El proceso de duelo

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El duelo es un proceso por el que necesariamente pasamos todos, cuando se ha producido una pérdida que es importante para nosotros. Y cuando digo pérdida, me refiero tanto a la pérdida de una pareja, porque hemos roto con ella, o, a la pérdida de un trabajo porque nos han despedido, por ejemplo.

Sin embargo, una de las más dolorosas y de la que te quiero hablar hoy, es de la pérdida de un ser querido porque ha fallecido. Una vivencia dolorosa donde las haya, la del fallecimiento de una persona a la que queremos. Un mal trago por el que hemos pasado o pasaremos todos sin duda alguna vez. Y en el mismo momento en que se produce ese fallecimiento, empezamos a elaborar nuestro proceso de duelo.

Podríamos decir que el proceso de duelo es el mecanismo psicológico por el cual nos adaptamos a la nueva situación, a esa situación en la que esa persona ya no está con nosotros. En este proceso van a aparecer muchas emociones, como por supuesto la tristeza; pero también otras como el miedo, la rabia o la culpa. Todas esas emociones son absolutamente normales en un proceso de duelo, siempre y cuando no se alarguen excesivamente en el tiempo.

Se han descrito varias etapas por las que pasa una persona que vive su proceso de duelo, aunque no necesariamente tienen que aparecer en el mismo orden en el que se han descrito. E incluso a veces, una vez superada una o más de las etapas, se puede volver a alguna de ellas pasado un tiempo…hasta que finalmente se llega a la aceptación de esa pérdida.

Etapas de un proceso de duelo

Las etapas más habituales del duelo son:

  • La etapa de negación: cuando una persona se entera de la muerte de un ser querido, es frecuente que la primera reacción sea la de un rechazo consciente o inconsciente, sobre todo cuando es una muerte repentina. Es algo así como “esto no me puede estar pasando”. Esta negación de lo que ocurre, es un mecanismo de defensa para suavizar el dolor que produce una noticia como esta. Es como si esta etapa le diera a nuestra mente algo más de tiempo; para hacerse a la idea y adaptarse a la nueva situación.
  • La etapa de rabia: cuando ya la realidad y lo que ha ocurrido se impone y no puede negarse por lo evidente que es, se pasa a una fase en la que la emoción que predomina es la de la rabia. La persona siente rabia hacia sí misma, hacia el entorno, hacia el mundo en general, e incluso en ocasiones, hacia la persona que se ha ido; lo que da lugar a sentimiento de culpa. Por supuesto es dolor lo que esconde esa ira. Se busca una explicación a lo que ha ocurrido, que no suele encontrarse. Es conveniente expresar esa rabia, porque forma parte del proceso de la recuperación.
  • La etapa de tristeza o depresión: en este momento, se produce la aceptación de la realidad; y por tanto surge la emoción de la tristeza y la añoranza de la persona que se ha ido. Cuesta trabajo seguir con la vida cotidiana, la tristeza no nos deja comer, ni dormir, ni funcionar en prácticamente nada; y es habitual que la persona elija aislarse socialmente. Se suele pensar que ese sentimiento de tristeza será ya para siempre, aunque eso por supuesto no es verdad. Esto también forma parte del proceso normal; así que lo mejor es tomarlo con paciencia sabiendo que no, no será para siempre.
  • La aceptación: finalmente y pasado un tiempo y muchas emociones, se acepta esa pérdida. Pero, aceptarla no quiere decir olvidar a esa persona, en absoluto. Aceptarlo significa aprender a vivir con esa ausencia; eso sí, con un dolor menos intenso que el que se siente durante el proceso del duelo. 

Es posible que encuentres estas etapas o alguna más con otra denominación; se las ha llamado de diferentes maneras.  Lo que no se ha establecido es un tiempo concreto para superar cada una de las etapas, ni tampoco para superar el proceso por completo. 

Eso va a depender de muchos factores: como por ejemplo el motivo de la muerte o el vínculo que se tenía con esa persona, entre otros.

Hay que pasarlo, con tranquilidad. Hay que vivirlo porque es lo normal; sin embargo, si la tristeza intensa se alarga demasiado en el tiempo, sería conveniente consultar con un profesional. Porque podría haber pasado de un proceso normal, a un duelo patológico.

Sin lugar a dudas, el tiempo que pasamos en duelo no es en absoluto agradable; pero es necesario vivirlo. Reprimir o evitar de cualquier manera las emociones que surgen en ese momento, sólo consigue que no se supere el dolor hasta mucho más tarde, con lo cual se alarga el proceso de duelo.  

Sentir ese dolor es la única forma de superar el mismo. Y es que precisamente por eso se llama duelo, porque tiene que doler. 

Cuando nos encontramos en pleno proceso de duelo, podemos creer que ese malestar lo tendremos ya para siempre, pero desde luego, eso  no es así. Con el tiempo volveremos a nuestro estado normal. Mientras tanto, lo mejor es vivir esas emociones y tomarlo con toda la calma que sea posible. 

