Lo sabes verdad? Sí, yo sé que lo tienes claro. Sabes que no debes andar todo el día a gritos con tu hijo, porque no es bueno ni para ti ni para él, pero no lo puedes evitar.

Te cansas de repetirle una y otra vez que se vista, o que recoja los juguetes, o que se ponga a comer, y al final, pierdes los nervios y terminas gritándole. Parece que hasta que no llegas a ese punto, no hace ni caso.

Claro que, decirle algo con un grito, en principio va a llamar su atención. Pero a la larga, deja de ser eficaz. No sirve para nada. Y entonces… ¿tendrás que gritar aún más fuerte?

por qué no gritar a los niños

¿Es posible educar sin gritos?

Es cierto que muchas veces no es tan fácil, pero se puede educar sin que sea a gritos. Lo que consigues levantando la voz, es que tu hijo aprenda a no hacerte ni caso, hasta que te oiga gritar, y, cuanto más lo utilices, más aprenderá a actuar de esa manera. Es decir, a no reaccionar hasta que tú grites.

Muchos padres les gritan a sus hijos, con la intención de imponerles respeto. Pero, ocurre todo lo contrario. El niño percibe que su conducta ha hecho que pierdas los nervios; y, entonces, no sabes qué hacer, por eso terminas gritando.

Algunos estudios al respecto han demostrado que gritarles para corregir una conducta, no resulta eficaz en absoluto. Pero además, y aunque a ti te sirva para desahogarte, a los niños les genera ansiedad; y a veces, más problemas de conducta.

Razones por las que debes dejar de gritar a tus hijos

Hay algunas razones por las que es mucho mejor que evites andar todo el día a gritos con tu hijo. Son estas:

Gritar hace que tu hijo no te escuche

¿Parece paradójico verdad? Pues es así. Piensa por ejemplo en esta situación. Quedas con un amigo y, según le ves, te dice a gritos algo que no le gusta de ti. Seguidamente, ¿de verdad te apetece tomarte un café y hablar con él tranquilamente? A que no.

Pues eso mismo le pasa a un niño. Después de una interacción tan negativa como es un grito, el niño deja de escucharte. Si quieres corregir algo en él, modera el volumen de la voz.

Los gritos asustan a los niños

Claro, y a los adultos también. En un principio les asustan, pero, si es algo continuado terminarán por acostumbrarse y no hacer ni caso. Aunque, según algunos estudios, los gritos pueden aumentar la ansiedad de los niños. Lo que está claro es que no sirven para aumentar su respeto hacia el adulto, pero sí para aumentar el miedo.

El grito le sirve al niño de ejemplo, pero malo

Ya hemos dicho alguna vez, que los niños tienden a copiar las conductas de los adultos, y sobre todo de sus padres. Si cuando pierdes los nervios y te enfadas, le gritas, le estás enseñando que la rabia se ha de gestionar con enfado y a gritos. Y, por supuesto crecerá con esa manera de funcionar.

Es más adecuado predicar con el ejemplo, enseñándoles a gestionar sus emociones de otra forma; con el autocontrol y el diálogo, por ejemplo. Porque, hablarle a gritos le enseña al niño que has perdido el control. Y entonces, has perdido la batalla.

Los gritos ponen distancia entre tú y el niño

Es fácil de entender. A gritos, cualquier persona tiende a alejarse de ti, con un volumen más moderado, hay más cercanía y más predisposición para escucharte. Pero es que además, un niño se comportará contigo, en función de cómo lo hagas tú con él.

Cómo conseguir no gritar a tu hijo

No es fácil, pero nada fácil. Cuando ves que no te hace ni caso y “te saca de tus casillas”, es inevitable echar un chillido. Pero, a pesar de lo difícil que puede ser, has de proponértelo.

Y ese es el primer paso, comprometerte a no gritar. Puedes comprometerte contigo mismo y también con tu hijo. Sería cosa de llegar a un acuerdo. Algo así como, ”Yo no grito y tú tampoco, mejor nos hablamos los dos con respeto en lugar de gritar”. Aprende a frenar a tiempo, te costará un poco pero es cuestión de práctica.

Expresa tus emociones de otra manera

Puedes decirle a tu hijo lo que sientes sin tener que gritarle. Puedes decirle que estás enfadado o enfadada, puedes decirle que te sientes triste,… todo eso, sin tener que gritar, el niño lo entenderá de igual forma y será más eficaz.

Procura no acumular tensión a lo largo del día

Sabemos que después de un día malo o con muchos problemas, cualquier cosa nos hace saltar. Llegas a casa estresado, y con la mínima, echas un grito. Para evitar esto, procura tener tu tiempo, en el que puedas liberar esa tensión acumulada. Puede ser con algo de deporte, con un paseo, o con una charla que te sirva de desahogo.

Pide tiempo

Cuando sientas que estás perdiendo los nervios con tu hijo, antes de gritar, date un tiempo. Es algo así como el tiempo muerto de un partido de baloncesto. Retírate un poco, respira hondo, piensa lo que quieres conseguir con tu hijo y cuál será la mejor manera de conseguirlo.

Si lo que quieres es que te obedezca en algo, reclama su atención, dile que te mire y entonces, repite lo que quieres que haga, sin gritar.

Aprende a escuchar a tu hijo

Si tienes el hábito de escuchar a tu hijo, escuchar cuáles son sus emociones, se sentirá más querido y atendido. De esta forma, también él aprende a escucharte a ti. Recuerda que un niño se comportará como te comportes tú.

No es fácil, no, pero como todo, lo puedes conseguir con un poco de práctica.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.