¿Nadie dijo que las relaciones de pareja y la convivencia fueran fáciles verdad?

Pues no, no lo son. Siempre hay algún conflicto, algún desacuerdo y alguna que otra pelea. Y, no es suficiente con querernos mucho para evitar todas estas cosas; de hecho, no se pueden evitar ni siquiera con mucho amor.

Cada relación es tan particular, y a la vez tan compleja, que son muy diversos los motivos por los que una pareja puede decidir acudir a terapia juntos.

cuando acudir a terapia de pareja

Es cierto que llegar a tomar la decisión de ir a terapia de pareja no siempre es fácil. En primer lugar porque se intenta arreglar en casa el posible problema;pero también porque muchas veces uno de los miembros de la pareja quisiera pedir esa ayuda, pero el otro no. Otras veces, sí que están los dos de acuerdo; y la opción de la terapia es un último cartucho antes de tomar otra decisión más tajante, como sería la separación.

La terapia de pareja puede ser de gran utilidad para solventar ciertos problemas en la pareja. Y aún en el caso de que uno de los dos no quiera participar de esa terapia, y dependiendo del problema de que se trate, que acuda uno solo de ellos y que éste cambie ciertas conductas, podría servir para que se solucione el problema. No siempre es así, pero en algunas ocasiones sí que lo es.

Cuándo acudir a terapia de pareja

En términos generales, se debe optar por hacer una terapia de pareja, cuando uno, o los dos miembros de la pareja, no están satisfechos con la relación. Cuando se tiene la percepción de que la relación se está deteriorando, y que no se tienen recursos para ponerle remedio.

Además de esto; si la decisión es conjunta y acuden los dos a la terapia, mucho mejor. Es decir, si los dos están de acuerdo en que existe un problema y los dos quieren resolverlo.

Para que la terapia de pareja tenga éxito, es necesario que los dos miembros pongan de su parte y lleven a cabo los cambios necesarios. Además, si se acude en cuanto se percibe que las cosas no van bien del todo, es más probable que se solucione de manera favorable, que si se deja pasar demasiado tiempo; esperando que se arregle por arte de magia.

De forma más concreta, los motivos por los que acudir a terapia conjunta son los siguientes.

Cuando las discusiones son continuas

Algunas parejas pueden pasar por temporadas en las que discutan por todo, y a veces hasta por nada. Pero puede que no sea sólo una temporada, sino que sea la tónica general de la relación. Esa circunstancia hace que la pareja se agote y que perciba su relación como muy deteriorada.

En muchas ocasiones, la causa de que cualquier interacción termine en conflicto, está en las cosas que se le dicen al otro, y la manera en la que se le dicen. Por esto, aprender a decirle al otro lo que se le quiere decir, pero de forma más adecuada; aprender a escuchar a la otra parte, y aprender a negociar con la pareja, pueden servir para que la relación y la convivencia sean más fáciles.

Cuando se ve afectada la parte sexual de la pareja

A veces ocurre que hay un problema de tipo sexual desde el inicio de la relación y se ha pensado que con el paso del tiempo se solucionaría. Sin embargo, lo más frecuente es que el problema en la sexualidad aparezca con el paso del tiempo, como es la falta de apetito sexual, por ejemplo.

En estos casos, la terapia aporta estrategias que facilitan a la pareja, poder recuperar su vida sexual. Si no con la misma intensidad que al principio de la relación, porque eso es casi imposible, sí que les permite retomarla de una forma satisfactoria para las dos partes.

Cuando ha habido una infidelidad

Pero esto, siempre y cuando la persona a la que se le ha sido infiel, quiera perdonar dicha infidelidad y continuar con la relación. En estos casos, existen muchas emociones que hay que aprender a gestionar, como por ejemplo la rabia y la tristeza.

Además de esto, serán necesarias algunas herramientas para poder recuperar la confianza en la pareja. Si no se acude a terapia en casos como éste, aún cuando se ha decidido perdonar, es probable que aparezcan emociones y conductas como la frustración, la rabia y los reproches, que convierten la relación en un infierno.

Cuando se ha instalado en la relación el aburrimiento

En algunas ocasiones, sobre todo en las relaciones de muchos años, no existe un problema que la pareja sepa definir con exactitud. Pero sí que puede haber, en el día a día y la convivencia, cierta desilusión o desánimo.

Lo más frecuente en estos casos, es que en la relación, se haya instalado la monotonía y la rutina. Es posible que la pareja en cuestión, ni siquiera sea consciente de cuál es el motivo de ese desánimo. La terapia de pareja puede aportarles estrategias, para que su relación pueda recuperar la ilusión que se va perdiendo con el paso de los años.

Cuando ocurren acontecimientos puntuales

Otras veces, tienen lugar ciertos acontecimientos que, a pesar de que no están relacionados con la pareja, sí que pueden terminar afectándoles.

Puede afectarles, por ejemplo, el que uno de ellos se haya quedado sin trabajo; que alguno haya perdido a un ser querido, e incluso a veces, la llegada de un hijo puede ser la causa de cierta inestabilidad en la pareja.

Para casos como éstos, o parecidos, también es muy útil la terapia de pareja: ya que puede aportar estrategias para que dicho acontecimiento no termine por minar la relación.

Cuándo no acudir a terapia de pareja

Por supuesto, cada uno puede pedir ayuda cuando lo crea oportuno. Sin embargo, hay alguna situación en la pareja, una en concreto, en la que la terapia no sirve para nada.

Esa situación es cuando por una de las partes, o por las dos, se ha acabado el amor. Cuando esto ocurre, cuando ya no hay amor, una terapia resulta absolutamente inútil.

Por otra parte, hay relaciones de pareja en las que existe el maltrato y eso lo sabemos todos. En este caso, es mejor no optar por la terapia de pareja, lo mejor es poner denuncia y tierra de por medio.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.

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