Los trastornos de ansiedad, son de los más frecuentes en nuestra sociedad actual. Pero además, es de los problemas psicológicos que más aumenta en número de casos cada año. Si eres una de esas personas que tienen ansiedad, no hará falta que te diga lo incómoda y desagradable que es. Sin duda lo sabes.

trastorno de ansiedad generalizada

Habrás escuchado en infinidad de ocasiones, que la ansiedad es una respuesta normal y adaptativa del organismo, que nos ayuda a prepararnos para enfrentar algunas situaciones como estrés o un posible peligro.

Si te encuentras en la calle alguna situación que pueda ser peligrosa para ti, tu nivel de ansiedad sube; se acelera tu ritmo cardíaco y tu respiración, tus músculos se tensan… todo esto para mantenerte preparado, por si necesitaras huir.

La ansiedad patológica

Claro que, cuando el peligro no es real, sino que es nuestra mente la que lo percibe como tal, aparece la ansiedad patológica; la que no nos permite llevar una vida normal, porque nos limita.

En realidad, la ansiedad no es más que una sensación, muy desagradable eso sí, ante una serie de ideas anticipatorias que tiene una persona; y que son ideas catastróficas.

La ansiedad se puede presentar con multitud de síntomas. Claro que una persona no tiene por qué presentar todos los síntomas; ni los síntomas que presente se dan todos con la misma intensidad.

Trastornos de ansiedad más comunes

Todo el mundo puede sentir ansiedad en algunas ocasiones, de hecho, todos en algún momento la hemos sentido.

Hay determinadas situaciones, tales como la presión de ajustarse a un plazo de entrega determinado , asistir a un evento social, presentarse a un examen o tener que dar una charla a un número considerable de personas, que pueden resultar estresantes; y nos pueden poner nerviosos en mayor o menor medida.

Si bien es cierto que sentir una forma leve de ansiedad puede ayudar a una persona a estar más alerta; y prepararse para hacer frente a un desafío o a una situación amenazante. Por ejemplo, estar muy ansiosos ante un examen, puede hacer que nos bloqueemos, pero, estar demasiado relajados, casi como si no nos importara lo que estamos haciendo, tampoco nos servirá para rendir bien.

Pero, sentir un nivel de ansiedad adecuado a la situación, nos permitirá resolver mejor la situación. Sin embargo, cuando el miedo experimentado es muy intenso y persiste la preocupación, podríamos estar ante un trastorno de ansiedad; en cuyo caso, produce el efecto contrario, es decir: no permite a la persona resolver situaciones de la vida diaria.

Tipos de trastornos de ansiedad

El término de trastorno de ansiedad, es un término general que incluye a varios tipos de trastorno diferente; cuya característica común es la presencia de niveles altos de miedo y ansiedad que son patológicos. Entre estos trastornos destacan los siguientes:

El trastorno de ansiedad generalizada

Las personas con este trastorno, tienen miedos o preocupaciones excesivas y recurrentes ante una gran cantidad de actividades o acontecimientos cotidianos; relacionados con aspectos normales de la vida diaria. Por ejemplo, la salud o temas económicos. Pero también, ante cosas más cotidianas todavía;  y con frecuencia, pueden experimentar una sensación constante de que algo malo está a punto de suceder.

Esta ansiedad y preocupación se acompaña de síntomas físicos como inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, problemas de sueño, etc. Si bien la causa de estos sentimientos de ansiedad tan intensos puede ser difícil de identificar, los temores y las preocupaciones son totalmente reales;  y a menudo, impiden a la persona poder olvidarlos y centrar su atención en las tareas que tendría que realizar.

El trastorno de pánico

Se caracteriza por la aparición súbita de sentimientos intensos de terror o pánico cuando no existe absolutamente ningún peligro real. La sensación que describe una persona con pánico es la de muerte inminente. Las personas que presentan estas crisis lo pasan tan mal, que desarrollan habitualmente mucho miedo a que vuelva a ocurrirles.

Todo esto conlleva que la persona se limite en gran parte de su vida cotidiana. Un ataque de pánico puede durar hasta media hora; lo que se hace interminable para la persona que lo sufre.

La fobia social

Aquí se produce un miedo irracional a casi cualquier acontecimiento social, en el que la persona tenga que interactuar. Su miedo es a ser juzgados, criticados o humillados;  y aunque muchas veces son conscientes de lo irracional que resulta, no pueden evitarlo y lo pasan realmente mal.

Las fobias específicas

Es un miedo intenso a ciertos objetos y/o situaciones. En las fobias específicas, el miedo está asociado a determinados estímulos en particular (por ejemplo,  animales que pueden ser de lo más inofensivos, situaciones como volar en avión, etc.) La persona hace todo lo posible por evitar ese estímulo; con lo que puede verse limitada su actividad cotidiana.

El trastorno obsesivo compulsivo

Se define por la presencia de pensamientos, ideas o imágenes (obsesiones) persistentes, incontrolables y no deseadas; que la persona considera intrusas o inapropiadas. Como consecuencia de esa obsesión, la persona lleva a cabo una serie de comportamientos o rituales (compulsiones) realizados con el propósito de suprimir la ansiedad que le producen estos pensamientos o impulsos.

