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Las decisiones que tomamos, los comportamientos que tenemos, las actitudes hacia una situación u otra, están determinadas por las ideas preconcebidas que tenemos.

Estas ideas pueden facilitarnos el desarrollo personal, social y laboral. Pero, dependiendo de cuáles sean esas ideas, también pueden entorpecerlo.

A estas ideas que llegan a dificultar nuestro desarrollo, nuestro crecimiento personal y que pueden impedir que alcancemos nuestros objetivos, se las llama creencias limitantes; y es de esas creencias de las que quiero hablarte en esta ocasión. 

Las creencias limitantes

Una creencia es una idea que se considera verdadera y válida, y que muchas veces añadimos a nuestra forma de funcionar sin cuestionarnos si realmente es verdadera o no. 

Las creencias limitantes son una serie de pensamientos que tenemos guardados en el inconsciente, y que por lo tanto no son tan fáciles de identificar…pero que consiguen influir en nuestras conductas, en nuestras actitudes y hasta en nuestras decisiones.

Las creencias limitantes nos impiden o dificultan desarrollarnos como quisiéramos en algunos ámbitos de nuestra vida. Las creencias limitantes nos mantienen en nuestra zona de confort, y por tanto, intentan evitar que nos pongamos en peligro: peligros que la mayoría de las veces no son reales. 

Por lo general, estas creencias se forman ya desde la infancia; aunque hay algunas que se crean a otras edades, por alguna interpretación errónea que hemos hecho de una situación concreta.  

Pero incluso hay algunas ideas que se nos han transmitido a nivel social y hasta a nivel familiar, esas que no están escritas en ninguna parte; pero que se han convertido, de tanto repetirlas, en supuestas verdades absolutas y que hemos llegado hasta a heredar. 

Imagínate, por ejemplo, que tienes la creencia de que debes hacerlo todo perfecto: porque equivocarte, significa que has fracasado. En este caso, no sólo desarrollarás el perfeccionismo; sino que éste te llevará a no intentar hacer algunas cosas en las que no te sientas seguro, y de esta manera, evitar equivocarte y por tanto ese “fracaso”.

Claro que también dejarás de aprender: que es exactamente la función que tienen los errores. Este es un ejemplo de creencia limitante que suele formarse desde la infancia; casi siempre por la exigencia que algunos padres ejercen con sus hijos, el “tienes que hacerlo bien”, o peor aún, “tienes que hacerlo perfecto”.  

Estos mandatos se quedan instalados en el inconsciente, y la persona actuará de acuerdo a esa creencia toda la vida. 

Pero hay otras creencias limitantes que, como te decía, se forman después: por la interpretación que hacemos de ciertas situaciones.

Por ejemplo; una vez hiciste algo, lo que sea, que te salió mal. A partir de ahí, puedes hacer una interpretación errónea y generalizar, de manera que el resultado sería algo así como, “yo no valgo para….”, “yo es que no sirvo para…”, “soy muy torpe para….”, o “yo no soy capaz de….”. Todas estas expresiones, que parecen ser frases totalmente inofensivas, te paralizan e impiden que hagas algunas cosas, o muchas. 

Pero cuidado, porque a veces no sólo influye tu experiencia en algo en concreto. Muchas veces, el que otra persona nos diga y nos repita eso de “tú no puedes…” también puede producir el mismo efecto. 

Estas creencias nos indican la percepción que tenemos de nosotros mismos, de nuestras capacidades  y también de nuestro entorno, y, desde el punto de vista psicológico, tienen la función de ayudarnos a gestionar algunas emociones, como por ejemplo la del miedo.

Sin embargo, el principal efecto que tienen sobre nosotros, es el de limitarnos; porque con esas creencias pensamos de ante mano que no vamos a poder, que no va a salir bien. O incluso, que tendrá consecuencias negativas.

Las limitaciones reales

Por supuesto, es importante saber cuáles son nuestras limitaciones reales. Qué cosas no se nos dan bien realmente, que cualidades o características no tenemos,  qué cosas no podemos hacer.

