Cómo tratar a los hijos de mi pareja

hijos de mi pareja

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Esta circunstancia nos la encontramos cada vez con más frecuencia, debido a los cambios sociales de los últimos años. A algunas personas les será indiferente, a otras les podrá parecer algo complicado, pero te aseguro que a muchas personas les da auténtico pánico.

Me refiero a empezar una relación de pareja con una persona que tiene hijos de su anterior relación. Y es que la pregunta más habitual es ¿cómo tengo que tratar a esos niños para que vaya todo bien? ¿Qué tengo que hacer para no caerles mal desde el principio y me vayan a coger manía? 

Hace poco te hablaba de qué puedes hacer si a tus hijos no les gusta tu nueva pareja. Pero, tal vez no sea esa tu situación, tal vez es esta que te acabo de contar, la de que es tu pareja quien tiene hijos y tú no sabes muy bien cómo debes tratar a esos niños. Sobre todo porque no quieres meterte donde no te corresponde y tampoco quieres crear conflictos, pero sí que quieres caerles bien y tener con ellos un trato agradable y cordial, como mínimo.

Y es que es cierto que  no es demasiado fácil saber cómo debes actuar con unos hijos que no son tuyos, pero que al menos por unos días cada cierto tiempo, tendrán que convivir contigo.

Si es este tu caso, puede que no te viniera nada mal alguna orientación. Porque cuando tienes pareja, sin duda tendrás que tratar con su familia alguna que otra vez. Pero si esa pareja tiene hijos, el trato con ellos será casi seguro bastante frecuente, con lo que si consigues llevarte bien con ellos, mucho mejor. 

Desde luego, no tienes la obligación de tener una buena relación con esos niños, o eso puedes pensar tú. Sin embargo, no debes olvidar que, para tu pareja, sus hijos son muy importantes, y si no tienes una buena relación con ellos, al final te puede crear algún que otro problema.

Si estás en una relación con alguien que tiene hijos, se da por hecho que has aceptado esa circunstancia, que tu intención es la de llevarte bien con ellos. Pero a veces no basta sólo con la buena intención, y puede que los niños no te lo pongan nada fácil.

Y puesto que tú eres el adulto, algo tendrás que hacer. Te voy a proponer algunas cosas que es bueno que hagas, y otras que sería mejor que no hicieras. 

En el momento de conocer a ese o esos niños, procura comportarte de manera natural, como eres. Si haces el intento de ser excesivamente simpático/a, o bien si intentass ir de “colega” de los niños, podría ser que obtengas el efecto contrario al que quieres. Así que es mejor que seas lo más natural posible. 

Después de ese primer contacto, déjate llevar por el trato de los niños hacia ti. Es decir, no fuerces la situación, intentando que se acerquen como tú quisieras. Simplemente déja que vayan a su ritmo. 

Si llegas a tener un trato más cercano y frecuente con ellos, esto es lo que deberías tener en cuenta: tu no eres la madre, ni el padre de esos niños. Y tú dirás si claro, eso ya lo sé. ..sí, pero a veces se te puede olvidar.

Lo que quiere decir que tú no eres la madre ni el padre de esos niños, es que hay temas en los que no debes participar, porque ya están sus padres para hacerlo. Esta circunstancia, aunque la tengas muy clara, podría hacerte sentir fuera de lugar en algunas ocasiones. Pero, recuerda, ya tienen unos padres, que son los que se tienen que encargar de las decisiones que afecten a los niños, así que mantente al margen. 

Otra cosa será que tu pareja te pida tu opinión, en ese caso, estás en tu derecho de darla, pero sólo dar tu opinión, la decisión no es tuya. 

Pero claro: como en algunos momentos tienes que convivir con ellos y hacer cosas de madre o padre, como puede ser resolver dudas de sus tareas, hacerles la comida, o regañarles en algunas ocasiones, tú puedes preguntarte ¿dónde están exactamente los límites? ¿hasta dónde puedo llegar y de dónde no puedo pasarme? Pues es una buena pregunta, que deberás resolver con sentido común.  

Te podría ayudar por ejemplo, ante una decisión que afecte a los niños, pensar si en el caso de que fueran tus hijos, preferirías tomar esa decisión tú o no te importaría que la tomara otra persona, en este caso, tu pareja.

Tal vez regañarles si se portan mal sería cosa tuya cuando están contigo, pero decidir si van o no a un campamento de verano, si van o no a alguna actividad extraescolar, por ejemplo, quizás sea una decisión de sus padres.

Con el ejemplo anterior, tal vez te quede más claro hasta dónde puedes llegar, o a partir de dónde ya no es cosa tuya. 

Pero además de eso, hay algo que tendrías que consensuar con tu pareja, y es cuál de los dos les regaña, o cuál es el que les dice qué es lo que hacen mal. 

Es mejor que para esto llegues a un acuerdo con su progenitor, para que ninguno de los dos se sienta  molesto, ni tampoco ignorado. Pero no se trata de que uno les corrija siempre, y el otro nunca. Se trata de que en cada situación, decidáis cuál de los dos es el más adecuado para corregirles o regañarles. 

Tu pareja deberá darte tu lugar

Esto quiere decir que, una vez te presenten a esos niños, tu pareja deberá tratarte como pareja y no como una amistad. Si para ellos eres un amigo, o una amiga, quizás no hagan ni el más mínimo esfuerzo por llevarse bien contigo, e incluso puede que no te hagan ni caso. 

Pero además, darte tu lugar significa también que en esas cosas en las que sí puedes decidir, tu pareja no debe desautorizarte y mucho menos delante de ellos. 

Dales tiempo y ten paciencia

Sin duda querrás llevarte bien con esos niños, querrás que te acepten como uno más de la familia, y eso puede ocurrir, pero tendrás que darles tiempo. Una buena relación no se inicia así porque sí, todo lleva su tiempo. 

Mientras les das ese tiempo, puedes compartir con ellos actividades que les gusten, eso puede ayudar a que se cree ese vínculo, a que la relación se vaya haciendo poco a poco más cercana. Además, hacer actividades todos juntos, en familia, también ayuda a crear emociones y recuerdos positivos, que hacen que se afiance la relación entre todos. 

Pero, si en un principio sientes que te rechazan, tómalo con calma y no te culpes por ello, porque, no sólo depende de ti la buena relación, también depende de los niños. 

Lo más probable sea que con el tiempo lleguen a tenerte cariño y tú a ellos, pero quizás no debes esperar que te quieran como a su madre o a su padre, de la misma manera que tú no tienes por qué quererles como a unos hijos. Así que ni tengas prisa porque te quieran, ni te obligues a quererlos. 

¿Y si nunca llega a haber una relación de cariño entre vosotros?

Esto puede pasar, claro que sí. Puede pasar que el o los niños, no lleguen nunca a tratarte como uno más de la familia. En ese caso, no debes forzar nada y aceptarlo. Las cosas son como son, y cuando se trata de otras personas, no puedes obligarles a que te quieran. Quizás la relación se quede en un trato cordial y nada más. 

Bien, pues si es así, tampoco pasa nada, mantienes un trato cordial y ya está. Como te decía antes, no todo dependerá de ti, así que no te sientas culpable.

Sin duda, leer todo esto es sencillo, pero seguramente vivirlo no lo es tanto. Por lo tanto, y teniendo en cuenta que todas las relaciones no son iguales, ni todos los niños, ni todas las circunstancias, si estás en esta situación y te sientes algo perdido nunca está de más hablarlo con un psicólogo que te oriente. 

Rosa Armas

Colegiada T-1670

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