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Todos, en alguna ocasión, hemos sentido cierta desconfianza hacia alguien, sin saber muy bien qué es lo que nos hizo desconfiar. Tal vez una mirada, una frase, o un gesto que provocó en nosotros la activación de esa pequeña alerta; que nos avisa de que puede que estemos ante una persona que no es de fiar.

Esta, vamos a llamarla intuición, en algunas ocasiones se cumple y comprobamos que teníamos razón al desconfiar. MIentras que en otras ocasiones en cambio, nos damos cuenta de que nuestra suspicacia no tenía ningún sentido y que no había por qué desconfiar. Y esto es bastante frecuente que ocurra.

El problema está en esas personas que desconfían de todo el mundo y,  sin tener la información suficiente para ello. A veces, provocada por alguna mala experiencia que se termina generalizando; otras veces, porque sencillamente es su manera de funcionar.

Sin embargo, esta desconfianza constante y generalizada, genera muchos inconvenientes a la hora de la relación con otras personas.

Cómo se comporta una persona excesivamente desconfiada

Una persona desconfiada en exceso, tiene una serie de actitudes y comportamientos que te cuento ahora.

  • Está totalmente convencida de que los demás le van a engañar, se van a aprovechar de ella o le van a hacer algún daño.
  • Tiene muchas dudas, por lo general no justificadas, acerca de la lealtad de las personas que le rodean, como son amigos o compañeros de trabajo. Por ello, observan constantemente la conducta de esas personas, para encontrar los indicios que le confirmen sus sospechas.
  • Por supuesto, una persona muy desconfiada, no compartirá con los demás información de su vida personal. Su creencia es que, compartir ese tipo de información le traerá problemas, porque, supone que será utilizada en su contra.
  • En cualquier gesto, detalle o comentario de otra persona, pueden ver claramente la mala intención, o bien la amenaza. Un error cometido por otra persona, lo interpretan como una acción deliberada para fastidiarles. Un comentario en tono de broma, como un ataque directo hacia ellos. Un elogio, sin duda lo interpretará como una ironía malintencionada. Y, la oferta de cualquier ayuda, la interpretan como una crítica a su mala gestión.
  • Si alguna vez recibieron alguna ofensa o mal gesto, tardan mucho tiempo en olvidarlo y sienten un gran rencor y hostilidad hacia esa persona en cuestión. Y, como están tan convencidos de que los demás lo que tienen es mala intención, se sienten atacados con mucha frecuencia.
  • Cuando perciben que han sido despreciados, y esto les ocurre muchas veces, Su reacción es rápida y agresiva, pero también pueden reaccionar poniendo distancia con los demás, una distancia que es claramente hostil.  Por esta razón, no es fácil tener una buena relación con estas personas.
  • Su excesiva suspicacia y su búsqueda constante de amenazas, hace que sean personas muy reservadas, pero sobre todo, hostiles e irónicas.

En realidad, todas estas conductas hacen que la persona desconfiada lo pase muy mal. No consigue relacionarse de manera relajada con nadie, porque está siempre esperando  una traición.

Cuáles son los inconvenientes del exceso de desconfianza

Por supuesto que, de entrada, no debemos fiarnos absolutamente de todo y de todo el mundo. Esto podría causarnos algún que otro problema. Sin embargo, desconfiar de todo, de todos y en todo momento, también nos puede traer más de uno.

La principal función que tiene la desconfianza es la de protegernos, y eso, no es malo en absoluto. Pero, la desconfianza llevada al extremo, indica que, esa persona que la tiene, se siente muy vulnerable y no se ve con la capacidad para defenderse.

Esta actitud de extrema protección, hará que los demás  se comporten de forma poco natural: con lo que el desconfiado cree haber confirmado sus hipótesis. Y esto intensificará aún más su desconfianza. Como consecuencia, la persona desconfiada no podrá tener relaciones sociales satisfactorias, además de vivir en tensión todo el tiempo, por miedo a ser herida.

Qué hacer con el exceso de desconfianza

Como en casi todo, lo ideal sería buscar el término medio. Porque ser muy desconfiado te puede librar de algunas malas experiencias, es verdad; pero también evita que tengas buenas relaciones y que puedas conectar y comunicarte de manera adecuada con los que te rodean.

Para poder lograr ese término medio que sería el ideal, piensa que, tanto para confiar en alguien, como para desconfiar de alguien, necesitarás un poco de tiempo. Tiempo para poder conocer un poco mejor a quien tienes delante, y después decidir si merece o no tu confianza. Porque así, de entrada, no es bueno confiar del todo, pero tampoco lo es desconfiar del todo.

  Mientras te das ese tiempo para conocer a las personas que no conoces bien, es mejor que te fijes en sus actos y no tengas en cuenta tus creencias. Lo que hagan, cómo te tratan y cómo se comportan contigo, es lo que te hará saber si son merecedoras de tu confianza. Si consigues hacer esto, podrás relacionarte con los demás de manera más relajada y evitarás estar a la defensiva todo el tiempo, que siempre aumentará tu tensión y nivel de alerta.

Rosa Armas

Colegiada T-1670