La Psicología aplicada a las Emociones

//La Psicología aplicada a las Emociones

Las emociones han sido un importante objeto de estudio por parte de la psicología; debido al enorme poder que tienen sobre nosotros, sobre nuestros pensamientos y por lo tanto sobre nuestra conducta.

A diario nos encontramos con multitud de situaciones que hacen que nuestras emociones se vean afectadas. Podríamos decir que somos como un globo de emociones, en un mundo lleno de cactus.

psicología de las emociones

¿Qué son las emociones?

No es fácil definir con exactitud lo que son las emociones. Pero, se suelen definir como un complejo estado afectivo, una reacción que es totalmente subjetiva y que se da como resultado de cambios físicos o psicológicos y que influyen sobre el pensamiento y la conducta de una persona. En psicología, se suele asociar las emociones con el temperamento, con la motivación, la personalidad y el estado de ánimo.

La psicología emocional es la que se encarga de estudiar y observar las emociones y el efecto que las mismas provocan en las personas. Pero además, nos ayuda también a cambiar las emociones más negativas por otras que no lo sean tanto, y de esta forma, a evitar el malestar que llegan a producirnos.

Esta rama de la psicología nos aconseja primero que nada, identificar las situaciones que despiertan en nosotros emociones negativas; para, en la medida en que podamos, evitar esas situaciones. Claro que, esto no siempre es posible. Y, cuando no es posible evitar la situación, lo ideal sería cambiar la respuesta que damos a esa situación. O lo que es lo mismo; buscar una emoción menos intensa y negativa.

Teorías sobre las emociones

Hay multitud de teorías que intentan explicar el porqué de las emociones, de cómo surgen y de cómo nos afectan. Todas ellas se agrupan en tres categorías.

  • Las fisiológicas: sugieren que las respuestas corporales son las responsables últimas de que aparezca la emoción.
  • Las neurológicas: afirman que es la actividad cerebral la que nos lleva a tener una respuesta emocional.
  • Las cognitivas: aseguran que los pensamientos son imprescindibles para que se dé una emoción.

Algunas teorías de las emociones

Una de las teorías cognitivas es la teoría de Lázarus; y dice que el pensamiento tiene que venir necesariamente antes que cualquier emoción o activación física. Afirma que primero tienes que pensar algo sobre la situación que estás viviendo, antes de sentir cualquier emoción. Por ejemplo: para poder sentir la emoción del miedo, antes tendrás que pensar que la situación en la que te encuentras puede ser peligrosa.

Entre las teorías fisiológicas está la del feedback facial; que dice que la emoción es la experiencia de los cambios en los músculos faciales. Es decir, afirma que según la expresión de nuestro rostro, sentiremos una emoción u otra. Así por tanto, si sonreímos, nos sentiremos felices pero, si fruncimos el ceño, nos sentiremos enfadados o tristes. Por tanto, las personas que se ven obligadas en alguna situación a sonreír, terminarán pasándolo mejor que las que mantienen una expresión más neutra.

Por su parte, la teoría evolutiva de las emociones, de Charles Darwin, afirma que las emociones son adaptativas porque nos permiten sobrevivir. Así por ejemplo, la emoción del miedo hace que evitemos los peligros y nos pongamos a salvo. Por otra parte, entender las emociones de otras personas y de los animales, también nos ayudan en nuestra supervivencia.

Estas son sólo algunas de las teorías. Hay muchas más pero, no existe de momento un conocimiento exacto acerca de las emociones. Lo que sí parece quedar muy claro es que todas las emociones tienen una función útil para el ser humano; incluso aquellas que no nos resultan agradables.

Funciones de las emociones

Las emociones tienen la importante función de adaptarnos al entorno y a la situación, preparándonos para actuar de acuerdo a esa situación. También nos sirven en la interacción con otras personas, ya que, expresar una emoción ayuda a los demás a predecir una conducta asociada con dicha emoción, aunque, en algunas ocasiones, controlarse y no expresar una emoción, puede ser lo mejor para tener una buena interacción social.

No existe un total acuerdo sobre si hay emociones básicas y si la expresión de las mismas es de carácter universal, es decir, si todos los seres humanos expresamos una emoción de la misma manera. Lo que sí es verdad, es que hay unas características comunes de expresión en algunas emociones, como son, alegría, rabia, tristeza y miedo, aunque algunos autores añaden la sorpresa y el asco.

Sea como sea, lo cierto es que, dejar que la emoción nos desborde, no es aconsejable ni para nosotros mismos, ni para nuestra relación con los demás. Pero, reprimirlas tampoco es lo más saludable, ya que, la emoción siempre buscará ser expresada y el no hacerlo, puede dar lugar a somatizaciones, es decir, la transformación de lo psicológico en síntomas físicos. Por lo tanto, lo ideal sería aprender a controlarlas, que no quiere decir reprimirlas, ni evitarlas.

Y, controlarlas se pueden controlar. Y si no, nunca has visto a alguien que, ante una situación de exámen no se pone nervioso? O personas que, ante una discusión son capaces de mantener la calma mientras su interlocutor pierde los papeles? Esto es, sin duda, porque saben controlar sus emociones. La diferencia estaría en cómo interpreta cada uno la situación.

Algunas formas de controlar las emociones

Como decía antes, en principio lo más rentable es evitar las situaciones o las personas que tenemos identificadas como generadoras de emociones que no nos son agradables. Pero, esto no siempre es posible, así que, cuando no quede otra, habrá que utilizar otras técnicas.

Alguna de esas técnicas podría ser, dejar de pensar en el acontecimiento o la situación que provocó en nosotros una emoción desagradable. Si seguimos pensando en ello, mentalmente estaremos aún en esa situación, con lo que la emoción se va a mantener.

Pero, no se trata de obligarte a no pensar en ello, eso producirá el efecto contrario. Se trataría de cambiar ese pensamiento y traer a la mente cualquier otro pensamiento o recuerdo que nos produzca una emoción más agradable, o bien, centrarnos en planificar algún proyecto que tengamos por hacer. podría ser una fácil solución.

No se trataría por tanto de eliminar o reprimir la emoción, sino de cambiarla por otra que nos produzca menos malestar. Tampoco pasaríamos de estar mal a estar bien de manera inmediata, pero sí que se reduce la intensidad de la emoción desagradable.

De la misma manera en que desviar tu pensamiento hacia otra cosa o situación, puede ayudar a debilitar la emoción negativa, centrar tu atención en una tarea que te mantenga ocupado y entretenido, también ayuda a bajar la fuerza de las emociones que te generan malestar. Puede servir cualquier tarea que te entretenga, leer un libro, hacer alguna tarea manual,… o lo que sea, que consiga mantener tu atención.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.

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2018-02-08T09:26:28+00:00 Artículos de Psicología|

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