llevaban décadas de convivencia, con una familia estable, con hijos ya mayores y con un buen desarrollo en sus profesiones; toman la decisión de romper con su relación y seguir su vida por caminos diferentes. Porque, simplemente, el amor se ha terminado.

Esta decisión, aunque cada vez menos, suele ser muy impactante para el entorno de la pareja. Que no entiende muy bien cómo después de tantos años; y de tantas cosas vividas, buenas y malas, esa pareja tome la decisión de separarse. 

Cómo gestionar el divorcio a mediana edad

En realidad, un divorcio es muy difícil de gestionar, tanto si llevabas casado cinco años, como si llevabas veinticuatro. Pero, hay algunos aspectos que son diferentes en un caso y en el otro; porque, sin lugar a dudas, no vemos las cosas de la misma forma a los veinticinco que a los casi cincuenta.

Una ruptura, siempre va a ser muy dolorosa, es lo normal. Pero, si se produce tras muchos años de convivencia, quizá tendremos que darnos algo más de tiempo para construir nuevas rutinas y una nueva forma de vida que hasta ahora, se había hecho con una persona que ya no está a nuestro lado.

Y ésta, es una de las diferencias; si estuviste casado poco tiempo, siempre será más fácil acostumbrarte de nuevo a estar sin pareja, que si estuviste media vida con la misma persona.

El miedo a que la vida se ha terminado

Por otra parte, una de las ideas que suele abordar y aterrorizar a las personas de mediana edad que se divorcian, es la de que su vida ya se ha terminado, y la de que se quedarán solos. Sobre todo, en los primeros meses después de la separación, que son los más difíciles en todos los casos.

Desde luego, sobra decir que esto no es así en absoluto, o al menos, que no tiene por qué serlo, es solo que, una etapa se ha terminado, y ahora habrá que empezar con una nueva, solo eso, que no es poco. Y esa etapa que comienza, puede ser parecida a la anterior, pero, quién sabe,  también puede ser mejor.

Con esta idea de una nueva etapa en mente, debes darte el tiempo que necesites para vivir tu duelo. Es necesario, no hay otra opción.

Bueno… si, hay otra opción que es hacer como si nada hubiera pasado y seguir con tu vida tan contento, o contenta. Pero ya te digo yo que no es lo mejor, si lo haces así, el duelo aparecerá tarde o temprano. Y es mejor vivirlo cuando toca; porque será más leve que si lo haces con retraso.

Mantente en actividad

Este consejo sirve para todos. Después de esas semanas (aunque más bien serán mese) en los que no lo pasarás nada bien, recupera tu actividad.

Sí, ya sé que es el consejo que damos siempre, pero lo damos porque es de las mejores opciones, y si no, pruébalo. Hacer las cosas que te gustan, las que siempre te han interesado; ver a tus amigos y a tu familia, es decir, no quedarte en casa aislado del resto del mundo. Te servirá para mejorar tu estado de ánimo; pero también para seguir con tu vida y no detenerla.

Pero quizás no sea solo el momento de hacer las cosas de siempre; tal vez sea momento también para proponerte retos nuevos. Hacer esas cosas que, por tus circunstancias anteriores, no podías hacer y ahora sí.

O también para relacionarte con otras personas, fuera de tu círculo habitual, que puedan aportarte cosas diferentes. De esta forma, tendrás la sensación de una vida nueva; no solo porque ya no estás con la persona con la que estuviste siempre; sino porque te has encargado de que realmente sea una vida nueva.

La experiencia es una gran ventaja

Otra de las cosas que ocurren cuando el divorcio se produce cerca de los cincuenta, y que en realidad es una ventaja, es que a esa edad, tú ya tendrás muchas cosas vividas; tendrás tus aciertos y tus errores y tendrás más experiencia.

Lo que quiero decir con esto es que, si pasado tu duelo y ya con el ánimo estabilizado, surge la oportunidad de una nueva relación, tendrás todo mucho más claro que antes.

Que es lo que quieres y aquello que no. Lo que te gusta y lo que te disgusta. Lo que quieres soportar, y lo que no soportarás de ninguna de las maneras; en relación a la pareja claro.

Con lo que ante ciertas situaciones, es más probable que puedas resolverlas mucho antes, con mayor madurez y facilidad que si te pilla a los veinte y pocos.

Podría ocurrir que esa experiencia te llevara a decidir que no quieres tener ninguna pareja. Esta es una decisión tan buena como cualquier otra.

Lo cierto es que se puede ser feliz con pareja o sin ella; porque nunca vendrá nadie de fuera a traerte la felicidad. En todo caso, vendría a compartir la que ya tú tienes.

¿Y los hijos?

Claro que, en algunas ocasiones y teniendo ya cierta edad, los hijos, ya algo mayores, no ven con buenos ojos el que su madre o su padre tenga una nueva relación. Esto ya no es tan frecuente, pero podría pasar.

Si este fuera tu caso, piensa que, tu vida es únicamente tuya y eres tú quien único puede decidir en ella. Tus hijos tendrán que tomar decisiones en la suya, pero nunca en la tuya. Así que llegado ese caso, sería bueno tener una conversación con tus hijos; para aclarar puntos que pudieran crear conflictos. 

