La comunicación agresiva

//La comunicación agresiva

Hay algunas personas, a las que siempre se les oye decir eso de que, son tan sinceras, que todo lo que piensan lo dicen. Bien, eso está muy bien.

Pero quizá la pega que habría que poner a esa sinceridad sería, no lo que se dice; sino la manera en que se dice. Ya que en muchas ocasiones, no lo hacemos de la manera más adecuada; y podemos llegar a molestar e incluso a herir a la otra persona. Hablamos por tanto de la comunicación agresiva.

¿Qué es la comunicación agresiva?

¿Qué es la comunicación agresiva?

Se emplea una comunicación agresiva cuando intentamos exigir nuestros derechos, expresar nuestros sentimientos y satisfacer nuestras necesidades; sin tener en cuenta los derechos, sentimientos y necesidades de la persona que nos está escuchando.

Por lo tanto, comunicarse de manera agresiva no solo es insultar y descalificar al otro, también lo es, hablar con un volumen de voz muy alto; dar órdenes o hacer críticas destructivas, por ejemplo. Es una de las formas de expresar la violencia; que se manifiesta con el lenguaje verbal, pero también con el no verbal.

Cuando se emplea este tipo de comunicación no se hace exactamente para comunicarse. Ya que, lo que suele pasar es que la persona que está hablando, no tiene en cuenta para nada a su interlocutor: solo tiene en cuenta lo que quiere decir. Por el contrario: se utiliza para expresar autoridad y superioridad. En definitiva, es un lenguaje que hiere y ataca a la otra persona.

Qué consecuencias tiene esta forma de comunicación

Comunicarnos con una persona de una manera agresiva tiene algunos efectos sobre dicha persona. Por una parte, se le puede herir con las palabras que decimos, aunque no utilicemos términos para descalificarla. El tono de voz agresivo, unido a lo que le expresamos, puede crearle un gran malestar.

Por otra parte, hacer uso de esa forma de comunicarse, puede hacer que la persona se sienta atacada y que por tanto, se defienda; con lo cuál, ya hemos creado un conflicto. Además de esto, si utilizamos la agresividad para expresarnos de manera habitual, podemos provocar que el resto de las personas termine por evitarnos…y con toda la razón.

Si por el contrario elegimos primero que nada el momento más adecuado para decir lo que queremos decir; y elegimos también el tono y volumen adecuado (así como las palabras a utilizar), nuestra comunicación con el resto de las personas será más cómoda y agradable para todos.

Controlar la agresividad verbal

Como decía, está muy bien ser sinceros. Pero siempre, absolutamente siempre, hay una forma menos agresiva de decir lo que piensas.

Hay un proverbio árabe que dice “si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas”. Tal vez tendríamos que aplicar este proverbio; y antes de hablar, pensar si lo que vamos a decir le va a ser útil a la otra persona…si le va a servir para algo; o solo servirá para que nosotros descarguemos nuestra rabia.

Si la única utilidad de lo que vamos a decir es descargar nuestra rabia o molestia, es muy probable que a la otra persona le haga sentir mal. También podría ser que lo que le digamos, sirva para que esa persona cambie algo de su conducta que nos incomoda; pero siempre y cuando su conducta nos afecte a nosotros de alguna manera. Si no nos afecta, no tenemos por qué pedirle que la cambie.

Regular la voz y los gestos

Una vez decidido esto, es necesario que regules tu volumen de la voz. Cualquier cosa que digas, si la dices con un volumen muy alto, va a resultar agresivo. Pero no solo el volumen puede dar un mensaje agresivo; la entonación que le des, también. Si tu tono de voz y tu conducta son agresivos, por muy bajito que lo digas, resultará molesto para la persona que te escucha.

El lenguaje no verbal, también puede transmitir un mensaje agresivo. Con algunos gestos como mantener cerrados los puños, una expresión tensa en la cara, o una mirada fija en tu interlocutor, no hace falta decir mucho más; para que se entienda que hay una comunicación agresiva.

Cuidado con lo que dices

Por supuesto, el contenido de lo que digas, también puede resultar agresivo e incómodo para el otro. Es frecuente utilizar los imperativos en una comunicación agresiva; así que, en lugar de dar una orden, podrías dar una sugerencia. Por ejemplo, en lugar de, “tienes que….”, o “deberías….”, podrías utilizar otras expresiones como: “has pensado en…”, o “qué te parece si….”.

Las expresiones con las que se amenaza a otra persona, sin duda dificultan la buena comunicación; y crean malestar en la persona que recibe el mensaje.

Cuando debas hacer una crítica a alguien, critica ese comportamiento concreto que preferirías que cambiara; en lugar de criticar a la persona. Por ejemplo en los niños, es mucho mejor decirles lo que han hecho mal, que darles el mensaje de que han sido “malos”. Puedes cambiar la expresión, “eres un….”, por otra como, “me incomoda que hagas….”.

Otras expresiones que pueden resultar molestas son aquellas como “es que tú siempre….” O bien eso de, “tú nunca haces….”. Y, son molestas porque eso de “siempre” o “nunca”, casi nunca son ciertas.

Es verdad que, cuando estamos enfadados, nos resulta muy complicado controlar lo que decimos; o cómo lo decimos. Sin embargo, hay algo que no suele fallar en esto; y es esperar a que se nos pase el enfado para hablar.

Sin duda, en frío, estando más serenos, la comunicación será menos agresiva y más productiva.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.

La comunicación agresiva
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2018-05-07T20:23:09+00:00Artículos de Psicología|

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