Qué hacer si todo lo que empiezas lo dejas a mitad

lo que empiezas lo dejas

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¿Eres de esas personas que suele decir aquello de “todo lo que empiezo lo dejo a mitad” o bien eso de “empiezo con muchas ganas pero después me aburro”?

Quizás seas de esas personas que empiezan cualquier tarea, ya sea por primera vez o por décimo quinta, con mucha ilusión y motivación. Pero pasados unos días te aburres y lo vas dejando, hasta que lo dejas del todo, pensando que ya lo harás en otro momento…que total, no es de tanta prisa.  

Esto le ocurre a muchas personas, con lo que podrías ser tú una de ellas.  

Aunque también podría ocurrir que tengas en  mente hacer algunas tareas que te gustaría hacer. Pero ni siquiera llegues a empezarlas. Y así terminas con un enorme listado de cosas por hacer, de actividades o proyectos que nunca llegas a concluir, e incluso que no llegas ni a empezar.

Este hábito puede referirse a actividades sin mucha importancia, como puede ser terminar ese libro que tantas ganas tenías de leerte y que lleva meses acumulando polvo en tu mesilla de noche, o terminar esa manualidad que con tanta ilusión empezaste. Pero también puede afectar a otras que lo son un poco más, como por ejemplo terminar ese informe que te han pedido, o aprender ese idioma, que sabes que te será muy útil  en tu trabajo. 

Lo que se suele conseguir con esto, además del gran listado de cosas por terminar, es que no consigas tus objetivos, y que además te sientas mal por ello. Porque terminarás pensando que tienes muy poca fuerza de voluntad, o bien que eres poco responsable. Y eso, lo quieras o no, puede mermar tu autoestima.

En realidad esto nos pasa a todos, dependiendo de las tareas que nos gusten más o las que nos gusten menos. Por lo general le ponemos más entusiasmo a las que más nos gustan, como es normal. Sin embargo, hay cosas que debemos hacer sí o sí, y que vamos posponiendo sin encontrar nunca el momento para terminarlas. 

En este caso, sería bueno tener una estrategia que nos sirva para sacar adelante ese trabajo lo antes posible. Alguna forma de actuar ante estos casos, que alivie la sensación de estar estancado y de no avanzar hacia ninguna parte. 

Y no estoy exagerando: muchas personas llegan a tener esa sensación, porque no consiguen terminar prácticamente nada de lo que empiezan. 

¿Por qué dejamos las cosas a medias?

Pero ¿por qué nos pasa esto? Si hemos empezado con una tarea o con una actividad, con la máxima ilusión que le podíamos poner ¿por qué pasado unos días nos desinflamos y la dejamos a mitad? 

Falta de motivación

Pues la principal causa de este hábito, es que la motivación no es un rasgo de personalidad. Es decir, nuestra motivación no es estable, no es siempre la misma. 

Con lo que puede que empecemos algo con mucha motivación, pero que más tarde ya no tengamos la misma; y entonces, sea lo que sea, terminemos por abandonarlo.  

Por lo tanto habría que disponer de otra herramienta que nos ayude a conseguir nuestro objetivo.

Otra de las causas posibles es que, a lo largo de esa actividad, nos encontremos con dificultades que no habíamos previsto y que nos hacen perder la ilusión con la que habíamos empezado. Tal vez creías que eso que querías hacer era más sencillo de lo que es y, por supuesto, eso te hará perder la motivación con cierta rapidez.

Pero no sólo las dificultades influirán en ello, también puede hacerlo el tiempo. Es decir, que conseguir tu objetivo, lleve más tiempo del que tú habías previsto, también te puede desmotivar.

Por ejemplo, perder peso. Si tu objetivo es perder cinco kilos, pero no ves muchos resultados en pocos días, es muy probable que te desanimes con facilidad.

Miedo al resultado

El miedo a que el resultado final no sea bueno del todo, que no salga tan bien como tú querrías, es otro de los motivos por los que podemos dejar las cosas a medias. 

Por una parte, podríamos tener miedo  a no cumplir con las expectativas de las personas cercanas a nosotros. El miedo a que las personas que nos rodean hagan un juicio desfavorable de nuestra tarea, podría hacer que la dejáramos sin terminar, por tiempo indefinido.

Pero también podríamos tenerle algo de miedo, al juicio que haremos nosotros mismos de ese resultado, es decir, a no hacerlo tan bien como nos gustaría hacerlo. 

