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Eso de tener que hablar en público, parece que sólo fuera para personas que recorren medio mundo dando conferencias. Pero la realidad es que, podemos encontrarnos en muchas situaciones en las que tenemos que hablar en público.

En el trabajo porque tienes que explicar a tus compañeros un nuevo proyecto, en los estudios porque tienes que exponer un tema al resto de la clase, en una reunión de la comunidad porque quieres plantear un problema que tienes, en una clase, de lo que sea, porque te gustaría preguntar una duda pero no te atreves a hablar ante tanta gente, o bien, porque se casa tu mejor amiga y te gustaría darle una sorpresa el día de su boda hablando de lo mucho que la quieres.

En definitiva, podemos vernos en multitud de situaciones en las que no nos quede otra que hablar en público.

Podría ser que tengas que enfrentarte pronto a una de estas  situaciones, o a cualquier otra parecida, y, cada vez que te acuerdas, te da un vuelco el estómago, porque no estás seguro de poder afrontar ese momento. Piensas que vas a estar muy pero muy nervioso, o que vas a hacer el ridículo, que vas a decir algo que no sea apropiado, o que ni siquiera vas a poder hablar.

Esto, es muy frecuente. Le ocurre a mucha gente a la hora de hablar delante de un grupo de personas. Por eso, quiero proponerte algunas ideas que pueden ayudarte a superar ese momento un poco mejor.

La glosofobia o el miedo a hablar en público

Como te decía, este miedo es muy frecuente y, ante una situación de este tipo, se suele sentir una gran ansiedad. Sin duda, la emoción que se siente principalmente es la del miedo, sobre todo el miedo a hacer el ridículo.

Los síntomas físicos que nos produce ese miedo, seguro los habrás vivido. Te tiemblan las manos, te tiembla la voz, sudas, las pulsaciones te van a mil, sientes sofoco y hasta calor, estás muy tenso y sientes que no vas a acordarte de todo lo que quieres decir. Todas estas reacciones, no son sino la expresión de tu cuerpo, ante lo que tu mente interpreta como una situación de auténtico peligro.

Si lo piensas bien, hablar en público no es una situación que conlleve un peligro real. Sin embargo, nuestra mente sí que lo interpreta como un peligro, sentimos miedo a ser evaluados de manera negativa, a quedarnos en blanco y no saber qué decir, incluso algunas personas, pueden tener miedo a que los demás noten que están nerviosos. Lo que indica todo esto, es que son nuestros pensamientos los que generan esa emoción de miedo, y que por tanto, son los pensamientos los que tendríamos que controlar.

Elementos que van a influir en tu nivel de ansiedad.

Hay varios factores que pueden hacer que, ante estas situaciones, estés más o menos nervioso.

Alguno de esos elementos son externos. Por ejemplo, si la cantidad de personas ante las que tienes que hablar son muchas, estarás más ansioso que si es un grupo más pequeño. Si son personas desconocidas, también será peor que si son conocidas. Como te digo, estos son factores externos, con lo que no podrás controlarlos. Por lo tanto, será mejor que intentes controlar los internos, que te los cuento ahora y que sí que puedes controlar.

Los factores internos que son los más fáciles de poder controlar, son estos:

 Piensas que tienes que hacerlo perfecto. Si tienes esta idea, será mucho mejor que la deseches, porque no; no tienes que hacerlo perfecto. De hecho, seguro que has estado en alguna charla donde el ponente se ha equivocado en algo y no ha pasado nada. Pues si te ocurre a ti, tampoco va a pasar nada, te lo aseguro.

 El miedo a hacer el ridículo o a que lo vas a hacer fatal, son otras ideas que no son reales en absoluto. Cuando tú estás exponiendo algo, los demás te escuchan, simplemente. No haces ningún ridículo. Igual que no lo hace cualquier otra persona a la que hayas escuchado. Y, hacerlo fatal, puedes evitarlo si lo que has de decir lo llevas bien preparado.

Algunas técnicas que te pueden ayudar.

Además de intentar racionalizar esas ideas catastrofistas, hay algunas otras cosas que debes tener en cuenta y que pueden ayudarte a la hora de hablar en público.

Tener algo de nervios en esa situación, es algo normal que le ocurre hasta a los mejores oradores. Así que, entiende que es lo normal y no te dejes condicionar por ellos, si estás algo nervioso, significa que te importa lo que vas a hacer. Si te diera igual, no te pondrías nervioso.

Piénsalo bien, en realidad no es una situación peligrosa. Pues no, para nada. No corres ningún peligro. Así que no intentes adivinar lo que pensarán de ti, que seguro es lo que más te preocupa, porque no lo adivinarás. 

Prepara bien lo que quieres decir y practícalo. Cuando te preparas muy bien lo que quieres decir, si llevas en tu cabeza un esquema de las ideas más importantes que quieres transmitir, irás con mucha más seguridad, y eso, reduce el miedo.    Pero no se trata de memorizar palabra por palabra ,y repetirlo como un loro. Se trata de tener claras las ideas, después lo dirás como te salga en ese momento. Si lo memorizas todo y se te olvida una frase, no podrás   seguir.

  Intenta controlar la manera en la que hablas. Con esto quiero decir que modules la velocidad, ni demasiado lento ni demasiado rápido, si consigues hablar de manera pausada, tú sabrás el miedo y los nervios que tienes, pero los que te escuchan no se darán ni cuenta. 

Piensa que, los que te escuchan, no están allí para juzgarte o para examinarte, sino que lo que están es interessados en conocer lo que quieres transmitir. Pero descuida, si hay alguien que no está interesado, no te preocupes, ni te escuchará.

Todo lo anterior es muy probable que no evite tus nervios a la hora de hablar en público. Pero sí que puede ayudarte a enfrentar la situación con algo más de seguridad. Y recuerda, no es una situación en la que corras ningún peligro, por lo tanto, no viene a cuento que sientas miedo.

 Rosa Armas

Colegiada T-1670