El Mutismo Selectivo

mutismo selectivo

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Es muy típico escuchar a esas madres que dicen eso de que sus niños ya hablan mucho; que ya dicen esta palabra, o esta otra. Pero que cuando tienen delante a otras personas, no dicen ni media, por más que su mamá les insista.

Esto suele ocurrir con niños pequeños que están aún aprendiendo a hablar, pero que es con las personas de confianza con quienes más sueltan la lengua.

Sin embargo, todos conocemos a otros niños un poco más mayores, esos  niños que cuando están en su casa o en lugares que les son muy familiares, son capaces de volver loco a cualquiera; porque no dejan de hablar ni un momento, que no se callan ni debajo del agua.

Por el contrario, cuando se encuentran ante una persona que no conocen o que no es cercana a ellos, por más que se les pregunte algo, no dicen ni una palabra. Por lo general, el familiar con el que están en ese momento, suele decir eso de “es que es muy tímido”. Pero esto puede tratarse de algo más que una simple timidez. 

Pero puede que no les ocurra sólo con personas desconocidas, en algunos casos, son incapaces de hablar con sus compañeros de colegio, incluso meses después de haber empezado a acudir a sus clases. Esta situación que te describo les ocurre a muchos niños, pero no en todos los casos se trata de una simple timidez. En muchos de ellos, se trata de un mutismo selectivo. 

¿Qué es el mutismo selectivo y cuáles son sus síntomas? 

El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad que aparece en los niños. En este trastorno, el niño es incapaz de hablar en situaciones concretas, o bien con personas concretas, sobre todo con aquellas que no son de su círculo más cercano. Esta situación se deberá dar durante al menos un mes, sin que exista otra enfermedad (o algún cambio importante que lo justifique) para considerar que pueda ser un mutismo selectivo.

El niño, sí que se puede comunicar a través de gestos, pero no con la palabra. Esta ausencia de comunicación verbal sólo se da en esas situaciones poco cercanas para el niño, pero no se presenta en las situaciones o con las personas con los que el niño se siente seguro. En éstas últimas, el niño se comunica con total normalidad.

Por lo tanto, no es que el pequeño carezca de habilidades para comunicarse verbalmente, porque sí que las tiene, ni que éstas se hayan deteriorado: es simplemente que en contextos que le son extraños, no es capaz de hablar.

Tampoco se debe confundir con el periodo de adaptación que pasan los niños, sobre todo los que son algo tímidos, en situaciones nuevas. Por ejemplo, al empezar a ir al colegio, pueden pasar unos días en los que no hablan, hasta que entran en confianza con sus compañeros. 

Por lo tanto, la ausencia de comunicación verbal, no se debe a ninguna otra enfermedad que se lo impida, ni a un desarrollo insuficiente en su capacidad para hablar, ni tampoco a la adaptación a una situación nueva.

Aunque es verdad que, en algunos casos, el niño deja de comunicarse verbalmente de una manera totalmente intencionada, como forma de expresar su rechazo a una situación concreta (por ejemplo) lo cierto es que en el caso del mutismo selectivo, el niño sí que querría expresarse de forma verbal, pero no es capaz de hacerlo, su ansiedad no se lo permite: por lo que recurre a los gestos no verbales para comunicarse.

Esto supone para el pequeño altos niveles de ansiedad y malestar, además de problemas de adaptación al entorno y puede dificultar su desarrollo afectivo. En todas esas situaciones que le son extrañas, además de dejar de hablar, el niño puede tener otros síntomas como dolor de tripa, vómitos, dolor de cabeza, diarrea, problemas para respirar, en definitiva los síntomas físicos más típicos de la ansiedad.

Además de los síntomas físicos, se pueden sentir muy incómodos en lugares donde hay mucha gente y mucho ruido. En los lugares que son de su confianza, es decir, en casa, suelen comportarse de manera muy dominante y es frecuente que estén malhumorados y tengan cambios de humor muy bruscos. Además, cuando la situación en la que se encuentran les genera mucha ansiedad, suelen aislarse e incluso esconderse.

¿Por qué se da el mutismo selectivo? 

Como te decía, el mutismo selectivo está causado principalmente por la ansiedad. Es algo parecido a la fobia social, pero que se da en los niños y tiene como consecuencia la ausencia del habla. En el caso del mutismo, al igual que en la fobia social, existe el miedo a ser juzgado y evaluado de manera negativa por los demás. Cuando el niño percibe que es el centro de atención no es capaz de hablar, y es por eso que cuanto más se le insiste, peor será.

También puede tener cierto componente hereditario, ya que, es más frecuente en las familias con antecedentes de ansiedad, o problemas en el estado de ánimo. 

El hecho de que un niño no se comunique verbalmente, le hace aparentar de cara a los demás, como poco interesado en la interacción. Esto puede hacer que los demás niños le rechacen, y que por lo tanto, el niño sienta aún más ansiedad y se refuerce su mutismo. 

¿Qué puedes hacer si tienes un niño con este problema? 

Por lo general, este trastorno remite por sí solo a los pocos meses. Sin embargo, en algunas ocasiones se puede alargar en el tiempo. En este último caso, sería conveniente consultar con un profesional, ya que este mutismo puede afectar negativamente a la adaptación social del pequeño, y a su desarrollo en general.

Lo que puede hacer la familia, es no regañar al niño, y mucho menos castigarle por el hecho de que no hable en ciertas situaciones. Hacer esto, puede afectar a su autoestima y agravar el problema. Por el contrario, es muy importante reforzarle cada vez que sea capaz de interactuar, aunque sólo sea unos segundos.

Por otra parte, estando con las personas de su confianza (que suelen ser los padres o los hermanos) se podría facilitar que otra persona, de menos confianza para el niño, esté también presente…para que poco a poco pueda ir ganando confianza y seguridad con personas más extrañas.

Esto se debe hacer con mucha calma y sin presionar al niño. La idea sería que los padres puedan servirle de modelo a la hora de interactuar con personas ajenas a la casa, y por supuesto, no obligarle a que hable sino dejarle su tiempo.

Rosa Armas

Colegiada T-1670

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