Algunos ejemplos comunes de compulsiones, serían: lavarse insistentemente las manos y/o limpiar la casa en exceso para reducir el malestar producido por la obsesión de contagiarse por algún germen. O comprobar sistemáticamente una tarea ante la idea de no haberla realizado; o de haber cometido un error en la misma.

Trastorno de estrés postraumático

Este trastorno  puede aparecer tras la exposición a un acontecimiento estresante y traumático (por ejemplo, un desastre natural, un accidente grave o un atentado).  Los patrones de pensamiento, sentimientos y conductas, pueden verse gravemente afectados por los recuerdos del evento, que suelen aparecer de manera recurrente e intrusiva.

Esto provoca que la persona re-experimente el acontecimiento traumático, en ocasiones tras varios meses e incluso años después de haber sufrido esta experiencia. En este trastorno, pueden darse pesadillas, irritabilidad, fatiga, … y la persona, evita cualquier situación que pueda recordarle la experiencia vivida; porque le genera una gran ansiedad.

La agorafobia

Es otro de los trastornos de ansiedad y, en este caso, se da el miedo a estar en sitios donde le resulte difícil pedir ayuda o escapar, en el caso de encontrarse mal. La persona evita estar en estos sitios, que cada vez son más; con lo que termina limitando su vida y recluyéndose en casa, donde se siente más protegida.

La ansiedad matutina

Lo que sí es cierto, es que muchas de las personas con algún problema de ansiedad describen un aumento de la misma en el momento en que se despiertan por la mañana. Y que esta se va reduciendo a medida que pasan las horas. Es lo que se conoce como ansiedad matutina.

Como digo, la gran mayoría de las personas que tienen algún trastorno de ansiedad se sienten peor y con una ansiedad más intensa a la hora en que se despiertan. Se sienten mucho más nerviosas que el resto del día; más agitadas, preocupadas e incluso con miedo de enfrentarse al día que tienen por delante. Y, a medida que éste avanza, esa ansiedad va disminuyendo: llegando a la tarde con un nivel de ansiedad bastante más bajo.

Parece ser que, el responsable de que la ansiedad aumente por las mañanas es el cortisol. El cortisol es una hormona a la cual se le conoce como la hormona del estrés; y que aumenta sus niveles a la hora en que nos despertamos.

El efecto del cortisol consiste en aumentar nuestro ritmo cardíaco y la presión arterial; ya que nos prepara físicamente para enfrentarnos a cualquier esfuerzo que tengamos que hacer.

Esos síntomas que provoca el aumento del cortisol; aceleración del ritmo cardíaco y la respiración, son percibidos por una persona con ansiedad como amenazantes. Con lo cual, se dispara la ansiedad. A medida que pasan las horas, los niveles de cortisol van descendiendo.

Este malestar nada más despertar, hace que, una persona que tenga un problema de ansiedad, empiece a pensar que “otra vez está aquí la ansiedad”, que “será otro día de ansiedad y difícil de llevar”, que “ni siquiera después de haber descansado me siento bien”, etc. Todos estos pensamientos harán que aumente el malestar; y por tanto, que aumente la ansiedad.

Pasado un poco de tiempo en que esto ocurra, la persona empezará a asociar las mañanas y el despertarse con sentirse ansiosa. Con lo que ya habrá una predisposición para sentir ese malestar.

Cómo evitar la ansiedad matutina

Bueno… en realidad no existe una fórmula mágica que haga que una persona con un trastorno de ansiedad se levante por la mañana, fresca, optimista y con ganas de comerse el mundo.

Por supuesto, lo que sí que es necesario es tratar ese problema de ansiedad que existe de base, con ayuda psicológica. Y lo que sí hay, son algunos trucos que pueden ayudarte a reducir un poco esa sensación de agobio y ansiedad, que se suele sentir por las mañanas.

Cuando te vayas a dormir, piensa en alguna actividad agradable que te gustaría hacer al día siguiente. Algo que te haga ilusión hacer, algo que te resulte gratificante, cualquier cosa sirve. Ir de compras, quedar con un amigo para tomar café, ir al cine,…

Sería bueno que tuvieras un método para despertarte que no fuera demasiado brusco. Que pudieras despertar con música; por ejemplo con una radio despertador, con el que puedas salir del sueño poco a poco y no de golpe.

Cuando despiertes, recuerda esa actividad agradable que habías pensado en hacer ese día.

Levantarse con tiempo

Además de esto , no te levantes con el tiempo justo para ir a trabajar. Levántate un poco antes para que puedas prepararte y organizar tus cosas con tranquilidad y sin agobios.

Si vas con el tiempo justo, se unirán los síntomas de la ansiedad, con las prisas por salir de casa con el tiempo adecuado para llegar bien y eso, aumenta el malestar.

En los minutos siguientes a despertarte, practica la respiración consciente, es decir, respira profunda y pausadamente, centrando tu atención en la respiración únicamente. Hacer esa respiración tranquila durante unos minutos, ayuda a reducir los síntomas de la ansiedad.