Esto te puede pasar, si eres una persona algo insegura, ya que, no hacer algo todo lo bien que quisieras, puede aumentar tu inseguridad. O bien, simplemente no te crees capaz de hacerlo bien, con lo que prefieres dejarlo en el olvido. Y esto nos ha pasado alguna vez a todos.

Pero también te puede pasar si eres perfeccionista, porque, una persona perfeccionista, o lo hace perfecto, o prefiere no hacerlo. 

Qué consecuencias puede tener dejar las cosas a medias 

Aunque no lo creas, cuando esto se convierte en un hábito constante, puede tener algunas consecuencias para ti.

  • Para empezar, puede crear en ti un sentimiento de inutilidad o de fracaso. Cuando los objetivos que te marcas no llegas a alcanzarlos, cuando son muchos los que se quedan en el camino, se verá afectada la valoración que haces de ti mismo/a, haciendo que baje tu autoestima y la seguridad en ti mismo. 
  • Dejar tantas cosas a medias no sólo implica perder tu tiempo, sino que además no te permite centrarte en otras tareas que pueden ser importantes. 
  • Por otra parte, muchas tareas sin concluir aumentarán tu nivel de estrés, pero también tu nivel de frustración.
  • Pero además de todo esto, es absolutamente cansado y casi agotador, tener en la mente todas esas cosas que tienes a medias y que no has conseguido terminar. Te impide tener tiempo de calma y serenidad. 

Cómo puedes evitar dejar las cosas a medias.

Como te decía, éste es un hábito muy frecuente y casi diría que muy normal. Es lógico pensar que lo que nos resulta novedoso, nos haga más ilusión, de hecho así es. Pero cuando ha dejado de serlo, ya no nos ilusiona tanto. 

Antes de buscar una estrategia que funcione, habría que hacer una diferencia. Por una parte, esas tareas a medias que de alguna manera te conviene terminar; ya sea porque beneficia a tu salud, a tu trabajo o estudios, por ejemplo. Tal vez aquí tendrías que poner algo más de empeño.

Por la otra, están esas tareas a medias que iniciaste un poco por curiosidad o hasta por capricho, pero que no te aportarían nada en especial. En estos casos, quizás lo mejor sería no sentir culpa alguna y pasar a las que sí te importan.

Pero ¿cómo terminar esas que sí son importantes sin que te suponga un auténtico suplicio? 

No te presiones con el “tengo que…” 

Parece una tontería pero no lo es. Lo que nos decimos a nosotros mismos es muy importante. Así que, procura cambiar el “tengo que…”, por el “quiero…”, e intenta disfrutar de lo que haces sin obligación.  

Claro que, el “quiero”, evita que sientas la presión de la obligación, pero no será suficiente, además habrá que ponerle algo de esfuerzo, tiempo, constancia y ganas. 

Divide la tarea y el tiempo

Cuando te enfrentas a una tarea demasiado larga, o bien le dedicas mucho tiempo, puedes llegar a agobiarte, cansarte, desilusionarte y al final abandonarla.  Por ello, es mucho mejor que dividas la tarea, sea la que sea, en partes más pequeñas.

Por tanto, tu meta no debe ser terminarla del todo, la meta sería terminar la primera parte. Por ejemplo, no te pongas la meta de bajar cinco kilos, ponte la meta de bajar uno. De esta forma, es más sencillo que la termines y que eso te anime para ir a por la siguiente. 

 No le dediques demasiado tiempo seguido

Por otra parte, el tiempo. No le dediques demasiado tiempo seguido. Ponte un plazo, y ese lo divides en otros más cortos, con descansos en medio. 

Por ejemplo, plantéate trabajar en ello dos horas, pero, después de treinta minutos, descansa cinco minutos, levántate, estira las piernas, contesta el WhatsApp si tienes algo que contestar, bebe un poco de agua, por ejemplo  y vuelve a ponerte otros treinta minutos. Y así hasta completar las dos horas. 

De esta manera, te será menos tedioso terminar lo que empezaste y te sentirás mejor contigo mismo. 

Ponte un plazo para terminarlo 

Muchas veces, se dejan cosas a medias porque en realidad no hay nada que te obligue a terminarlo. Así que si lo que quieres hacer te beneficia y lo sabes, pero aún así lo pospones y al final lo dejas, establece tú mismo un plazo para terminarlo. 

Te aseguro que una de las cosas que mejor funciona para subir nuestra autoestima, es precisamente ponernos metas y alcanzarlas. 

Rosa Armas

Colegiada T-1670

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