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Cuantas veces, a lo largo de nuestra vida, habremos tenido esta sensación: la sensación de frustración porque no hemos podido conseguir eso que queríamos. Eso que sabíamos que requería tiempo y esfuerzo, y a pesar de habérselo dedicado, no pudimos conseguirlo. 

La sensación de haber fracasado nos produce frustración, que puede ser más o menos intensa. Para algunas personas, el hecho de no poder alcanzar ese objetivo tal vez no sea más que una simple molestia. Para otras en cambio, puede ser una auténtica catástrofe que tardarán un tiempo en poder digerir; pero qué además les dejará una sensación de fracaso, y una gran desmotivación para intentar alcanzar otros objetivos. 

Si consideras que eres una de esas personas, de esas que lo pasan verdaderamente mal cuando no logran lo que se habían propuesto, es decir, que no saben cómo gestionar la frustración: quiero proponerte algunas ideas que te ayudarán a llevarlo un poco mejor. 

¿Qué es la frustración?

Pero vamos a empezar por definir qué es exactamente eso de la frustración, que es un término que hemos oído en muchas ocasiones. 

La frustración es una emoción que solemos percibir como negativa, y que se produce cuando no hemos podido alcanzar una meta, un objetivo o un deseo, para el que nos habíamos esforzado.

La frustración también se puede producir cuando hay una situación externa que nos afecta, y por supuesto, nos desagrada. 

Dicho de otra manera: la frustración está relacionada con la capacidad que tenemos para gestionar nuestras emociones, ante nuestros fracasos o limitaciones. Esa emoción suele ir acompañada de sentimientos de impotencia, pero también de la sensación de fracaso. 

Por lo general, cuando una persona adulta no es capaz de tolerar la frustración, es porque no se le enseñó desde pequeño. Si por la forma en que nos han educado no hemos aprendido que hay cosas que vamos a poder obtener, pero que hay otras que no, terminaremos siendo adultos intolerantes a esa frustración; que se producirá cuando no logremos lo que queríamos lograr. 

¿Cuales son los tipos de frustración?

Bueno… he llamado así a este punto. Pero la realidad es que no es exacto, porque no es que existan varios tipos de frustración. Lo que existen, son diferentes motivos por los que sentimos esa frustración. Y está bien conocer de dónde viene nuestra frustración, para saber qué grado de control tenemos. 

  • Uno de los motivos es interno. Es decir, la diferencia entre el esfuerzo que hemos hecho y el resultado que hemos obtenido. El resultado obtenido no se corresponde con el gran esfuerzo que hemos hecho. Quizás porque no hemos valorado correctamente nuestras capacidades, o tal vez, porque nos planteamos una meta poco realista. 
  • El otro motivo es externo, y aquí no tienes demasiado control.  Se produce cuando hay una situación externa que te genera esa frustración, como puede ser una enfermedad, o algo mucho más sencillo como encontrarte un atasco de tráfico, cuando llegas tarde al trabajo. Pero puede ser cualquier otra situación que se escapa de tu control y que te impide alcanzar una meta, la que te produzca esa emoción. 

Sea interno o externo el motivo de la misma, hay un síntoma claro de que la estás sintiendo y es, la agresividad. Detrás de cualquier conducta agresiva, hay, sin duda, frustración, pero claro,esto se produce cuando no tenemos otra estrategia para gestionarla.  

¿Cómo gestionar la frustración?

Como te digo, la agresividad es la primera reacción que solemos tener ante la frustración. Sin embargo, hay otras maneras de reducirla que siempre serán un poco más saludables. 

Desarrollar la capacidad de aceptación

La primera de las ideas, es la que suele funcionar para muchas de las emociones que nos resultan desagradables: y es aceptar. Aceptar suele ser muchas veces la palabra mágica.

En este caso, aceptar que no siempre podremos obtener lo que queremos. O al menos que en ese momento concreto, o bien con el esfuerzo hecho, no ha podido ser.

Pero también, que quizás si buscamos otras vías de actuación, sí que podamos conseguirlo. En definitiva, se trataría de aceptar, que la manera en que hemos actuado, tal vez  no era la mejor para alcanzar ese objetivo, pero que quizás buscando otra, si que podamos lograrlo. 

Establecer nuevas metas

Pero claro, en muchas ocasiones no hay vías alternativas. A veces, simplemente no es posible alcanzar lo que queremos. Y en ese caso lo más sano sería plantearte si puedes vivir sin eso que tanto deseabas.

Por otra parte, puedes establecer otras metas que también puedan hacerte feliz, que sin duda, habrá otras muchas. Eso sí, todas las metas que te propongas, deberás plantearlas de una manera realista: si no es así irás pasando de una frustración a otra. 

Lo que sí que no debes hacer, ni creer, es que si has fracasado en un objetivo, fracasarás siempre en todos. Porque eso, simplemente no es verdad. 

Visto todo lo anterior, si no has conseguido alguna de las metas que te habías propuesto para tu vida, no permitas que eso te amargue la existencia. Busca otras metas que puedan hacerte feliz, sin duda, hay muchas más. 

Rosa Armas 

Colegiada T-1670