Las personalidades adictivas

personalidades adictivas

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Está muy claro que cualquiera de nosotros, independientemente de la personalidad que tengamos,  puede desarrollar una adicción. Pero tener una adicción no significa únicamente engancharse a una sustancia química. Una adicción también puede ser a objetos como sería la tecnología (un móvil por ejemplo) o a ciertos comportamientos como el del juego, la pornografía, la comida  o el deporte.

Todas las adicciones, sea a lo que sea, tienen en común el malestar interior de la persona y su incapacidad para enfrentarse a su vida, si no es con rabia y agresividad.

Se sabe que aproximadamente la mitad de las probabilidades de que una persona desarrolle una adicción, se encuentra en sus genes. Sin embargo, las circunstancias personales que le toque vivir a cada persona, sumado a la interacción que la persona tenga con su entorno, constituyen la otra mitad de esas probabilidades.

Por lo tanto, podría ocurrir que una persona que en principio tenga una predisposición genética a la adicción, no llegue a desarrollarla. Mientras que otra persona que no tenga esa base genética, pero que debido a sus circunstancias personales y a su interacción con su entorno, sí que llegue a desarrollar adicciones como son la de las drogas o el alcohol.

Por todo esto, porque no todos los factores que llevan a una adicción tienen que ver con los genes, más que hablar de una personalidad adictiva (porque no parece que exista un tipo de personalidad adicta) quizás tendríamos que hablar de ciertos rasgos de personalidad, que son comunes a las personas que desarrollan adicciones.

Rasgos de personalidad que predisponen a la adicción 

Te cuento ahora cuáles son esos rasgos de personalidad que se han identificado como rasgos comunes que tienen las personas con adicciones. Dicho de otra manera, las personas que tienen estos rasgos son más propensas o vulnerables a desarrollar una adicción.

La impulsividad 

La persona que no puede controlar sus impulsos, es desde luego más vulnerable a la adicción. No controla el impulso que tiene sobre el consumo de aquello a lo que es adicto, pero tampoco es capaz de controlar sus emociones o la búsqueda de experiencias nuevas que le ayuden a afrontar su vida.

La impulsividad es, de hecho, un factor de gran vulnerabilidad para llegar a desarrollar una adicción a las drogas o al alcohol. Son personas extremistas, con pensamientos rígidos, que piensan en términos de todo o nada, de blanco o negro, sin tener en cuenta ni saber manejar la moderación  o el término medio. 

Poco compromiso con sus metas personales 

Es muy frecuente que una persona adicta tenga problemas para cumplir con sus responsabilidades. Suele tener falta de motivación y de energía para realizar cualquier tarea.

Debido a la impulsividad de la que te hablaba ahora, cuando le aparece el impulso de hacer algo, la persona lo hace sin tener nada en cuenta y dejando a un lado lo que estuviera haciendo antes.

Suelen tener lo que se llama búsqueda de sensaciones, que consiste en que se aburren con facilidad y constantemente buscan algo nuevo que hacer y que les proporcione nuevas emociones y sensaciones. Se enfocan en las metas a corto plazo y de gratificación inmediata.

El egocentrismo 

Una persona que es adicta tiene un exceso de ego. Puede manipular las situaciones, o mentir, para salirse con la suya y conseguir lo que quiere. Pero no sólo en cuanto a su adicción, sino con cualquier otra cosa.

Baja tolerancia a la frustración 

Como te decía, el adicto hace lo posible por salirse siempre con la suya, por lo que cuando las cosas no van como ellos quieren o esperan, no lo llevan nada bien y se vienen abajo. Tienen una gran dificultad para aceptar límites y normas, con baja tolerancia a la frustración.

Tendencia a la ansiedad, el estrés  y la depresión 

Por una parte, una persona puede empezar a consumir drogas o alcohol por alguna mala experiencia que tuvo en el pasado. Pero por otra parte, puede sentir ansiedad o depresión como consecuencia de ese consumo, que le impide sentir satisfacción con otras situaciones o actividades de su vida.

Por lo tanto, una persona adicta tiene déficit de dopamina, que le lleva a tener ansiedad y depresión de una forma crónica.

Inestabilidad emocional e inmadurez 

Los adictos son personas muy inestables tanto a nivel emocional, como en el ámbito laboral o académico, cambian constantemente de actividad, y o no terminan nada de lo que habían empezado, o no se terminan de adaptar a un trabajo y lo dejan en poco tiempo. Se entusiasman con facilidad, pero pierden el interés y el entusiasmo con la misma facilidad.

A nivel emocional, suelen reaccionar con agresividad e incluso con violencia si se sienten atacados.

Soledad y aislamiento social 

El hecho de ser poco constantes, de cambiar continuamente de actividad, de trabajo o de estudios,  hace que no tengan relaciones estables y profundas. Tienen pocas habilidades sociales y se refugian en la adicción para aliviar ese malestar.

La negación del problema 

Por una parte, la persona con adicción desea cambiar esa situación, porque sabe que no le hace bien. Pero por la otra la adicción tiene mucho más poder, y le hace creer que no tiene ningún problema y que como suele decir, lo puede dejar cuando quiera. Esto le lleva a tener conductas variables. 

Estado de ánimo variable y baja autoestima 

El impulso de hacer algo nuevo, es excitante y una emoción positiva. Pero cuando desaparece esa emoción, aparecen otras como la culpa, el arrepentimiento o el malestar por las consecuencias de ese impulso. Sobre todo cuando el impulso consistía en consumir droga, por ejemplo.

Esto lleva a la persona a ser muy variable a nivel emocional. Por lo general, tienen baja autoestima y suelen juzgarse con demasiada severidad. 

Suelen ser personas muy sensibles a las críticas, no aceptan ningún tipo de crítica y se ofenden con facilidad. Tienen miedo a ser rechazados y necesitan la aprobación de los otros. 

Los anteriores son rasgos comunes o que predisponen a una persona a desarrollar una adicción. Aunque, no necesariamente tienen que aparecer todos, o bien, no todos son tan evidentes y fáciles de detectar.

Rosa Armas

Psicóloga colegiada T-1670

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