Por qué nos alegramos del mal ajeno

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Tal vez te haya ocurrido alguna vez; eso de estar contándole a alguien cualquier cosa que te haya pasado que sea poco agradable, y haber notado en la expresión de su cara cierta satisfacción. Y has pensado “qué mala persona es”.

O quizás te haya ocurrido al revés; alguien que no te cae especialmente bien, te está contando sus “desgracias” y sientes una especie de alegría. Cosa que jamás vas a reconocer en voz alta, haciéndote pensar que no eres buena persona.

Bueno pues, este sentimiento que es bastante más frecuente de lo que crees, no es de malas personas.

Por qué nos alegramos del mal ajeno

La alegría ante los males ajenos

Sentir cierta satisfacción ante las “desgracias” ajenas es, hasta cierto punto normal, y se le conoce como “Schadenfreude”. Esta palabra tan extraña, es un término alemán que está compuesto por schauden, que significa desgracia, y freude, que significa alegría. Y se refiere exactamente a esto; a la pequeña alegría que podemos sentir ante los males que le ocurren al de al lado, y no a nosotros.

Por supuesto, a todos nos da miedo que nos ocurran cosas desagradables. Por lo tanto, siempre es de agradecer que le ocurran a los demás. Ya hemos hablado en otras ocasiones, de la función adaptativa que tienen las diferentes emociones; tanto las que consideramos positivas, como las más negativas.

A simple vista, parece difícil que podamos encontrar una utilidad a sentir alegría por el mal ajeno. Sin embargo, algunas investigaciones han demostrado que producimos dopamina, el neurotransmisor que se encarga del placer y de la recompensa, en los momentos en que sentimos Schaudenfraude.

¿Por qué sentimos Schaudenfraude?

La pregunta sería entonces, ¿por qué llegamos a tener esta emoción? ¿Por qué somos capaces de alegrarnos de los males de los demás? ¿Somos acaso tan malas personas? Existen varios motivos por los que llegamos a sentir esta satisfacción.

Por envidia

Como no podía ser de otra manera, la envidia es uno de los motivos por los que alguien puede alegrarse del mal ajeno. Podríamos decir que la envidia es algo así como “tienes algo que yo creo merecer también; pero lo has conseguido tú antes que yo”.

Según esta definición, que no es en absoluto de diccionario, una persona que es envidiosa por naturaleza, se alegrará de que a los demás no les vaya tan bien como puedan decir, o como pudiera parecer.

La gente envidiosa no emplea su energía en conseguir las cosas que desean, la gastan sintiendo envidia de lo que puedan conseguir los demás; y por supuesto, alegrándose de que no lo consigan, si ese fuera el caso.

Por la percepción de justicia

Se suele tener esa emoción de satisfacción, cuando le ocurre algo no demasiado bueno a alguien que no se ha portado bien con nosotros. A alguien que sentimos que nos ha fallado de alguna manera.

Pero también, cuando esa desgracia le ocurre a alguien que, aunque no sea cercano a nosotros y no nos haya hecho daño personalmente, entendemos que su comportamiento es inmoral o injusto.

Entonces, cuando le ocurre algo malo a dicha persona, tenemos la sensación de que se ha hecho justicia y, la expresión más habitual es eso de, “la vida pone a cada uno en su sitio”. Esta frase, tan repetida por todos nosotros, nos produce mucha satisfacción; ya que no nos gusta para nada creer que la gente puede hacer lo que quiera, lo que le dé la gana, y no reciba nunca ningún castigo. Ya sea divino o de cualquier otro tipo.

Por alivio

Y tú dirás, ¿cómo puede alguien sentir alivio si a otra persona le pasa algo malo?

Bien pues, imagina que estás en cualquier sitio donde hay mucha gente, un restaurante elegante por ejemplo. De repente, entra una pareja en el restaurante y, uno de ellos tropieza y se cae al suelo. Entonces, se hace el silencio y todo el mundo mira para ver qué ha pasado.

En ese momento, solemos sentir alivio porque no hemos sido nosotros el de la caída y, el pensamiento suele ser, “si me llega a pasar a mi, me muero de la vergüenza”. Este alivio se suele sentir cuando a otra persona le ocurre algo que entendemos como una situación de ridículo; o que podría provocar la risa.

Por rivalidad

En realidad este motivo es bastante lógico. Si estás compitiendo con alguien en cualquier juego, en un concurso, en algún deporte, etc, lo más normal es que te alegres de que a tu contrincante le vaya mal, eso significa que a ti te va mejor.

Pero también ocurre, y también es lógico, entre la afición a unos equipos deportivos o a otros. Cuando pierde el opuesto, nos alegramos, vaya que sí.

Por tener una baja autoestima

Tener la autoestima baja y no verse a sí mismo capaz de conseguir lo que se quiere, hace que el fracaso de otras personas produzca satisfacción. La explicación de esto es que, si los demás tienen éxito, alguien con baja autoestima se sentirá aún más inferior de lo habitual. Sin embargo, si los demás fracasan, ya no se sentirán tan inferiores; sino que sentirán que están al mismo nivel.

Este pequeño pellizco de satisfacción, por lo general lo sentimos con “desgracias” de los demás que no son demasiado graves.

Nadie, o mejor dicho, casi nadie, se alegra de grandes males de los otros: como podría ser una enfermedad, a no ser en casos en que haya habido entre esas personas problemas importantes.

Es cierto que, lo más sano sería alegrarnos de nuestros propios logros, y en absoluto de los males ajenos. Pero, de acuerdo con los motivos que ya explicamos, es casi inevitable sentir esta emoción en determinados momentos.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.

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2018-08-08T20:25:11+00:00Artículos de Psicología|

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