Hasta aquí, te he hablado de todas las posibles opciones en cuanto al divorcio. Sin embargo, aún me queda algo por contarte, que es algo que ocurre también con frecuencia, y es esto…. 

Quiero divorciarme pero no quiero hacerle daño 

Quiero divorciarme pero me da mucha pena”, “quiero separarme pero me siento culpable”, o “quisiera divorciarme, pero no quiero hacerle daño”. 

Estas son frases que repite mucha gente, algunas veces son sinceras, pero muchas otras, son excusas que nos ponemos  a nosotros mismos para no enfrentarnos a una situación que, sabemos que no va bien y que tenemos que solucionar. y es que, es cierto que, no es una decisión nada fácil de tomar. 

Efectivamente no es nada fácil tomar esta decisión. Antes de hacerlo, es necesario estar totalmente seguro de que es eso lo que se quiere hacer. Es cierto que algunas parejas con muchos problemas, se acostumbran a vivir en el conflicto constante; pensando que es sólo una crisis más. Y ni siquiera se plantean separarse. Sin embargo, hay algunos indicadores que nos aconsejan lo contrario.

¿Qué debemos valorar antes de tomar la decisión de divorciarnos?

Algunos aspectos que debemos valorar antes de tomar una decisión son los siguientes:

Lo primero de todo, es hacer un ejercicio de sinceridad con nosotros mismos. El ejercicio consiste en reconocer y aceptar cuáles son nuestros sentimientos hacia la otra persona.

¿Sigue siendo amor, o es sólo cariño? Desde luego que, los años compartidos, los buenos momentos, los recuerdos y los hijos en común, han tenido que dejar cariño. Pero, lo interesante es saber si sigue habiendo amor. Y si no lo hay, tú lo sabes. No hace falta que nadie te lo diga; lo sabes muy bien.

Si no hay ya amor, es motivo suficiente para separarse. Pero, hay otros factores. 

Cuando hay problemas en una pareja, lo adecuado es buscar soluciones, y buscarlas entre los dos. Si ya las has buscado, las has llevado a cabo, y la situación no ha cambiado en nada, es otro indicador de que esa relación es mejor que termine.

¿Hay discusiones o faltas de respeto en la relación?

Si llega un momento en que, lo que predomina en la relación son discusiones; que terminan la mayoría de las veces en faltas de respeto, tienes otro motivo para ir planteándote la posibilidad de un divorcio.

Pero no sólo las discusiones y las faltas de respeto son un motivo. El exceso de rutina, el aburrimiento cuando estás con esa persona, o la indiferencia, también lo son.

Por supuesto, no hace falta decirlo; si en la pareja existe maltrato, ya sea físico o psicológico, la decisión de separarse de esa persona, tendría que ser inmediata. Recuerda que, el exceso de control, los celos y los sentimientos de posesión hacia la otra persona, también forman parte del maltrato. Si no se hace y se deja pasar el tiempo, termina siendo devastador para todos los miembros de la familia.

Todo estos son signos de que una relación de pareja no va nada bien; y que es mejor romperla. En realidad es hablar por hablar; porque cuando alguien se plantea separarse, ya ha valorado todo esto. Y tiene claro que debe hacerlo, otra cosa es que se decida a dar el paso.

«No quiero hacerle daño«

Pero… volvamos al principio, que es de lo que trata esta última parte del artículo. Volvamos a ese, “no quiero hacerle daño” y al “me siento culpable”.

Dos expresiones en las que realmente se está diciendo lo mismo; porque, cuando supones que alguien va a sufrir por una decisión tuya, se supone que ese alguien es víctima de esa decisión. Y cuando hay una víctima, inmediatamente aparece un verdugo; o lo que es lo mismo, un culpable.

Por lo tanto, es bastante normal el sentimiento de culpa. Sin embargo, si estás en esa situación, quiero recordarte algo. Tú siempre serás responsable de tus decisiones y de tus actos; pero no eres en absoluto responsable de lo que sientan otras personas acerca de tus decisiones.

De solucionar esa parte, se tendrán que encargar esas otras personas. Tú sólo debes ser honesto/a contigo mismo/a, y hacer lo que consideres mejor para ti.

¿Qué pasa si decides no hacerlo, por lástima o por culpa?

Pues para empezar, estarás pensando antes en lo que quiere la otra persona; o en lo que tú crees que quiere la otra persona, antes que en lo que realmente quieres tú. Y esto significa que la autoestima no está demasiado bien.

Pasa también que te estás faltando al respeto a ti mismo/a; cuando no te escuchas y haces caso omiso de tus deseos y de lo que necesitas para ser feliz.

Ocurre que, no sólo serás infeliz tú; sino que además harás infeliz a la otra persona. Porque, aunque puede que esa persona no conozca cuál es tu deseo, el deseo lo tienes; y no podrás darle lo que necesita para que sea feliz.

Además, pasa también que te negarás la posibilidad de encontrar la felicidad en otra parte. Y al mismo tiempo, se la negarás de igual manera a la otra persona.

Como te dije antes, todos sabemos que, llegar a tomar esa decisión no es nada fácil. Pero, valorando todo lo anterior, puede que el precio que tengas que pagar, para evitar la culpa y la pena, sea demasiado caro.

Rosa Armas 

Colegiada T-1670

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