Qué es la rigidez psicológica

rigidez psicológica

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En alguna ocasión te he dicho que la vida es un continuo cambio, que nosotros  mismos cambiamos constantemente. Cambiamos de ideas, de creencias, de metas y objetivos, en definitiva, de maneras de pensar y actuar. 

Tanto es así, que en algunos momentos podemos descubrirnos a nosotros mismos, haciendo o pensando algo que nunca habríamos imaginado hacer o decir. 

Pero claro, esto no le ocurre absolutamente a todo el mundo. Hay quien se mantiene, tal vez de una forma rígida, en aquello que pensaba o hacía hace mucho tiempo, sin aceptar otras opciones…aún cuando eso no le sirva para adaptarse a las circunstancias que le rodean.

Por esa razón, estoy segura de que en algún momento has dicho de una persona que es un poco “cerrado de mente”. O tal vez sea a ti a quien se lo han dicho alguna que otra vez. 

Seguro que no hace ninguna falta explicarlo, pero esta expresión tan popular hace referencia precisamente a esas personas de las que te hablo; a esas que no aceptan otro punto de vista más que el suyo, y que además, intentan convencerte de que ese es el correcto y no hay más. Esas personas que, no admiten ninguna otra idea, o modo de actuar, que no coincida con la suya y que se encierran en su propio esquema mental.

Este término, que todos habremos utilizado alguna vez, es lo que en psicología se llama rigidez psicológica o rigidez mental, y es de lo que quiero hablarte en esta ocasión. 

Qué es la rigidez psicológica

La rigidez psicológica es un patrón cognitivo, que hace que una persona sólo vea una opción  para cada situación, de forma tan estable que es incapaz de cambiarla. 

La rigidez psicológica se refleja en aquellas personas que tienen un esquema cognitivo y conductual inamovible. Son esas personas que no admiten puntos de vista diferentes a los suyos, ni en maneras de pensar ni en formas de actuar. 

Además y como es lógico, se resisten a cualquier cambio. 

Las personas con rigidez psicológica, creen que sólo hay una manera de hacer las cosas, sólo una forma de resolver los problemas, sólo unas ideas o creencias que son las correctas, y son las que ellas tienen. Y lo peor no es eso, lo peor es que no admiten ninguna otra opción que se les pueda dar.

Pero además, ese patrón no sólo lo cumplen las personas con esa rigidez, sino que esperan que los demás también lo hagan. Y, cuando no lo hacen, les crea malestar y mal humor. 

Desean tener la razón a toda costa y nunca admiten que puedan estar equivocados. Sin embargo, equivocarnos es la mayor fuente de aprendizaje que podamos tener. 

Estas personas no llegan a comprender que la flexibilidad mental les aportaría más bienestar, les daría más opciones a la hora de enfrentarse a las dificultades que se encuentren, e incluso les ayudaría a tener relaciones sociales más sanas. 

Es verdad que todos podemos tener esa rigidez mental en algunos momentos, y podemos tener la creencia de que nuestra forma de actuar en algunas situaciones (o de pensar en otras) es la correcta y la única válida. 

Claro que, el problema no es que lo seamos en algunas situaciones, el problema es que esa rigidez la tengamos siempre en todos los momentos y en todas las situaciones. 

Qué consecuencias puede tener la rigidez psicológica

Como decía Joaquín Sabina en una de sus canciones “la vida no es un bloc cuadriculado, sino una golondrina en movimiento”. Y como esto es bastante acertado, y como te decía, la vida cambia constantemente, tener un exceso de rigidez mental tiene algunas consecuencias. 

  • No nos permite disfrutar del presente.  Pues no, si tenemos una mente rígida, nos vamos a centrar exclusivamente en los planes que teníamos, sin ser capaces de disfrutar de los imprevistos que puedan surgir.
  • No podremos apreciar las posibles oportunidades que algunas veces surgen en esos imprevistos, pero tampoco vamos a soportar los cambios repentinos, ni todo lo que nos resulte desconocido. Ya lo dijo una vez John Lennon “la vida es lo que te pasa mientras tú te empeñas en hacer otros planes”. Y eso es lo que le pasa a una mente rígida, que se empeña en hacer otros planes, los que tenía previsto hacer.
  • No te permite abrirte a otras perspectivas o a nuevas ideas, reduce tu capacidad de adaptación, con lo que no te dejará crecer como persona, ni avanzar. Además te dejará encerrado en tu zona de confort, porque te dará miedo salir de ella. 
  • La rigidez mental no te permite ser tolerante, pero además, te obligará a tenerlo todo bajo control, o al menos a intentarlo, y eso es agotador, porque es totalmente imposible que puedas controlarlo todo. 

Como te decía, alguien con rigidez psicológica, no gestiona demasiado bien los imprevistos,  y por supuesto, tampoco lleva nada bien la incertidumbre. De hecho necesita resolverla cuanto antes, que es lo que se denomina cierre cognitivo.

Es verdad que a todos nos cuesta un poco gestionar la incertidumbre, pero la mentalidad rígida lo lleva verdaderamente mal  y claro, es complicado eliminar del todo la incertidumbre; porque siempre habrá cosas que no podamos controlar, que no dependan de nosotros, ni que podamos conocer de antemano. 

Cómo reducir la rigidez mental

Vistas las consecuencias que puede tener ser rígidos psicológicamente, si te identificas con esa personalidad rígida, tal vez sería buena idea intentar reducir esa rigidez. Y como casi todo, se puede entrenar y conseguir. Para ello hay algunas cosas que pueden servirte.  

Analiza bien tus pensamientos 

Analíza algunas de tus ideas o conductas, pero hazlo con toda la objetividad que puedas. Piensa por qué tienes esas ideas y, si estás totalmente de acuerdo con ellas. Porque, podría ser que simplemente las has adoptado, sin valorar bien si te son útiles o prácticas, o si realmente estás de acuerdo con ellas. 

Trabaja tu empatía

Cuando no estés de acuerdo con algo, con algunas ideas o actitudes de otra persona, intenta ponerte en su lugar en vez de rechazarlas inmediatamente. Sólo con haber intentado comprenderlo, ya habrás avanzado algo. 

Atiende a la emoción

Atender a tus emociones más que a lo que piensas, puede ayudarte a aumentar la flexibilidad mental. Porque, en ocasiones, puede haber ideas que te emocionen, pero que tu rigidez mental no te permita seguirla. Si tu emoción es la del miedo, tal vez sea tu resistencia a lo nuevo lo que lo esté provocando. En ese caso, sería bueno probar con el cambio y comprobar qué ocurre. 

También te puede venir bien, pensar que la verdad absoluta no existe. Y, como no existe, no la puedes tener tú. Tú puedes tener una verdad válida para ti, pero tal vez otras personas tengan verdades que también te sean válidas. Y es que, cambiar de idea o de opinión, no es malo, puede ser incluso beneficioso y enriquecedor. 

  Cuando sientas miedo a una posible equivocación, piensa que, a veces se gana y otras veces se aprende. Que es justo lo que conseguimos al equivocarnos, aprender. 

Rosa Armas

Colegiada T-1670. 

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