Cómo hablar con mis hijos adolescentes

cómo mejorar la comunicacion con los adolescentes

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La edad de la adolescencia es una época de transición entre la niñez y la edad adulta. En esta transición, se producen una serie de cambios en dichos adolescentes, que pueden complicar bastante la relación con sus padres. Y muchos de los padres tienen problemas a la hora de conectar y comunicarse con sus hijos. 

Sin embargo, estas dificultades a la hora de conectar con los hijos no están determinadas en sí por la edad del adolescente, sino por las estrategias de comunicación que utilicen los padres. Y dependiendo de cuáles se utilicen, este problema se puede agravar, o bien se puede minimizar.

Si tienes o has tenido un hijo adolescente en casa, seguro te habrás quejado alguna vez, o muchas,  de lo difícil que es comunicarse con él o con ella. No te cuenta nada o casi nada de sus cosas, de lo que piensa o de lo que le preocupa; y cuando le haces preguntas, te responde con monosílabos. 

Solemos decir que la adolescencia es una etapa muy mala, que los padres lo pasan fatal en esa edad de sus hijos; que hablan y se relacionan más con sus amigos que con sus padres, y esto no deja de ser cierto. Pero tal vez habría que ver de qué manera intentan los padres comunicarse con sus hijos adolescentes. Porque puede que la forma en que lo hacen no sea la manera más atractiva para ellos. 

¿Cómo lograr una mejor comunicación con tus hijos adolescentes?

Voy a proponerte en esta ocasión algunos consejos que podrían ayudarte a tener una mejor comunicación con tus hijos en la edad de la adolescencia. 

Cuando tu hijo se comunica contigo con monosílabos, lo más probable es que sea porque tú le estás sometiendo a un interrogatorio, eso es lo más frecuente.

Puedes creer que estás intentando hablar con él, pero no es así. Estás intentando obtener información sobre qué es lo que ha hecho, con quién ha estado y qué ha comido, por ejemplo; y eso por lo general, no facilita tener una buena comunicación, ni con tu hijo ni con nadie. 

Si por el contrario le cuentas algo que te ha ocurrido a ti durante el día, es más probable que tu hijo también te cuente algo que le ha pasado a él…con lo que es más fácil que se pueda entablar una conversación. 

Por ejemplo: imagina que quieres saber cómo le ha ido el día, o mejor dicho, qué ha hecho durante el día. Si lo intentas haciendo muchas preguntas ¿dónde estuviste? ¿a qué hora saliste?¿con quién has estado? etc…desde luego no vas a crear un buen ambiente para tener una agradable conversación. 

Si por el contrario le cuentas cómo te ha ido a ti el día, qué hiciste, o qué cosa tan curiosa te ha ocurrido hoy, y después le preguntas ¿y qué tal tu día? no dudes de que podrá haber una mejor comunicación.

Si lo piensas bien, esa es la forma en que interactúas con tus amigos: no les interrogas sobre lo que han hecho o dejado de hacer, simplemente les cuentas cosas tuyas y ellos, a su vez, te cuentan a ti las suyas. Esta es la manera más natural y fluida de comunicarte con alguien, incluyendo a tus hijos adolescentes. 

Ser padre o madre: no amigos

Pero esto último que he dicho, no quiere decir que tengas que ser amigo de tus hijos. Eres su padre o su madre, no su amigo, eso no debes perderlo nunca de vista.  

Con lo cual, puedes mantener conversaciones amistosas con tus hijos, por supuesto, pero habrá cosas del matrimonio, de la casa, o de otras cosas que no son adecuadas para que las hables con ellos.

Por esa misma razón, porque tus hijos no son tus amigos, habrá cosas que ellos no te contarán a ti. Porque son cosas de su privacidad y no es adecuado que te las cuenten. Seguramente se lo contarán a sus amigos, pero no a sus padres. 

Cuando hagas el intento de hablar con tu hijo o tu hija, y veas que no lo consigues, fíjate en cuál es el tema del que pretendes hablar con ellos. Podría ser que el tema del que intentas mantener una conversación no sea un tema que a tu hijo le interese. 

Preocúpate por sus intereses

Para tener una buena comunicación con tu hijo adolescente, primero tendrás que saber qué cosas le interesan, o qué cosas le pueden preocupar para abordar esos temas. Si sólo hablas de lo que te interesa a ti, probablemente no te mantenga la conversación; porque no le interesará. Eso también es normal y también te ocurre a ti, no mantienes una conversación sobre temas que no te importan. 