Todos estos consejos, no sirven para evitar la ansiedad matutina, pero sí que pueden ayudarte a reducirla. Como siempre sucede con la ansiedad, es importante controlar lo que se piensa; ya que los pensamientos catastrofistas aumentan y mucho su intensidad.

Con estos picos de ansiedad por las mañanas, es mejor no agobiarse demasiado y darle un poco de tiempo a que se vaya reduciendo.

Comer por ansiedad

Es frecuente oír esto de, “a mi me da por comer en exceso por ansiedad”. Y es frecuente oírlo porque, mucha gente intenta aliviar la ansiedad dándose verdaderos atracones de comida.

Y no es que estar ansioso produzca hambre física, porque no es así, lo que produce esa ansiedad es “hambre emocional”. Es decir, se intenta cubrir una necesidad de tipo emocional, a través de la comida.

La ansiedad, es uno de los problemas psicológicos más frecuentes en la sociedad actual, que puede afectar a los diferentes ámbitos de la vida social, laboral, familiar; e incluso, afecta a los hábitos alimenticios.

Pero no es sólo esta emoción la que provoca comer en exceso, algunas otras como la tristeza y el estrés, pueden producir el mismo efecto.

comer en exceso por ansiedad

Como decía: una emoción que se puede considerar negativa, como puede ser la ansiedad, lleva a muchas personas a comer en exceso. Sobre todo comida que tiene muchas calorías…la satisfacción inmediata que produce esa comida, hace que se reduzca la intensidad de esa emoción. O al menos, de manera momentánea.

Claro que, después de eso, pueden aparecer sentimientos de culpa. El problema de hacer esto, es que esa sensación de hambre no se va a saciar con ninguna cantidad de comida. Sólo se saciará cuando atiendas a las carencias emocionales que puedas tener, porque ellas son los motivos.

¿Cuáles son las causas del hambre emocional?

Son varios los motivos por los que se puede desencadenar la ansiedad, y como consecuencia, esta sensación de hambre. Sería bueno analizarlos para poder trabajar en ellos, porque como digo, no se van a solucionar con la comida.

Un nivel alto de estrés

El estrés es una reacción natural de nuestro cuerpo, que se da como respuesta a ciertas situaciones, en las que debemos emplear todos nuestros recursos para resolverla.

Por lo tanto, tener un nivel moderado de estrés es bueno, ya que nos permite rendir adecuadamente ante estas situaciones. Pero claro, cuando el estrés se mantiene por muchos días y con un nivel alto, aparece en nosotros la ansiedad. Es entonces cuando podríamos recurrir al exceso de comida, como un intento de sentirnos mejor.

El no llevarse demasiado bien contigo mismo

Sí, hay mucha gente que no se lleva nada bien con ellas mismas. Esto ocurre cuando lo que dices de ti mismo es negativo, cuando lo que piensas de ti mismo también es negativo, cuando tienes un nivel de autoexigencia demasiado alto. En resumen; cuando eres muy crítico contigo y no te das ni un respiro.

En estos casos, también aparece la ansiedad. Y darse atracones de comida es una manera de intentar distraer a la mente de toda esa crítica constante; aunque por supuesto, se hace de forma inconsciente.

Si no te sientes satisfecho con tu vida

Como te decía, el hambre emocional está causada por carencias de tipo emocional que podemos tener, y que intentamos completar con un exceso de comida.

Por esa razón, no tener una vida que se sienta como satisfactoria o plena, el no sentirse realizado con la vida que se tiene; e incluso, tener una vida diaria excesivamente rutinaria, puede hacer que una persona recurra a la comida…como una forma de llenar esa parte que siente vacía.

El no tener buenas relaciones interpersonales

Sobre todo cuando se actúa con pasividad en las relaciones personales, y no se es capaz de dar las propias opiniones, o de decir lo que molesta, por ejemplo, es algo que genera ansiedad. Y puede tener la consecuencia de recurrir al exceso de comida.

En este aspecto, sentir una carencia de tipo afectivo, aunque se esté rodeado de otras personas, también puede provocar el mismo efecto. Es decir, el de intentar llenar un vacío emocional.

Problemas para gestionar las emociones

Por lo general, cuando tenemos emociones que consideramos negativas, como por ejemplo, la tristeza, angustia, insatisfacción,… no sabemos cómo debemos gestionarlas y lo que hacemos es obviarlas, es decir, tratar de ocultarlas.

Esta también es una de las causas por las que recurrimos al exceso de comida, en un intento de tapar esa emoción con la satisfacción momentánea que proporciona la comida.

Cómo diferenciar el hambre física del hambre emocional

Si no las diferencias fácilmente, hay algunas señales que te dirán si esa sensación de hambre, es realmente ganas de comer, o la necesidad de esconder otro tipo de carencia.

El hambre emocional aparece de repente: y es tan intensa que no se puede evitar ir a comer. El hambre física, por el contrario, aparece de manera más gradual…y si es necesario, se puede posponer.

