Como ya sabrás, la empatía es la capacidad que tiene una persona de ponerse en el lugar de otra. Y, si bien es cierto que es una cualidad muy valorada y bien vista, también es cierto que no es tan fácil tenerla.

No es fácil, porque ponerse en el lugar de otra persona, cuando ese lugar ya está ocupado por esa persona, es realmente complicado.

desgaste por empatía

Lo que quiero decir con esto es que podemos tener cierta empatía, es verdad. Podemos llegar a comprender bastante bien lo que le ocurre a otra persona, y así estar a su lado y apoyarla. Pero ponernos al cien por cien en el lugar del otro, no es nada fácil…puede que hasta sea imposible.

Sin embargo, hay personas a las que sí les pasa. Personas que son tan empáticas, que llegan a asumir como propios los problemas que tienen los demás, sobre todo la gente más cercana.

Pero no es que sólo se preocupen, que eso sería lo normal, sino que literalmente sufren por los problemas ajenos. Pueden por tanto, desarrollar lo que se conoce como el síndrome de desgaste por empatía; también llamado fatiga por compasión.

Qué es el síndrome de desgaste por empatía

El síndrome de desgaste por empatía se da con mayor frecuencia en profesionales de la salud; que están en contacto permanente con personas que sufren, ya sea de problemas físicos o psicológicos. Pero se da también en otras personas, aquellas que son excesivamente sensibles y empáticas.

Como decía, este síndrome consiste en adoptar los problemas ajenos como si fueran tuyos. Y por tanto, sufrir por ellos. Pero, no sólo se sufre por los problemas de los otros; sino que se dejan a un lado los propios.

Y si bien la empatía es una cualidad positiva, habría que buscar un término medio para que siga siendo positiva. En caso contrario, será perjudicial para la persona empática.

Cuáles son los síntomas del síndrome de desgaste por empatía

La persona que está sufriendo este síndrome, suele presentar unos síntomas como los siguientes:

  • Piensa constantemente en los problemas que tienen las personas cercanas a ella.
  • Presenta un estado de nervios constante.
  • Tiene cambios de humor repentinos y bruscos, además de gran irascibilidad.
  • Problemas para conciliar o para mantener el sueño, así como dificultades para concentrarse.
  • Sentimientos de culpa y anhedonia, es decir, problemas para experimentar sensaciones placenteras y falta de interés por cualquier actividad.
  • Además, la persona puede sentir ansiedad, estrés, por supuesto tristeza y un gran cansancio físico.

Qué hacer si sufres de desgaste por empatía

Es lógico que, cuando una persona cercana y querida para nosotros, está pasando por una situación complicada, ésto nos afecte de manera negativa. El problema es que nos afecte negativamente durante mucho tiempo, porque, en ese caso, estaremos tan mal como esa persona, con lo que no vamos a ser capaces de ayudarle.

La verdadera empatía aparece cuando somos capaces de poner cierta distancia Y así, apoyarle y ayudarle en lo que podamos. Y claro, la pregunta es entonces, cómo llegar a ese punto medio? Qué hacer en esos casos? Ya te adelanto que, en realidad no se trata de “hacer”, más bien se trata de cambiar algunas ideas.

No creas que la clave está en que no sientas lo malo que le pueda ocurrir a tu gente más cercana. Si no lo sientes, es que eres una piedra. La idea es que además de sentirlo, entiendas que los problemas y las situaciones desagradables, los vivimos todos, que forman parte de la vida y que no se los puedes evitar, pero que tampoco puedes hacerte cargo de todos ellos.

Cuando quieres hacer esto, cuando quieres hacerte cargo de los problemas de los demás, estáss adoptando el papel de salvador del mundo. Y, adoptar el papel de salvador, no te permite ver que, esa persona que está pasando por una situación difícil, o por una experiencia vital complicada, tiene, igual que tenemos todos, recursos propios para superar y afrontar esa experiencia que le ha tocado vivir. En el caso de que no los tenga, tendrá que desarrollarlos y entrenarlos.

Además, adoptar el papel de salvador del otro, no le dejará aprender de sus propias experiencias, que es lo que nos pasa a todos con las nuestras. Las situaciones adversas, nos permiten crecer, aprender y entrenar nuestros recursos y nuestras habilidades. Si asumes tú un problema de otra persona, no le permitirás crecer ni aprender. Por tanto, creer que puedes hacerte cargo de los problemas de los demás, no sólo no es verdad, sino que no es bueno, ni para ti, ni para los que lo tienen.

Cuando alguien cercano te cuente un problema que está teniendo, lo único que tienes que hacer es escucharle. En lugar de estar pensando lo que vas a hacer para solucionárselo, sólo escucha. Después de escuchar lo que ocurre, anímale, dile que podrá superarlo, que tiene la capacidad para afrontarlo, ofrécete por si necesita alguna ayuda, pero no te hagas responsable del problema. El único responsable de un problema es quien lo tiene.

No pienses que eso es egoísmo. Con esto, le estarás dando la posibilidad de aprender y de fortalecerse. Si por el contrario te haces cargo tú de la situación, sin saberlo ni quererlo, le estarás haciendo más débil.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.