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Ya sabemos que nuestras emociones varían mucho a lo largo de un solo día. Podemos sentirnos tristes en un momento determinado, por un motivo concreto, pero tal vez, unas horas después, podemos sentir una gran alegría, o quizás, una intensa rabia.

Esto es muy normal claro dependiendo de lo que estemos viviendo, dependiendo de lo que nos ocurra en cada momento y cómo lo interpretemos, sentiremos unas emociones u otras. 

Y además de ser algo natural e inevitable, es verdad también que cada emoción tiene su función adaptativa. Incluso aquellas a las que denominamos emociones negativas, tienen una función importante para nosotros.

Sin embargo, cuando esas emociones negativas como la tristeza, la ira o la ansiedad, alcanzan niveles muy altos y esos niveles se mantienen durante mucho tiempo, pueden provocar algunos problemas de salud tanto a nivel psicológico (un trastorno de ansiedad o depresión, por ejemplo) como llegar a producir una enfermedad física. 

Por lo tanto, las emociones nos resultan adaptativas a los seres humanos. Pero cuando no las gestionamos de manera correcta, pueden provocar que enfermemos. Es de esto de lo que quiero hablarte en esta ocasión. De cómo las emociones mal gestionadas pueden afectar a nuestra salud, tanto a la psicológica como a la física. 

Relación entre la emoción y las reacciones físicas. 

Crees que nuestras emociones tienen alguna influencia en nuestras reacciones y en las enfermedades físicas? Bueno, durante mucho tiempo, la medicina tradicional consideró que no había ninguna relación entre ellas. Sin embargo, investigaciones hechas en los últimos tiempos, han demostrado que nuestro estado de ánimo, puede ser la causa de algunas enfermedades, puede agravar alguna de ellas, o, por el contrario, puede ser una de las causas que nos sirva para mejorar. 

Está claro que, las emociones, sobre todo las emociones básicas, nos provocan una reacción psicológica, pero también unos síntomas físicos. El miedo por ejemplo, nos genera ansiedad por supuesto, pero también nos provoca reacciones físicas inmediatas como aumento del ritmo cardíaco, aumenta la presión arterial, nos dilata las pupilas y además, hace que aumenten nuestros niveles de glucosa en sangre. Algo parecido ocurre con la emoción de la rabia, por ejemplo. Sin embargo, estas reacciones fisiológicas, no son lo único físico que puede provocarnos las emociones. Algunas de ellas, sobre todo las que identificamos como negativas, cuando se mantienen en el tiempo, hacen más vulnerable nuestro sistema inmunológico, pudiendo conseguir que enfermemos.

Las emociones y las enfermedades físicas.

Cada vez parece estar más claro que, detrás de una enfermedad física, hay emociones persistentes y mal gestionadas. Algunas investigaciones afirman que, alrededor del cincuenta por ciento de las enfermedades físicas, tienen un origen emocional. Sin embargo, otros estudios hablan del ochenta por ciento.

Y es que los altos niveles de estrés mantenidos durante mucho tiempo, por ejemplo, causan multitud de enfermedades…sobre todo, de los problemas cardiovasculares. Y es que nuestro cuerpo está preparado para soportar el estrés, pero no para soportar el estrés continuado. 

Algunos expertos aseguran que las emociones como el miedo, la rabia o la tristeza, cuando no se gestionan adecuadamente, cuando se mantienen durante mucho tiempo, e incluso cuando se reprimen y no se expresan en el momento adecuado (ni de la manera adecuada) son capaces de producir alteraciones en el funcionamiento del organismo, que dan lugar a enfermedades físicas: como procesos inflamatorios, dolores de espalda o de cabeza, alteración en el sistema inmunológico o problemas de colon, por ejemplo. 

  • Las alteraciones cardiovasculares, así como los trastornos gástricos o la hipertensión, están relacionados, como te decía, con el estrés crónico, pero también con el estado permanente de mal humor, la irritabilidad y la impaciencia, tres emociones que son muy frecuentes en la actualidad, debido a las prisas y la sobrecarga de obligaciones que tienen muchas personas. 
  • Algunos problemas de piel o dolores musculares, están asociados con altos niveles de ansiedad. Y, el dolor en general, se asocia con los sentimientos de culpa. 
  • Sin embargo, se han asociado algunos dolores en una parte concreta del cuerpo , con ciertas emociones. Por ejemplo, los dolores de espalda y hombros, se han asociado a cargas emocionales como culpa y vergüenza. El dolor en el pecho, con emociones de miedo, tristeza y angustia. Los dolores en el cuello se relacionan con la ausencia de perdón, pero también con los problemas para expresar emociones. 
  • Por otra parte, la afonía, se ha asociado con la incapacidad para decir todo lo que queríamos decir. 
  • Parece ser también que, la intensidad en algunas emociones negativas, se verán reflejadas claramente en el estado de nuestra piel. Algunas alteraciones en la misma como pueden ser, picores, sequedad, agrietamiento, cambios  de color o ronchas, que no tienen una explicación fisiológica, pueden tener una causa emocional. 
  • Para la medicina tradicional china, algunas emociones pueden alterar algunos órganos de nuestro cuerpo, o al funcionamiento de los mismos. Por ejemplo, la tristeza altera el sistema inmunológico y nos predispone para sufrir alteraciones digestivas. La rabia, puede alterar al hígado, además de provocar tensión muscular, y dolores, debido a esa tensión. 
  • Además de todo esto, cuando estamos pasando por estados emocionales intensos, solemos dejar a un lado aquellos hábitos saludables que teníamos, e incluso adoptar otros que llegan a ser dañinos, como algunas adicciones, por ejemplo. Y esto, también tiene como consecuencia alteraciones en nuestra salud. 

Acciones saludables 

Seguramente no todas las enfermedades físicas tienen un origen emocional, pero, parece ser que muchas de ellas sí que lo tienen. No podemos evitar que nos ocurran ciertos  acontecimientos, que provoquen en nosotros emociones negativas. Eso es normal. 

Sin embargo, lo adecuado sería tal vez, aprender a gestionar esas emociones. Aprender a expresarlas en el momento adecuado, y de la manera adecuada, es decir, no reprimirlas, pero tampoco expresarlas con exageración, ni mantenerlas durante mucho tiempo. 

Aprender a gestionar el estrés, para que no se convierta en estrés crónico. Tener cuidado con la impaciencia, dosificar el mal humor y decir lo que nos molesta, de una forma adecuada y sin dramatizar, manteniendo la emoción negativa, sólo lo imprescindible. 

Para todo ello, quizás tendríamos también que aprender a escucharnos, para poder ser conscientes de cuáles son nuestrass emociones en cada momento, y de esta manera, gestionarlas lo mejor posible. 

Aún así, si te sientes desbordado por emociones negativas que no sabes cómo gestionar y que no te dejan encontrar la serenidad, consultarlo con un psicólogo siempre puede ser de gran ayuda. 

Rosa Armas

Colegiada T-1670