Si en algún momento tu hijo se acerca a ti con la intención de hablar, deja lo que estás haciendo, si es que es posible, y atiéndele. No hables con él de un tema que le preocupa mientras estás cocinando, mientras estás contestando un mensaje en el mçovil, o mientras ves las noticias en televisión. Hacer eso le indica a tu hijo que no le estás escuchando, o peor aún, que no te interesa lo que tiene que contarte. 

Si por lo que sea no puedes parar lo que estás haciendo en ese momento, pídele que espere a que termines y dile que en unos minutos estarás con él para hablar de lo que quiera. Ante una conversación seria e importante, es mejor que no haya alrededor elementos que distraigan la atención, ni la tuya, ni la de tu hijo. 

Valora la opinión de tus hijos

Una buena manera de que tu hijo adolescente piense en ti para pedirte consejo sobre algo que le preocupe, es pedirle consejo tú a él sobre alguna cosa tuya. Si le preguntas qué haría él en tu situación, cualquiera que tengas, entenderá que para ti es importante su opinión: y entonces tu opinión terminará siendo importante también para él. 

Si tu hijo tiene contigo la confianza suficiente como para pedirte consejo sobre algo que le preocupa, sobre cómo actuar en una determinada situación ¡estupendo! Pero si no lo hace, y tú sabes que hay algo que le preocupa, no le digas lo que tiene que hacer. Sólo pregúntale si está interesado en saber tu opinión sobre ello. Pregúntale si quiere saber qué harías tú en su lugar. Si te dice que no, déjalo estar tal y como está. 

Mantén la serenidad

No le des órdenes, eso siempre sienta mal  a tu hijo y a cualquiera, y le quita las ganas de hacer lo que le pides. Pídele si puede hacer algo “por favor”, o tal vez puedes decir algo como «te importaría».

Otra cosa importante para poder hablar tranquilamente con tu hijo es que no le grites. No tiene más razón, ni tampoco tiene más autoridad el que más grita. Es mucho mejor mantener una conversación tranquila y serena para que ellos respondan de la misma manera. Así que mantén la calma y olvídate de dar gritos. 

Por otra parte, imagina que tu hijo o hija te cuenta algo sobre un amigo suyo, algo que su amigo ha hecho mal, algo de lo que se ha enterado o algo que ha visto, cualquier cosa o actitud que a ti no te parezca correcta; no le digas eso de “como a ti se te ocurra hacerlo ya verás”. 

Lo mejor que puedes hacer en este caso es preguntarle qué opina él sobre ese tema, qué le parece a él esa conducta concreta. Con esto, podrás saber cuál es su actitud ante algunos asuntos delicados, y además tu hijo se sentirá escuchado. Sentirá que te interesa lo que opina, con lo que será más probable que en cualquier otro momento quiera hablar contigo de cualquier otra cosa.    

No le pongas etiquetas

Cuando tengas que corregirle en algo, corrige la acción concreta que quieres que modifique, pero no le pongas una etiqueta. 

Por ejemplo: si quieres que recoja su habitación, dile que recoja su habitación. No le digas que es un desordenado, o peor aún que es un desastre. Los chicos jóvenes terminan por comportarse de acuerdo a la etiqueta que le han puesto. 

Respeta su privacidad 

Por supuesto. El hecho de que sea tu hijo, no te da ningún derecho a invadir su privacidad. Por ejemplo, entrando en su habitación y revisando cosas que forman parte de eso exactamente, de su privacidad. 

Otra cosa será que tengas sospechas fundadas de que puede estar metido en algún problema, como por ejemplo asuntos de drogas. En este caso, quizás, y por tomar cartas en el asunto, sí que podrías investigar un poco más. 

Si por el contrario no tienes ninguna sospecha de nada, deja sus cosas tranquilas que son suyas. 

Comparte alguna actividad con tu hijo 

Por otra parte, el que haya entre tú y tu hijo una diferencia de edad algo importante, no quiere decir que no puedas hacer alguna actividad con él.

Así que si sabes que hay algo que le gusta y a ti también, puedes proponerle compartir esa actividad… quizás por una vez a la semana, por ejemplo. Hacer eso estrechará el vínculo con tu hijo y aumentará la complicidad con él. 

Teniendo en cuenta todos estos consejos, es perfectamente posible tener una buena comunicación con un chico o chica adolescente. Claro que si sólo haces preguntas, das órdenes y gritos y pones normas, “porque lo digo yo” será mucho más complicado. 

Si por el contrario le cuentas cosas tuyas, le escuchas cuando quiere hablar y le das importancia a sus intereses y a sus opiniones, además de compartir alguno de sus hobbies, ya te digo yo que no será tan complicado. 

Rosa Armas 

Colegiada T-1670. 

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