Por supuesto, cuando el hambre es emocional, se ingiere comida en gran cantidad pero no tiene un efecto saciante. En el hambre física, cuando has comido, lo normal es que dejes de tener hambre; y claro, que dejes de comer.

Lo que apetece en el hambre emocional, es siempre comida con una gran cantidad de calorías, como dulces, comida con mucha grasa, o lo que llamamos comida basura. Cuando el hambre es física, no suele haber predilección por una comida concreta, sólo se busca saciar esas ganas de comer.

Por último, pueden aparecer sentimientos de culpa después de haber comido en exceso. En el hambre física no hay ninguna culpabilidad.

Cómo controlar el hambre emocional

Primero que nada, habría que identificar qué emociones o qué situaciones están detrás de esa ansiedad por comer, para después poder trabajar en ellas.

Tendrás que observar cuándo te ocurre, después de tener qué emociones, después de que sentimientos. Desde luego, no te servirá de nada hacer dieta, si no encuentras qué es lo que provoca esa ansiedad por comer.

Por lo general, se necesita la ayuda de un psicólogo para aprender a gestionar ciertas emociones o situaciones, y así, evitar que influyan de forma negativa en nuestra conducta.

Mientras trabajas en ello, puedes ir buscando otro tipo de recompensas, que también te ayuden a sentirte bien, y que tengan menos efectos nocivos que el darse un atracón de comida basura.

La ansiedad en niños

Mucha gente vive la ansiedad como un problema o como una enfermedad. Lo cierto es que la ansiedad no es más que la sensación que alguna vez hemos tenido todos, ante la idea de una posible amenaza, de que estamos en peligro; un peligro que puede ser real o imaginario.

Por tanto la ansiedad en los niños puede presentarse.Y aunque no es más que una sensación, es verdad que es muy desagradable; y muchas veces muy difícil de controlar.

ansiedad en niños

La ansiedad no es exclusiva de los adultos

Esta sensación no es exclusiva de los adultos, los niños también la tienen, y desde muy pequeños. A medida que van creciendo, van aumentando las situaciones en las que el niño siente miedo; y por tanto, ansiedad. Y eso es lo normal, puesto que se van haciendo cada vez más conscientes de los posibles peligros.

Pero también, a medida que crecen, desaparecen otros miedos; se dan cuenta de que los fantasmas y los monstruos no existen, por ejemplo.

Esto es lo normal. Sin embargo, hay niños que pueden sentir una ansiedad muy intensa; llegando a convertirse en un trastorno de ansiedad. La diferencia está en que los miedos normales de su crecimiento, desaparecen unos meses después de que se hayan iniciado. En el caso de que persistan, es necesario enseñarles a identificar la ansiedad; y darles herramientas para que puedan gestionarla.

Los síntomas físicos que pueden manifestarse en los niños con ansiedad son dolores de cabeza y de estómago, manos frías, palpitaciones e insomnio.

Trastornos de ansiedad en niños

Hay tres tipos de trastornos de ansiedad que son muy comunes en los niños:

  • Trastorno de ansiedad por separación: los niños con este trastorno, sienten mucha angustia cuando tienen que separarse de sus padres. Su sensación es de auténtico pánico, lloran y se aferran a ellos. Además, manifiestan el miedo a que pueda ocurrirle algo malo a sus padres, de que no vayan a volver a casa. Suele darles miedo tener que dormir solos, o ir a la escuela. Manifiestan algún dolor o malestar cuando saben que se acerca la hora de separarse de sus padres.
  • Fobia social: en este caso, el niño tiene problemas para hacer nuevas amistades; evita participar en clase porque le genera ansiedad hablar en público. Le preocupa hacer o decir algo que pueda ser motivo de burla y/o de crítica. Le da miedo enfrentarse a cualquier tipo de situación social.
  • Trastorno de ansiedad generalizada: aquí, el niño se preocupa por todo tipo de cosas; incluso por las que no tiene sentido que un niño se preocupe. Lo que ocurre en el mundo, la salud, problemas familiares, etc. Suelen sentir irritabilidad y tener problemas de sueño; así como tensión muscular debido a su preocupación.

No evitar las situaciones que causan miedo

Casi todos conocemos a algún niño con alguno de estos problemas. Si eres padre o madre de un niño con ansiedad, lo más probable es que hagas lo posible por evitarle las situaciones en las que pasa miedo.

Pero, si haces esto, sólo conseguirás reforzar ese miedo. Lo mejor es que le ayudes a enfrentarse a  ese miedo particular. Es decir; ayudarle a que se exponga a las situaciones que le dan miedo. De esta manera el niño podrá comprobar que la amenaza que él percibe no es realmente peligrosa.

La importancia de la respiración

A la hora de enfrentarse con esas situaciones que le dan miedo, es importante enseñarle a respirar despacio. Siempre que aparece la ansiedad, la respiración se acelera. Enseñarle a respirar con más tranquilidad reduce, y mucho, los síntomas de ansiedad.

