“Quítate eso de la cabeza, piensa en positivo”, “Olvídate de eso, tienes que ser positivo”. ¿Te han dicho alguna vez una de estas frases u otra cosa parecida a ésta? Sí, claro que sí, cientos de veces. Parece que están muy de moda este tipo de expresiones, y parece que, nuestro entorno, nos obliga a ser positivos.

optimismo tóxico

Sí, ya sé, debemos ser positivos y optimistas. Está demostrado que, ser optimista, tiene muchos beneficios para nuestra salud, tanto para la física como para la psicológica. Por supuesto, muchos más que ser pesimista.

Sin embargo, es necesario utilizar el optimismo en su justa medida. Porque practicar un optimismo excesivo puede llegar a ser perjudicial, e incluso puede llegar a ser tóxico. Es de esto de lo que quiero hablarte hoy; de qué es el optimismo tóxico, y qué consecuencias puede tener.

Qué es el optimismo tóxico

Una persona optimista es aquella que se inclina a ver el lado más positivo de las situaciones. El optimismo tóxico, en cambio, consiste en ser optimista y positivo; pero sin que exista una base real para serlo, o al menos para serlo tanto.

El optimismo tóxico implica esperar, y casi dar por hechos, unos acontecimientos positivos,, sin tener en cuenta las probabilidades reales de que esos acontecimientos sucedan. Por lo general, las probabilidades son muy pequeñas o nulas.

Sin embargo, ese optimismo excesivo nos hace creer que ocurrirán, lo que nos lleva a alejarnos de la realidad. Está relacionado con el sesgo de positividad, que consiste en centrarnos en la parte más positiva de las cosas; que eso está muy bien, pero obviando totalmente los inconvenientes que puedan tener.

Claro que, tú puedes pensar, “bueno, y qué?, cuál es el problema?, al fin y al cabo, soñar es gratis”. Y sí, claro que lo es. El problema se presenta cuando no lo dejamos sólo en soñar, sino que actuamos impulsados por esa positividad.

Por ejemplo, cuando tienes una idea muy buena de negocio, y te lanzas a él, sin tener en cuenta las dificultades, los gastos, la competencia, etc. Con las que te puedes encontrar, y piensas que sólo porque es una buena idea, tiene que salir bien… y al final terminas arruinado.

O cuando lo dejas todo, casa y trabajo, para irte con esa persona que conoces hace una semana, pensando que es el amor de tu vida y luego no va nada bien. A eso me refería con eso de “alejarnos de la realidad”.

Qué consecuencias puede tener el exceso de optimismo

Como te decía, ser optimistas es bueno para nuestra salud. Nos mantiene en la esperanza de que, lo que hacemos, saldrá lo mejor posible. El exceso de optimismo en cambio, sólo nos hará ser imprudentes. Además de ésta, puede tener otras consecuencias.

  • Una de las consecuencias que tiene ser tan optimista, es que no le prestaremos ninguna atención a los problemas que nos podrían surgir y que siempre pueden aparecer, con lo que no estaremos preparados para afrontarlos. Por el contrario, sólo le prestaremos atención a lo que coincide con lo que queremos ver, es decir, a ese buen resultado que queremos. Y esto, puede llevarnos a un tremendo fracaso, con la frustración correspondiente.
  • Otra gran consecuencia, es que no tendremos ninguna alternativa. Con esto, lo que quiero decir, es que, al no ser realistas y no prestar atención a las posibles complicaciones que puedan surgir, no tendremos preparada una opción alternativa; o dicho de otra manera, no tendremos un plan B. Si el plan A, sale mal, y no tienes en mente un plan B, te quedas sin nada.
  • Además, ese exceso de optimismo, nos puede llevar a tomar decisiones y a llevar a cabo acciones poco prudentes, que pueden terminar siendo equivocadas

Por otra parte, las expectativas que tendremos para nuestra vida, serán acordes con ese optimismo exagerado, pero desde luego, no serán congruentes con la realidad. Con lo cual, son expectativas que nunca se cumplen, porque son expectativas irreales. Y esto, con un poco de tiempo, nos puede dar algún que otro disgusto.

Todo lo anterior tiene otra consecuencia; y es que nos estaremos mintiendo a nosotros mismos. Engañarnos a nosotros mismos es relativamente fácil, lo que ocurre es que podemos mentirnos durante un tiempo, pero al final nos toparemos con la cruda realidad.

Cómo evitar el optimismo tóxico

Como puedes ver, los extremos son siempre malos. Por lo tanto, insisto, es saludable ser optimista, lo que no lo es tanto es serlo en exceso.

Pero claro ¿cómo se puede controlar la cantidad de optimismo, sin llegar a ser pesimista? Te propongo algunas ideas, o mejor dicho, el cambio de algunas ideas.

Da la impresión de que todo se arregla con un “piensa en positivo”, y no es así. Me ha pasado algo malo, me ha salido muy mal un plan o un proyecto, y yo… ¿pienso en positivo? ¿Y eso cómo se hace? ¿Difícil verdad?

Pues no. No tienes que hacer eso tan complicado. Lo mejor que puedes hacer es buscar la parte más favorable de la situación, y mantener la esperanza de que mejorará, o bien, valorar cuáles han sido tus errores, para aprender de ellos y mejorar. Eso es ser optimista.

Por otra parte, tener sueños, objetivos, metas, proyectos, no sólo está muy bien, sino que es necesario. Pero claro, quedarte sentado y desear que ocurran, no es suficiente. Algo tendrás que hacer para conseguirlo. Ya sabes, “a Dios rogando y con el mazo dando”.

Por último, siempre que te metas en un proyecto, está muy bien tener entusiasmo, pero además, intenta prever con qué problemas te puedes encontrar; para que si aparecen, tengas opciones de poder solucionarlos. Está claro que pueden surgir imprevistos con los que no contabas, pero al menos, procura pensar en los que son más probables.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.