Pensar que lo podemos hacer bien absolutamente todo, no es realista. Pero claro, el problema se presenta cuando no estás a gusto con tu vida, cuando te gustaría hacer más cosas pero no te atreves, cuando ni siquiera eres capaz de intentarlo. En ese caso, lo más probable sea que las creencias limitantes son las que predominan en tu mente. 

Las creencias potenciadoras

Pero no te vayas a creer que todas las creencias que tenemos son limitantes, también tenemos otras que serían todo lo contrario, y que son las potenciadoras.

En este caso, se trataría de ideas que nos ayudan a avanzar para poder alcanzar nuestros objetivos. Son las que ayudan a una persona a conseguir la mejor versión de sí misma. Es decir, son las que mejoran la percepción que tenemos acerca de nuestra capacidad para resolver las diferentes situaciones con las que nos encontremos. 

Estas creencias, igual que las limitantes, pueden haberse formado desde la infancia, pero también las podemos trabajar nosotros a lo largo de la vida.

Por lo tanto: la idea sería identificar las creencias limitantes y cambiarlas por creencias potenciadoras. 

 Tipos de creencias limitantes

Seguramente existen tantas creencias limitantes como personas, o más. Pero quiero hablarte de las que suelen ser más frecuentes, y que sin duda nos limitan bastante. 

Uno de los tipos de creencias limitantes más habituales, se refieren a las capacidades que creemos tener. Se dan mucho en el ámbito laboral, pero pueden darse en cualquier  otro. Creencias del tipo, “yo no sé…”, “no voy a poder…”, “yo no soy capaz…”, por ejemplo. 

En la parte de las relaciones de pareja, también se dan con bastante frecuencia. Los, “nunca se va a fijar en mi”, o “ siempre me hacen daño”, pueden ser algunos ejemplos de ellas, que consiguen limitar tus decisiones. 

Pero, como te decía, las creencias limitantes son tantas y tan variadas, que sería imposible hablarte de todas ellas. 

Cómo detectar y cambiar las creencias limitantes

No es fácil, ya te lo decía. Y es que, aunque ejercen su influencia en nosotros, están bien guardadas en el inconsciente. Aún así, hay algunas maneras de poder detectarlas, o al menos, de intuir que alguna idea que tienes, te puede estar limitando. Y, una vez que las reconozcas, las podrás cambiar por ideas potenciadoras. 

  • Presta atención a todas esas frases que empiecen por “yo”, como por ejemplo, “yo soy…”, “yo no soy….”, “yo creo que….”. Porque en ellas puede haber muchas limitaciones. 
  • Por otra parte, atento a las expresiones absolutistas como “siempre”, o “nunca”. Ya sea refiriéndote a ti mismo o a los demás, porque suelen ser muy poco reales.
  • Una vez tengas identificadas esas frases que repites con frecuencia, plantéate qué pruebas tienes para creer eso: si son lo suficientemente fiables como para hacer esas afirmaciones. 
  • Si consideras que no tienes las pruebas suficientes, piensa si hay algo que hizo que te crearas esa idea. Si fue por algo que te pasó, o es que te la han repetido mucho. Por ambas causas puedes habértela creado y creído. 
  • A continuación, piensa en qué te está limitando esa idea. Qué cosas no te permite hacer esa creencia. En qué te está perjudicando. 
  • Por último, cámbiala por otra que sea potenciadora. Pero, ten en cuenta que, cambiarla por todo lo contrario, puede ser igual de irreal que la anterior. Así que, procura cambiarla por otra más realista. Por ejemplo, “una vez me salió mal pero no tiene por qué ser así siempre”, “alguna vez fracasé pero voy a intentarlo de nuevo”…  

En definitiva, no hagas afirmaciones tajantes, date al menos el beneficio de la duda. 

Rosa Armas 

Colegiada T-1670