Por otra parte, el niño puede aprender a identificar los pensamientos negativos que le asaltan; y como si fuera un juego, se le puede enseñar a cambiarlos por otros que sean más racionales, y que le generen bienestar. Además de esto, ayudarle a que se imagine escenas que le transmitan tranquilidad. Esto le ayudará a suavizar los síntomas, y a tener una mejor capacidad de afrontamiento.

En el caso de que con estos consejos, su ansiedad no remita, siempre será aconsejable hablar con un profesional; quien pueda aportarle al niño alguna otra herramienta.

Las Crisis de Ansiedad o Ataques de Pánico

Las crisis de ansiedad, que también se llaman ataques de pánico, son un estado de miedo muy intenso; que se vive con mucha angustia por la persona que lo sufre.

La persona tiene la sensación de no poder controlar ese estado; pero además, puede tener la sensación de que se va a morir en ese mismo momento. Esto debido al intenso malestar físico y la dificultad para respirar que siente.

Una crisis de ansiedad puede producirse en cualquier lugar y en cualquier situación. Y lo que suele ocurrir, es que la persona evita en lo posible volver al sitio donde tuvo lugar la crisis; por miedo a que se repita.

¿Sufres de Crisis de Ansiedad?

La persona que tiene un ataque de ansiedad por primera vez, nunca lo identifica como tal, lo que suele pensar es que le está pasando algo muy grave, por lo general, se piensa que es un ataque al corazón lo que le ocurre.

Y, aunque una persona que esté en ese estado no se lo crea, un ataque de ansiedad no es peligroso. Sí que es verdad que resulta muy angustiante, pero ni provoca la muerte, ni nadie se vuelve loco por tener un ataque de ansiedad. Algo que sí puede pasar, cuando se han repetido varias crisis, es que la persona desarrolle una agorafobia.

La sensación que se vive en una crisis de ansiedad es tan desagradable, que la persona que tiene una, desarrolla el miedo a que le vuelva a pasar. Esto hace que se mantenga permanentemente en alerta, que sus niveles de ansiedad aumenten; y que ella misma se provoque una nueva crisis. Se empieza a asociar ese malestar con los sitios donde ya le ha ocurrido; y como decía antes, empieza a evitar estar en esos sitios.

Con lo que, estaríamos ante una agorafobia. Todo esto hará que la persona termine limitando su vida, limitando los lugares a los que va; y siendo cada vez más dependiente. Esto debido a que se siente más segura si es acompañada por alguien de su confianza. Estas conductas de evitación, harán que el miedo tenga cada vez más poder; y la persona tenga cada vez más inseguridad.

Causas de una Crisis de Ansiedad

Sin duda, la ansiedad está provocada por el miedo. Cuando nos encontramos ante una situación que puede ser peligrosa, nuestro cuerpo desarrolla una respuesta de alerta; y nos prepara físicamente para huir y ponernos a salvo.

Esta respuesta física es la misma que se produce ante un ataque de ansiedad; sólo que en estas ocasiones no hay ningún peligro objetivo, sólo es subjetivo.

La mayoría de las veces, la persona interpreta como amenazante un síntoma físico, por ejemplo un aumento en su ritmo cardíaco. Eso le produce miedo, y ese miedo que siente ante esa supuesta amenaza hace que aparezcan más síntomas; que conseguirán que el miedo aumente cada vez más.

Al mismo tiempo, surgen pensamientos catastrofistas del estilo, “me va a dar un ataque al corazón”, que, unidos a esa reacción física, hace que aparezca un auténtico ataque de pánico. Como decía antes, un episodio de este tipo es muy angustiante para la persona que lo sufre; ya que, tiene la certeza de que se muere.

Síntomas de una Crisis de Ansiedad

Son muchos los síntomas que pueden aparecer en una crisis de este tipo, y es conveniente que la persona que lo sufre los conozca para que pueda entrenarse en estrategias que le ayuden a controlarlos. Estos son algunos de los más frecuentes:

  • Palpitaciones o aumento muy rápido del ritmo cardíaco.
  • Temblores.
  • Sensación de ahogo y de no poder respirar.
  • Sensación de mareo e inestabilidad.
  • Náuseas.
  • Sudoración.
  • Presión intensa en el pecho.
  • Hormigueo o entumecimiento de alguna parte del cuerpo.
  • Miedo a perder el control y a volverse loco.
  • Miedo a morir.
  • Despersonalización o desrealización. Esto significa que la persona se percibe a sí misma extraña, como si estuviera fuera de ella, y lo que le rodea lo percibe como si no fuera real.

Tratamiento de una Crisis de Ansiedad

Las personas que sienten ansiedad y tienen crisis de este tipo, tienen además la sensación de que no podrán controlarlo ni superarlo nunca. No es cierto, la ansiedad se puede llegar a controlar puesto que, en realidad no es ninguna enfermedad, sino que es una sensación provocada únicamente por el miedo.

Y la forma de superar el miedo es enfrentarse a él y exponerse a las situaciones que se temen. Por supuesto, no se debe hacer de cualquier manera, es conveniente seguir las pautas de un psicólogo para que la exposición sea efectiva.

