Tener una gran cantidad de pensamientos negativos, hace que percibamos como más negativa nuestra realidad. Estos pensamientos y esa percepción, nos crearán a su vez emociones negativas; como tristeza, rabia o frustración. Y estas emociones nos llevarán a tener conductas poco adecuadas.

Cómo reducir los pensamientos negativos

Dicho de otra manera; tener pensamientos negativos todo el tiempo, hace que veamos nuestros problemas más graves de lo que en realidad son.

Por lo tanto, sería buena idea aprender a gestionar esos pensamientos, para poder regular nuestras emociones. Y que éstas nos lleven a tener conductas que faciliten la resolución de esos problemas.

Por qué tenemos pensamientos negativos

Por supuesto me refiero a por qué en muchas personas, son los pensamientos negativos los que predominan. Y, depende de muchos factores.

Pero, lo que está claro, es que no es algo con lo que nacemos, no es algo que venga de fábrica. Por el contrario, es una tendencia que vamos aprendiendo; y como casi todo, lo vamos aprendiendo con las experiencias que vivimos.

Experiencias del pasado

Las experiencias previas, como digo, son una de las causas de los pensamientos negativos. Algo que nos haya ocurrido en el pasado, puede influir en lo que pensamos de una situación en la actualidad.

Por ejemplo: si un buen amigo te traicionó en el pasado, es probable que pienses mal de algunas conductas que tenga un amigo actual.

La educación

Puede haber también una causa de tipo educativo. Es decir, si te han educado en un ambiente muy crítico con todo lo que hacías, en un ambiente muy autoritario, es más probable que tengas pensamientos muy críticos hacia ti mismo.

El nivel de autoestima

Las personas con una baja autoestima y con una alta inseguridad, tienen más tendencia a tener pensamientos negativos acerca de otras personas, sobre todo en relación a los sentimientos que esas otras personas pueden tener hacia ellas. En general, desconfían de que sean sentimientos reales.

Por otra parte, relacionarnos con personas que suelen tener pensamientos más negativos, puede hacer que nos contagien y que terminemos pensando de la misma manera.

Estas son algunas de las causas de los pensamientos negativos. Pero, de todas formas, existe en nuestra mente algo que en psicología llamamos el sesgo de negatividad. Esto quiere decir que, de todas las interpretaciones posibles de una situación, es más probable que nos quedemos con la peor de todas.

Qué consecuencias pueden tener en nosotros los pensamientos negativos

Pues suelen tener más consecuencias de las que se puedan pensar.

Imagina, por ejemplo, que un amigo tuyo, hace algo que te molesta. Si piensas que lo ha hecho con mala intención, para fastidiarte, es probable que sientas rabia y que, dejes de hablarle.

Si por el contrario piensas que ha podido ser un descuido suyo, no habrá enfado por tu parte, y podrás hablar con él para aclarar lo ocurrido.

Como ves, lo que pienses acerca de lo que te ocurre, puede distorsionar la realidad. Además, tiene un gran efecto en tus emociones y en cómo te sientes, y esto, influye mucho en cómo será tu conducta. Por lo que, un simple pensamiento, puede condicionar tu conducta y llevarte a una acción que sea inapropiada para la situación.

Como ya sabrás, algunos de nuestros comportamientos, sobre todo los causados por una interpretación errónea, pueden tener consecuencias no demasiado favorables en nuestras relaciones, ya sean familiares, sociales, sentimentales o laborales.

Pero no es la conducta lo peor de todo. Las emociones negativas también pueden hacerte pasar muy mal rato. Algunas como la ansiedad, la tristeza, la culpa o la frustración, que en la mayoría de las ocasiones están asociadas a pensamientos negativos, también pueden resultar bastante fastidiosas, sobre todo si se alargan en el tiempo.

Cómo puedes reducir tus pensamientos negativos.

Como te decía antes, tener continuamente pensamientos negativos es algo que, por algún motivo hemos aprendido. Por lo tanto y siempre que quieras, puedes llegar a cambiar esa costumbre.

Cuando tengas una emoción que te resulta desagradable, de tristeza, de rabia o de frustración, por ejemplo, analiza qué es lo que estabas pensando justo antes de eso. Después, analiza a qué conducta te llevó esa emoción. Es decir, identifica esa relación de la que te hablaba más arriba, entre pensamiento, emoción y conducta.

Claro que, el pensamiento pudo haber sido lógico y realista. En ese caso, la emoción será la normal, y la conducta, la apropiada para la situación. Reconocerás un pensamiento ilógico, porque te generará un gran malestar. Pero además, porque no tendrás nada que pueda demostrar que es un pensamiento real, es sólo una suposición tuya.

Si finalmente descubres que, en realidad ha sido una suposición tuya, que te has quedado con la peor interpretación que podías encontrar, valora qué otra interpretación puedes hacer de esa situación; al menos hasta que puedas confirmar cuál es la real.

Si consigues hacer este proceso, por lo menos hasta que tengas una versión realista de lo ocurrido, te puedes ahorrar mucho malestar que no es necesario que tengas.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.