¡Qué mala suerte tengo! ¡Todo me sale mal! ¿Has dicho alguna de estas frases alguna vez?

Seguro que sí y más de una. Casi lo gritas en esos días o semanas en las que parece que todo te sale mal. Todo lo que tocas se rompe, nada sale como tú quieres, y parece que no hay forma de que levantes cabeza.

Cuando algo así ocurre, le solemos echar la culpa a la mala suerte que tenemos. A que es día trece, a que los astros tienen una alineación sospechosa; o bien a que se nos ha cruzado en el camino un gato negro. Aunque tengo entendido que, cuando esto ocurre, lo único que significa es que el animalito se dirigía a alguna parte.

Pero, la pregunta sería, ¿existe en realidad la mala suerte?, ¿o es que echarle la culpa a ella nos libra de responsabilidades a nosotros?

cómo gestionar la mala suerte

La creencia de la mala suerte

Es evidente que hay ciertas cosas o acontecimientos que nos suceden, y que no podemos controlar ni evitar de ninguna manera.

Sin embargo, tener la creencia de que todo lo que nos ocurre es culpa de la mala estrella que tenemos, de la sal derramada o del número trece, nos convierte en un simple espectador de nuestra vida; en la que no podemos intervenir porque nada depende de nosotros. Y esto puede crearnos una gran angustia e impotencia.

La creencia de que tenemos mala suerte para todo lo que hagamos, además de la sensación de impotencia que nos puede crear, nos sitúa en una postura muy cómoda y a la vez perjudicial. Es decir, si consideras que todo lo que te sucede depende exclusivamente de factores externos a ti, que los puedes llamar suerte, destino o azar, te sitúas en una postura de comodidad y resignación; que no te permitirá pelear por aquello que quieres conseguir.

Porque no sé decirte si la buena o la mala suerte existen: lo que sí es cierto, es que conseguir aquello que quieres dependerá del empeño y el esfuerzo que tú le pongas, en mayor proporción que de la suerte que tengas.

Por supuesto, hay que saber diferenciar entre lo que es posible conseguir con esfuerzo, y lo que es absolutamente imposible por más que me esfuerce.

¿Qué es el locus de control?

El locus de control es un término muy utilizado en psicología, y se refiere a la atribución que hacemos acerca de cuáles son las causas de un acontecimiento. Te lo explico mejor.

Con un locus de control externo, entendemos que las causas de cualquier acontecimiento, no están en nosotros mismos sino que se deben a factores externos a nosotros y a nuestra voluntad. Como por ejemplo atribuir a la suerte, mala o buena, el que se hayan desarrollado ciertos acontecimientos, y no a actitudes o comportamientos nuestros.

Las personas con locus de control externo, creen que todo aquello que les ocurre, se debe a factores que escapan a su voluntad.

En el locus de control interno, se atribuyen a factores internos de la propia persona las causas de los acontecimientos que ocurren. O lo que es lo mismo “todo lo que me pasa es responsabilidad mía”.

Las personas con un locus de control interno, tienen la seguridad de que pueden controlar muchas de las cosas que les pasan. Asumen sus responsabilidades y confían en ellas mismas. Son, por tanto, las que tienen más probabilidades de conseguir lo que quieren; porque aún sabiendo que encontrarán algunas dificultades, harán lo posible por superarlas.

Como te imaginarás, ni todo lo que pasa se debe a factores internos, ni todo a factores externos. Pero sí es verdad, que atribuir todo a causas externas como la suerte, te acomoda y te impide luchar por lo que quieres. Y tenemos que reconocerlo; muchas de las cosas que nos pasan, y que no nos gustan demasiado, han sucedido, por algo que nosotros hemos hecho….e incluso, por algo que no hemos hecho.

Por tanto, somos más responsables nosotros mismos por las decisiones que hemos tomado, que cualquier gato negro que se nos haya cruzado.

Cómo puedes combatir la “mala suerte”

Como te decía antes, ya todos sabemos que pueden ocurrirnos cosas desagradables que no dependen de nosotros, y que no está en nuestra mano controlar.

Pero hay otras muchas cosas que sí dependen de nosotros; de las decisiones que tomamos, y de las oportunidades que aprovechamos, o de las que dejamos pasar.

Te cuento a continuación, algunos consejos para no dejarlo todo en manos de la “suerte” o del destino.

Procura tener pensamientos de éxito y no de derrota

A la hora de iniciar cualquier cosa que te ilusione, cualquier proyecto que tengas, intenta no pensar que estará influido por la buena o la mala suerte.

Es mucho mejor plantearnos las cosas como algo que necesitan de nuestro esfuerzo y que, es posible, y además probable, que tenga su dificultad, además de algún imprevisto que pueda surgir. En este caso, ya buscaremos la manera de resolverlo; para que llegue a buen puerto.

Si por el contrario, inicias algo con la idea de que tal vez los astros ese día están en tu contra, mejor déjalo. Es muy posible que no pongas todo de tu parte y fracase.

Asume tu responsabilidad en lo que haces

Tener esas ideas de control, significa que vamos a asumir la responsabilidad de lo que hacemos. Es decir, tendremos que actuar y tomar decisiones. Estas podrán ser acertadas, o tal vez no, pero, si no lo son, siempre tendremos la posibilidad de aprender de ese error, y rectificar para llegar a un mejor resultado.

No te rindas a la primera

Por último, aprender de los errores que cometemos, significa que no nos rendiremos al encontrar el primer obstáculo, sino que volveremos a intentarlo de nuevo; y tal vez de otra manera. En muchas ocasiones, lo que entendemos como “mala suerte”, no ha sido más que el producto de habernos rendido demasiado pronto.

Por tanto, todo esto, seguro que no te libra de que te pasen cosas desagradables, pero sí que puede reducir la sensación de tener mucha mala suerte.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.

Cómo gestionar la mala suerte
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