Algunos consejos

Sé perfectamente que cuando estás en plena crisis de ansiedad, no eres capaz de pensar ni razonar nada en absoluto. Sólo sientes que esa sensación tan desagradable te desborda. Pero hay algunas cosas que si tienes claras antes de la crisis, pueden ayudarte a llevarla un poco mejor.

Primero que nada has de aprender a reconocer los síntomas para saber que estás ante un ataque de ansiedad.

Además, ten por seguro que en unos cinco minutos, lo peor habrá pasado. No te vas a morir, nadie se muere por una crisis de ansiedad.

Quédate donde estás y habla contigo mismo, “no es más que ansiedad”, “no me va a pasar nada”, “en unos minutos estaré mejor”,… Procura respirar despacio y no estés pendiente de las pulsaciones de tu corazón.

En cuanto consigas relajarte un poco, ellas solas volverán a su ritmo normal. Hay algo que no debes hacer y que es lo que hacen la mayoría de las personas que tienen este tipo de crisis, y es huir. Es decir, marcharse a un sitio donde creen estar más seguros, por ejemplo irse a casa. Lo que puedes conseguir con esto es desarrollar una agorafobia.

Por ejemplo, imagínate que estás en una tienda esperando tu turno y empiezas a sentirte ansioso y te entra el miedo. Decides irte a casa a toda velocidad. Pero, como lo peor de un ataque de ansiedad dura unos pocos minutos, es muy probable que cuando llegues a casa ya te encuentres mejor. De esta forma, tu mente termina por asociar que en casa te encuentras bien, y en dicha tienda te sientes mal. Con lo cual, terminarás evitando volver a ese sitio; así que, en estos casos es mejor quedarte allí y esperar a que se te pase.

Cómo diferenciar un ataque de ansiedad de un infarto

Muchas personas que han pasado por un ataque de ansiedad, han tenido la impresión de que lo que les ocurría, era sin duda un ataque al corazón. Algunos síntomas como la presión en el pecho, el hormigueo, la taquicardia y la sensación de ahogo, son síntomas que pueden aparecer en ambas situaciones.

La ansiedad y sus síntomas

La ansiedad es un estado de malestar e inquietud, que experimenta una persona, ante una situación o un estímulo concreto, y que la persona percibe como peligroso. Ese malestar se puede experimentar en una situación presente, pero lo más normal es que se produzca de manera anticipatoria, es decir, antes de vivir la situación en concreto, sólo por imaginarla. Cuando los niveles de ansiedad llegan a ser muy altos, se puede producir una crisis de pánico. En estas situaciones que percibimos como peligrosas, aparecen unos síntomas como son: taquicardias, hormigueos, dolor en el pecho o en otras partes del cuerpo, la sensación de ahogo, temblor, sudoración, desrealización y despersonalización. La persona con ataque de ansiedad, tiene la sensación de que va a perder el control, y en muchas ocasiones, de que está teniendo un ataque al corazón.

El ataque al corazón y sus síntomas

Como es sabido, el infarto o ataque al corazón, se produce por unas causas físicas, y no por el miedo a una situación o estímulo concreto, ni presentes ni futuros. Lo que sí es verdad es que, si aparecen síntomas de infarto, puede aparecer con ellos el miedo, y por tanto un cuadro de ansiedad. En el caso de infarto los síntomas son: dolor intenso en el pecho, sensación de mareo, fatiga y dolor o adormecimiento del brazo izquierdo, sobre todo en los hombres. Como ves, hay síntomas que se parecen mucho. Sobre todo la presión en el pecho, que es uno de los síntomas que más asusta a las personas con ansiedad; porque es el que más se podría identificar con un infarto. Sin embargo, hay algunas diferencias entre una cosa y la otra, que te explico a continuación.

Diferencias entre ataque de ansiedad y ataque al corazón

Quiero aclararte que, las diferencias que te explicaré ahora, son diferencias en general, pero que podría ser que variasen de una persona a otra. Por lo tanto, para confirmar o descartar que se trata de infarto, es mejor asegurarse, acudiendo a un médico y haciendo las pruebas oportunas.

El tipo y la zona del dolor

Como te decía, es este síntoma el que más se suele asociar con un infarto, y que aparece también en la ansiedad. La diferencia está en que, en el caso del infarto, el dolor en el pecho es muy intenso y opresivo, como si te estuvieran aplastando. Además, se puede dar también dolor en la espalda, cuello y brazo izquierdo, que aumenta al hacer esfuerzos. Cuando el problema es un ataque de ansiedad, el dolor en el pecho es más agudo y punzante, como si te estuvieran clavando algo, pero puede aparecer también en cualquier otra parte del cuerpo y no sólo en el pecho, y no aumenta al hacer algún esfuerzo, cosa que sí ocurre si se trata de un infarto.

La sensación de ahogo

Esta es una diferencia importante entre la ansiedad y los problemas de corazón. Cuando se tiene ansiedad, la frecuencia respiratoria se acelera, llegamos a hiperventilar y a tener la sensación de que nos falta el aire. En un ataque al corazón, por lo general, la frecuencia respiratoria no se altera. Aunque, es posible llegar al punto de no poder respirar, pero lo que no ocurre es que la respiración se acelere.

