Lo haces muchas veces, reconócelo. Y yo, y todos. Cuando algo no nos sale como habíamos planeado, buscamos algo, o a alguien, a quien echar la culpa de ello.

culpa a los demás

El tráfico…por eso llegué tarde. Los amigos, que hoy estaban especialmente raros. Tu madre, que no te despertó con más tiempo. Tu padre, que te dijo que estudiaras medicina cuando tú querías estudiar otra cosa. Tu ex pareja, porque con su actitud hizo que la relación se enfriara.

Siempre tiene la culpa el otro, la familia, el destino, la economía, el jefe que me tocó… Y si no encontramos a quien echársela, será, “este tiempo que está tan raro…”.

Cualquiera, menos nosotros mismos

La realidad es que nuestra mente está diseñada para echar la culpa a los otros, como un mecanismo de defensa por las cosas que hacemos mal; por nuestros descuidos y despistes, por nuestras meteduras de pata, por nuestras decisiones que al final no fueron las más acertadas…

Es una forma como otra cualquiera de no sentirnos mal. Culpables, por lo que hemos hecho. Claro que, ese alivio de culpa, o como yo prefiero llamarlo, de responsabilidad, nos hace sentir mejor por un ratito.

Sin embargo, aceptar nuestros errores y nuestras responsabilidades, cuando en realidad son nuestras, nos ayudaría a aprender de esos errores. A mejorar como personas, y como no, a tener las riendas de nuestra vida.

El síndrome adámico

Como te decía, esto lo hacemos todos y con bastante frecuencia. Pero es cierto que, hay personas que se resisten más que otras, a asumir que han tenido la culpa de algo que han hecho. Estas personas podrían tener lo que se llama el síndrome adámico.

El nombre viene de la historia de Adán y Eva, que cuando se les pide explicaciones de por qué han desobedecido y han comido la manzana prohibida, Adán le echa la culpa a Eva, porque fue quien le convenció. Eva por su parte, se la echa a la serpiente, que fue quien la convenció. Y, desde ese mismo momento, no hemos parado…

Aunque es verdad que, esa actitud nos produce cierto alivio y reduce el malestar, no estaría mal que, aceptáramos que cometer errores es humano, que podemos cometerlos perfectamente y que, aceptar nuestras equivocaciones, nos servirá para aprender de ellas, sin tener que buscar una cabeza de turco que pague por nosotros.

Por supuesto, hay momentos en que es cierto que la culpa la ha tenido otro y no tú, porque alguien ha hecho algo que no debía. En ese caso, la tiene otro y ya está. Pero, echar siempre la culpa a los demás, cuando no siempre es de los demás, además de no permitirnos ver nuestros errores, nos hace perder el sentido de la obligación, la obligación de tener las riendas y ser los responsables de nuestra vida. Pero es que además, echar la culpa a los otros, no resuelve los problemas que nos hayan surgido, sólo es una manera de no asumirlos y no hacernos responsables de ellos.

Porque, si sabes que a esa hora habrá tráfico, vas a tener que salir más temprano. Y, si no es medicina lo que querías estudiar, tenías que haberlo dicho.

Por qué pensamos que es mejor culpar a los demás

Bueno, no es que pensemos que es mejor culpar a los demás, es que, nos quitamos un gran peso de encima. Los seres humanos tenemos muchas emociones, que pueden variar de un minuto para otro. Y, aunque todas las emociones tienen su función, consideramos que unas son positivas y otras negativas. Aunque en realidad, unas son más agradables y fáciles de llevar que otras. Una de las que peor llevamos es sin duda, la culpa. Por eso, hacemos lo que sea necesario para quitarnos culpas y, como alguien tiene que tenerla, se la echamos a otro.

La sola idea de que, una decisión que hemos tomado nosotros, algo que hemos hecho nosotros, o algo que no hemos hecho cuando podíamos haberlo hecho, haya podido tener consecuencias para nuestra vida, más o menos graves, no es tan sencillo de soportar. No es tan fácil vivir con esa culpa, por lo que, lo más sencillo es intentar engañar a nuestra mente, pensando que la culpa ha sido de otro, y nosotros, pobrecitos, no tenemos nada que ver.

¿Se puede hacer algo con esto?

Sí, claro que se puede. Lo que ocurre es que, la solución es sólo para valientes.
Se trataría de admitir cuando yo he hecho algo mal, o no he hecho algo que tenía que hacer, o tomé una decisión, pensando que era la correcta y luego no lo fue, o me olvidé, me despisté de,llamar, lo que sea.

Esto, como te digo, es para valientes, porque no todo el mundo es capaz de hacerlo. Pero, la idea no es reconocer tu responsabilidad en lo que ha pasado y estar el resto de tu vida dándote latigazos por ello. La idea es, reconocer qué es lo que has hecho mal, aceptar que fue tu responsabilidad, pedir perdón si es que es necesario, porque eso te convierte en una persona con empatía, y sobre todo, aprender de ese error, para la próxima vez.

Todo esto, seguramente no resolverá el problema que se haya creado, pero sí que te ayudará a sentir que tienes el control, aunque no de todo, sí de la mayoría de las cosas que te pasan.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.