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 Si tienes más de un hijo lo sabes ¿verdad? Las peleas entre ellos se producen un día sí y el otro también. Cualquier cosita es suficiente para que surja una pelea: los juguetes, el canal que se ve en la televisión o dónde se quiere sentar cada uno, por poner sólo unos pocos ejemplos.

Es verdad que si los niños son muy pequeños, las peleas serán pocas. Pero alrededor de los seis años, y aproximadamente hasta los doce, las peleas se intensifican. Eso es algo normal, de hecho, se suele decir que “se pelean como todos los buenos hermanos”.

Pero claro, por muy normal que esto sea, cuando las peleas se dan con frecuencia, muchos padres se desesperan y no saben qué hacer con estas situaciones. Esto es lo que quiero contarte hoy, qué hacer si tus hijos se pelean con frecuencia, porque, esos conflictos entre hermanos, son una buena oportunidad para educarles.  

¿Por qué se pelean los hermanos?

Como te digo, las peleas entre hermanos son normales. Aunque tal vez sería más correcto decir que son habituales. Pero, ¿por qué ocurre esto? Por qué todos los hermanos se pelean?

La razón principal es por celos. Un hermano pequeño, vendrá a bajar de su trono al mayor, que se había acomodado en él, y ahora siente que lo pierde.

Pero además, viene a obligar al mayor a repartir con él la atención de los padres; que hasta entonces había sido sólo suya. Y muchas veces, las peleas son un intento de llamar la atención de los progenitores.

Por lo tanto, es importante que la atención que se les da sea la misma y de la misma calidad, para que cada uno de los niños sienta que tiene su lugar en la familia…y que su hermano no constituye una amenaza, en cuanto a la atención que les prestan sus padres.

La competitividad es otra de las razones por las que los hermanos se pelean. Compiten por ser el primero, por ver quién gana o por quién tiene más poder.

Qué hacer ante las peleas de los hermanos

En primer lugar, es necesario que en la casa existan unas normas de convivencia básicas para todos. Unas normas, que pasarían por el respeto al espacio y a las cosas de los otros. Pero claro, son los padres los que tendrán que dar ejemplo de que esas normas se cumplen.

En el tema de las peleas entre hermanos, una de las grandes dudas de los padres es si deben intervenir en ellas y tomar cartas en el asunto o no.

No intervenir si no es necesario

Pues bien: no es conveniente intervenir nada más empezar el conflicto. Una disputa entre hermanos, es una muy buena oportunidad para que los niños aprendan a negociar y como consecuencia, a resolver los desacuerdos. Por tanto, se les debe dejar un tiempo para que lo gestionen y lo resuelvan; eso sí, siempre que se respeten unas normas. Esas normas deben ser nada de violencia, ni física ni verbal.

No tolerar la violencia

Pero claro, lo extraño es que los hermanos discutan sin llegar a las manos. Y en ese caso, sí que hay que intervenir. Tu intervención en ese momento, no debe ser para resolver el conflicto, sino para separarles; para recordarles que deben arreglar las cosas sin pegarse y para mandarlos a cada uno a una punta de la casa, hasta que se les pase. Verás como no tardan nada en volver a buscarse e intentar negociar.

No perder la calma

Pero recuerda una cosa, esto debes hacerlo sin gritar y manteniendo la calma. No puedes pretender que ellos resuelvan el conflicto de buenas maneras, si tú llegas dando gritos y con actitud agresiva. Cuando el problema lo tienes tú con otra persona de la casa, deberás resolverlo de la misma manera que le pides a tus hijos que lo resuelvan, es decir: negociando y sin agresividad. Recuerda que para ellos eres un modelo a seguir.

Una vez que se hayan calmado, podrías sentarte con ellos para darles la oportunidad de que se expresen y expliquen cuál ha sido el motivo de la pelea. Cuando sepas el motivo de la misma, podrías darles alguna alternativa de cómo solucionarlo. Por ejemplo, si el motivo ha sido el uso de alguna cosa, como un juguete, puedes sugerirle que jueguen con él por turnos.

No culpar a nadie

Es importante que no intentes buscar un culpable, porque lo más probable es que no lo haya. Uno acusará al otro, y el otro al uno. Si buscas un culpable, sólo conseguirás que se creen más rivalidad y celos entre ellos.

Es verdad que hay unos niños más revoltosos que otros; pero si le pones la etiqueta a tus hijos, de que uno es el bueno y el otro el malo, el que supuestamente es el malo se comportará mal para cumplir con tus expectativas.

Por otra parte, si el que, según tú, es el bueno, hace algo mal, debes corregirle de la misma manera en que corriges al otro. La idea sería que ellos no noten absolutamente ninguna diferencia en el trato que les das.

No les compares

Otra cosa importante que debes tener en cuenta, sobre todo para no fomentar su rivalidad, es que no les compares. Ni en lo que hacen, ni en lo que no hacen. Ya sabes, las comparaciones son odiosas.

Cuando las peleas entre ellos son muy frecuentes, tal vez podrías investigar cómo se siente cada uno de ellos con respecto a su hermano. Por ejemplo, puede ser que uno de ellos se sienta menos escuchado, o que se sienta inferior al otro por alguna razón. Esta información te permitirá hacer algo al respecto.

También puedes fomentar las tareas en común, es decir, que hagan algo que requiera de la colaboración de los dos, o de toda la familia,  para que salga bien. Por ejemplo, cocinar un plato que a todos les guste, en el que todos colaboran en alguna parte.

Por último, cuando se trata de niños, es conveniente reforzar las conductas que quieres que se repitan. Por eso, cuando les veas jugar tranquilos, cuando veas que están en armonía, podrías reforzarles diciendo algo así como, “me gusta verles así”, o “me gusta mucho ver que se llevan bien”, por ejemplo.

Rosa Armas

Colegiada T-1670