La duración de los síntomas

En un ataque de ansiedad, los síntomas y sobre todo esa presión en el pecho, pueden durar unos minutos. Aunque depende de cada persona, su duración ronda los diez o quince minutos. Cuando se trata de un ataque al corazón, los síntomas se prolongan durante más tiempo, puede que desaparezcan en un momento, pero en breve vuelven a aparecer. Por supuesto, ante la sospecha de un ataque al corazón, no es conveniente esperar a ver cuánto duran, hay que acudir a urgencias lo antes posible.

La sensación de pérdida de control

Las personas que sufren un ataque de ansiedad, suelen describir la sensación de poder perder el control, de llegar a volverse locas y no poder controlar su propia conducta. No es algo que suceda, pero sí es la sensación que se suele tener. En el caso de un infarto, este síntoma no aparece en absoluto.

Hormigueos y adormecimiento

Esta es otra de las diferencias. En la ansiedad, suelen aparecer hormigueo y adormecimiento en las manos, brazos o piernas. Cuando de lo que se trata es de un ataque al corazón, ese adormecimiento se da exclusivamente en la parte izquierda del cuerpo. Leído con tranquilidad, se pueden ver claramente las diferencias. Claro que, otra cosa muy diferente es estar en pleno ataque de ansiedad. En este caso, no se ven tan claras. De todas formas, es conveniente insistir en que, si se tiene la sospecha de un ataque al corazón, Hay que acudir a un hospital lo antes posible.

Tratamiento de la Ansiedad

Cómo puedes controlar la ansiedad

Hay algunas formas en que se puede controlar la ansiedad, o al menos se puede intentar controlar. Esa ansiedad que, en realidad no nos libra de ningún peligro, porque no lo hay, ni tampoco nos ayuda en alguna tarea en concreto.

Practica alguna técnica de relajación

Para reducir esos síntomas físicos de los que te hablaba más arriba, como la tensión muscular, los dolores de cabeza. E incluso, para ayudarte a conciliar el sueño, puedes poner en práctica alguna técnica de relajación muscular. El mindfulness también puede ser de ayuda para relajarte y enfocarte en el presente.

El control de la respiración

Puesto que la frecuencia respiratoria es una de las primeras cosas que se activan cuando hay ansiedad, puedes aprender algún ejercicio de respiración, como la respiración abdominal, que ayuda a reducir también los niveles de ansiedad.

Haz algo de ejercicio físico

La práctica de ejercicio físico de manera regular, ayuda también a reducir la tensión que provoca la ansiedad que se mantiene durante cierto tiempo.

Reformula tus pensamientos

Esto en psicología se llama reestructuración cognitiva, y consiste en darle a aquello que te preocupa y te pone ansioso, una interpretación más realista. Es decir, menos catastrófica.

Hay algunas situaciones, como puede ser estar en un atasco de tráfico, por ejemplo, que pueden ser molestas e incómodas, pero no catastróficas.

Enfrenta las situaciones

Por último, si hay alguna situación concreta que te produce angustia, lo mejor es enfrentarte a ella y nunca evitarla. Por lo general, siempre es mucho peor pensarlo que hacerlo, por lo tanto, si te enfrentas a la situación, es posible que compruebes que, donde tú creías que había un fiero león, no había más que un gatito inofensivo.

La ansiedad tiene tratamiento

La aparición de algunos síntomas; tales como miedo extremo, sensación de ahogo, taquicardias, insomnio, náuseas, temblores y mareos, es común en todos estos trastornos de ansiedad. Como ves, todos los trastornos de ansiedad terminan limitando la actividad diaria de las personas que los sufren; y además, son trastornos bastante frecuentes.

Existen técnicas muy eficaces para enseñar a la persona con ansiedad a identificar los factores que la desencadenan; así como a eliminar o reducir síntomas molestos como lo es la agitación; a través del entrenamiento en relajación.

Además, se puede ayudar a las personas con ansiedad a entender de qué manera sus pensamientos favorecen la aparición de los síntomas, y a cambiar esas ideas; para ser capaces de enfrentarse de manera gradual a situaciones que le provocan miedo, y que de esta forma puedan llevar una vida normal.

Cómo dejar de pensar en exceso

¿Piensas demasiado? ¿Eres de esas personas que le dan vueltas y vueltas y más vueltas a todo?

Pensar en exceso en todo es un hábito bastante común, pero que en realidad no soluciona nada. Seguro que esto lo has podido comprobar.

A veces nos pasamos mucho tiempo pensando en algo que nos dijeron, o bien en algo que dijimos porque ahora no nos parece que fuera adecuado. Otras veces, pensamos en lo que teníamos que haber dicho y no dijimos.

Cómo dejar de pensar en exceso

Pensamos en cualquier cosa que nos preocupa, porque parece que si pensamos en ello, nos vamos a sentir menos preocupados. O bien, pensamos en todas las opciones de una decisión que debemos tomar, intentando adivinar cuál es la mejor. O tal vez, intentando adivinar qué pasará si elegimos la decisión incorrecta. Serían los tan famosos, “y si…”.

