Una persona que siempre se hace cargo de resolverle los problemas a la gente que le rodea, podría parecer muy servicial y generosa a ojos de los demás. Pero, quizás se trate de un síndrome del salvador; una manera poco sana de relacionarse con el entorno.

Es verdad que ayudar a las personas cercanas que lo necesiten, es lo normal y lo más frecuente. El problema se presenta cuando esa ayuda entre personas adultas, no es equilibrada; es decir, cuando uno es el que da la ayuda siempre, y el otro es el que siempre es ayudado.

Si constantemente asumes como tuyos los problemas de la gente que te rodea, ya sea tu pareja, tu hijo o cualquier otra persona, podría ser que tuvieras este síndrome.

síndrome del salvador

Para explicarme algo mejor, si eres de esas madres que, está absolutamente pendiente de las citas médicas de su hijo, si le plancha la ropa porque a él se le da mal la plancha, o si le hace la comida a diario porque si no es que come muy mal, a pesar de que el niño tiene ya cuarenta años y hace más de quince que se fue de casa.

O, tal vez eres de esos hijos que no permite a sus padres hacer nada solos, a pesar de que pueden hacerlo perfectamente. O quizás, eres la persona que se encarga de todo lo que ha de hacer su pareja, salvo ir a trabajar, que eso lo hace ella sola; tal vez es que tienes el síndrome del salvador.

¿Qué es el síndrome del salvador?

Este síndrome, lo padecen las personas que, de manera constante, y por supuesto voluntaria, asumen y solucionan los problemas de otras personas.

Se puede dar en cualquier tipo de relación, de una persona hacia su pareja, de una madre o padre hacia su hijo, e incluso de hijos a padres que son ya mayores. En todas ellas funciona de la misma manera; la persona que tiene el síndrome, no deja que la otra resuelva sus problemas, sino que se encarga ella de resolverlos.

Esta manera de funcionar, hace que se sientan imprescindibles, dando así sentido a su vida. Cuando no les es posible actuar de esa forma, se pueden sentir frustrados, e incluso poco valorados por los demás.
La particularidad de este síndrome, es que para que se dé en una persona, ha de haber otra que esté dispuesta a ser salvada por la anterior.

La necesidad de control

Son personas excesivamente controladoras. Para sentirse bien, las personas con el síndrome del salvador, necesitan que todo a su alrededor esté controlado, tanto las situaciones como las personas. Y consideran que quien mejor lo controla son ellos mismos.

No se fían de la capacidad que tengan otros para resolver sus problemas, con lo que prefieren encargarse ellos mismos. Al mismo tiempo y con esto, controlan a las personas, asegurándose de que no les van a abandonar, puesto que han creado en ellas la necesidad de esa protección.

Con esa actitud de ser el salvador de la otra persona, siente que está por encima de ella. Pero claro, la otra persona puede sentir que está por debajo, y eso le crea malestar.

Qué consecuencias puede tener esta forma de actuar

En principio, la consecuencia fundamental es que la persona que ejerce de salvador, se olvida de su propia vida y de sus necesidades, para atender las de la otra persona.

Y digo en principio: porque si por el motivo que sea, la otra persona decide prescindir de la ayuda de quien hasta entonces ha sido su salvador, éste se sentirá frustrado, poco valorado; e incluso dejará de encontrar sentido a su vida.

Para la persona que ejerce de “salvada”, las consecuencias son algo menos, pero también las tiene. Y es que no podrá desarrollarse adecuadamente como persona. Se le hace más difícil el desarrollo de habilidades que le permitan resolver sus problemas, y como consecuencia, tendrá muy baja autoconfianza.

¿Cómo dejar de comportarte como un salvador?

Si te has identificado con algo de lo que has leído aquí, e incluso con mucho de ello, o lo que es lo mismo, te pareces a alguno de esos ejemplos que te he puesto al principio, quizás tendrías que hacer algo para solucionarlo. Porque, esa conducta no es sana para ti y, para la otra persona tampoco.

Esta conducta de hacerse cargo de los problemas ajenos, es algo que se hace de manera inconsciente. Para poder cambiarla, es importante darte cuenta de que lo haces, y de que, no te beneficia, ni a ti ni a la otra persona.

Tienes que saber que, una de las cosas que hay detrás de ese comportamiento, es un intento de controlar al otro y, ¿no crees que sería más cómodo para ti dejar que su vida la controle esa persona por sí misma?

No vas a poder controlarlo todo por más que quieras, será mucho mejor que controles únicamente lo que tiene que ver contigo.

Confía en los demás

Otra de las cosas que esconde esa conducta, es la poca confianza en la otra persona. La idea de que no hará las cosas de la misma forma que las haces tú. Lo cierto es que eso puede que sea así, pero, que no haga las cosas igual que tú, no quiere decir que estén mal hechas, sólo quiere decir que las hace de otra forma. Por lo tanto, es mejor que aceptes su forma de funcionar, con sus aciertos y sus errores.

En lugar de encargarte tú de hacerlo todo, mejor le dices que si necesita ayuda, te la pida.

Por otra parte, el tiempo que hasta ahora, has invertido en solucionarle la vida a los demás, podrías empezar a dedicártelo a ti. Si lo piensas con tranquilidad, es seguro que tienes en tu vida, muchas cosas a las que puedes dedicarle tu tiempo. Muchos deseos por cumplir, o muchas cosas que solucionar, por ejemplo.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.