 El momento de dar el pésame

Pero, tal vez no seas tú quien ha perdido a un ser querido, tal vez sea alguien cercano a ti, un buen amigo por ejemplo, quien perdió a un familiar o alguien a quien quería mucho, y claro, llega el momento en que tienes que darle el pésame. 

Lo sabes, se pasa muy mal rato…a que sí. Seguro que tú también lo has vivido. Ese momento en el que una persona a la que quieres ha perdido a un ser querido y tú… no sabes ni qué decirle. 

Es muy habitual que ocurra esto, que no sepamos cómo actuar ni qué decirle a una persona a la que queremos y que está pasando por un periodo de duelo. Debemos tener claro que no podremos, de ninguna manera, quitarle el dolor que siente por la pérdida. Pero sí podemos demostrarle que nos importa su sufrimiento y que estaremos junto a él o ella para acompañarle en el proceso, siempre que nos necesite.  

Como te decía, sólo nos curamos del dolor cuando lo sentimos plenamente. Por tanto, debemos entender y respetar el dolor de la persona que está viviendo su duelo.

Si no sabemos muy bien qué decirle, darle un abrazo con todo el cariño que le tenemos puede ser más que suficiente en ese momento. De hecho, suele ser más que suficiente. Pero también podemos sugerirle cariñosamente la conveniencia de buscar ayuda psicológica, si es que vemos que lo lleva muy mal.  

¿Qué decir en casos de familiares en duelo?

Es evidente que cualquier cosa que digamos, lo hacemos con  nuestra mejor intención, y no es otra más que intentar animar a una persona que queremos y que lo está pasando mal.  

Pero no es el momento de animarle, no es el momento de consolarle, es sólo el momento de acompañarle. Cada persona vivirá el duelo de una manera diferente, y cada uno necesitará un tiempo para superarlo. 

Por este motivo, porque no es el momento de animarle, es por lo que hay expresiones que se utilizan con frecuencia y que es mejor que no utilicemos. La mayoría de ellas, por una parte, no le van a servir para nada. Y por la otra, le van a generar un conflicto entre lo que está sintiendo y lo que le decimos que debe sentir.

Te pongo algunos ejemplos de lo que es mejor no decir para que, si te encuentras en esa situación, no pases por ese momento incómodo de pensar en qué decir. 

No debemos utilizar la expresión “no llores”. Pero a ver…¡cómo no va a llorar! Si se le ha muerto alguien querido, llorar es la mejor manera de curar la emoción de la tristeza; de sacarla para que no ahogue, así que debe llorar lo que le apetezca, lo que quiera, lo que necesite. 

No es conveniente tampoco dirigir lo que debe sentir o lo que debe hacer. Así que evita decirle cosas como “no pienses más en eso”, “hazlo por tus hijos”, “tienes que mirar hacia adelante”, “la vida sigue” o expresiones por el estilo.  

Todas estas frases, que sabemos que se dicen con la mejor intención, no sólo no le servirán para nada, sino que también pueden generarle una gran ansiedad. Estas frases son totalmente contrarias a lo que siente y piensa en ese momento.  Además de eso, le quitan importancia al  dolor que está sintiendo, más que respetarlo y comprenderlo.

El duelo se vive distinto

Como decía antes: cada persona vive el duelo de manera diferente, va a depender de la personalidad de cada uno, del vínculo que tuviera con la persona que ha fallecido, etc.

Por este motivo, tampoco es adecuada la expresión “sé como te sientes”, y no es adecuada porque no: no sabes cómo se siente, no tienes ni idea, porque no eres tú quien lo está viviendo. Para saberlo, tendrías que ser tú esa persona y vivir lo que está viviendo y eso es imposible.

En su lugar, es más adecuada una expresión como por ejemplo “entiendo que estés muy triste”. Eso sí que es posible. 

El periodo de duelo puede durar una media de entre seis y doce meses, pero, algunas personas necesitarán algo más y otras se recuperarán en algo menos.vCada persona es diferente y cada uno necesitará su tiempo para adaptarse a la nueva situación. 

Por tanto, si alguien muy cercano a ti está viviendo un duelo, concédele su tiempo, el que necesite. No tengas prisa porque lo supere, recuerda que él o ella son los primeros interesados en sentirse bien. Pero la adaptación a una pérdida requiere algún tiempo que debes respetar. 

Por otra parte, aunque nuestra intención es siempre buena, es la persona en duelo quien debe decidir qué cantidad de actividades quiere hacer. De hecho, mantenerla ocupada mucho tiempo para que “se distraiga”, no facilita en nada su proceso de duelo. Por el contrario, distraerla de él puede alargarlo durante más tiempo. Así que no le insistas en que salga o haga cosas, respeta su tiempo. 

En resumen: si tienes a un ser cercano y querido que está pasando por un duelo y no sabes qué decirle, sólo dale un abrazo y dile que estarás ahí siempre que te necesite. Es lo mejor. 

Rosa Armas.

Colegiada T-1670 

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