En definitiva, somos capaces de pasarnos horas pensando y pensando y volviendo a pensar, para, finalmente, no haber llegado a ninguna conclusión clara; ni tampoco haber conseguido dejar a un lado la preocupación. Lo que hemos conseguido es perder el tiempo, agotarnos y quedarnos con peor estado de ánimo.

Y esa es justo la diferencia entre pensar y pensar en exceso. Siempre nos han dicho que debemos pensar bien las cosas, y eso no es malo. Pero, estaremos pensando demasiado cuando el pensamiento es repetitivo, no nos aporta soluciones, nos agota y nos hace sentir mal.

Qué consecuencias tiene pensar en exceso

Es evidente que estamos pensando constantemente. El pensamiento es lo que nos permite comprender, reflexionar, imaginar, tomar decisiones…

Sin embargo, cuando llenamos nuestro tiempo, y también nuestra mente, de pensamientos que son improductivos, que son totalmente inútiles, porque no nos aportan nada ni nos llevan a solución alguna, nuestra mente se agota y se bloquea. Por lo tanto, pensar es bueno, siempre y cuando no nos metamos en bucles que no nos solucionan nada.

Además de no solucionar nada con ello, pensar en exceso puede hacer que baje nuestro estado de ánimo. Y es que, cuando le damos demasiadas vueltas a todo, por lo general, no lo hacemos en sentido positivo, sino todo lo contrario.

Lo que solemos pensar es en todas las catástrofes posibles, y eso, claro está, nos deja con un estado de ánimo negativo. Por otra parte, el pensar en exceso tiene consecuencias físicas, como pueden ser la tensión muscular y los dolores de cabeza.

Cómo ves, el pensamiento excesivo te agota, te produce dolor, te deja bajito de ánimo; y además, no te soluciona aquello que tanto te preocupaba.

Cómo puedes dejar de pensar en exceso

Si te sientes identificado con este tema, si consideras que le das demasiadas vueltas a todo para conseguir sólo cansarte y no arreglar nada; hay algunas herramientas que te pueden ayudar a dejar de pensar en exceso.

Te cuento a continuación algunas de ellas. Puedes probar y valorar cuál es la que más te funciona.

Distraerte

Desde luego, distraerte con algo, puede hacer que dejes de dar vueltas a tus pensamientos. Puedes intentarlo cuando veas que lo haces.

Pero claro, no sirve cualquier cosa. Deberás distraerte con algo que requiera toda tu atención, pero al mismo tiempo, que te divierta, te entusiasme y te guste. Si lo intentas con algo que te parece aburrido, o con algo que no requiere demasiada atención, no te servirá de mucho.

Salir a dar un paseo

Esta tarea tan sencilla, puede ser muy eficaz para dejar de dar vueltas a los mismos pensamientos. Fuera de tu entorno habitual, te encontrarás con muchos estímulos, visuales y sonoros, que pueden ayudarte a disipar ese bucle en el que te has metido.

Parar tus pensamientos

Otra herramienta que puede servirte es esta. En el momento en que te des cuenta de que estás pensando más de lo aconsejable, puedes decirte en voz alta algo así como, “bassta!”, o “para!”.

Con esa orden que te das tu mismo, dejas de dar vueltas y te concentras en lo que estás haciendo, o bien en otra cosa. Esto no suele funcionar a la primera, pero con algo de constancia termina funcionando.

Reservar un tiempo para pensar

Esta técnica consiste en todo lo contrario que la anterior. Si en la anterior se trata de prohibirte pensar más de lo necesario, en esta, se trataría de guardar algo de tiempo al día, para dedicarte a pensar. Por ejemplo, puedes proponerte media hora al día, entre las cinco y las cinco y media, para ponerte a pensar en todo eso que te preocupa.

De esta forma, cuando veas que estás pensando mucho fuera de ese horario, la orden sería, “no es el momento, cuando llegue la hora ya lo pensaré”. Lo que es más probable que ocurra, es que llegado ese momento, ni siquiera te apetezca pensarlo.

Transformar esos pensamientos en palabras

Puedes hacer esto, contándole a alguna persona cercana lo que estás pensando, o bien escribiéndolo para ti mismo. Cuando pasas eso que estabas pensando a palabras, te permite poder ordenar tus ideas, hacer un discurso algo más estructurado y por tanto, podrás tener una visión más realista de aquello a lo que le dabas tantas vueltas.

Cambiar el sentido de tus pensamientos

Esta herramienta, funciona sobre todo cuando los pensamientos van dirigidos hacia la catástrofe, es decir, hacia lo peor que podría pasarte. En lugar de enfocarte en lo peor que podría pasar, enfócate en lo mejor que podría suceder.

Si lo piensas bien, nada de lo que imagines que pasará, será totalmente cierto, sólo estás suponiendo. Por lo tanto, pensar en lo mejor que podría pasar, sin duda, te hará sentir mucho mejor que pensar en todo lo contrario.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.