¿Piensas demasiado? ¿Eres de esas personas que le dan vueltas y vueltas y más vueltas a todo?

Pensar en exceso en todo es un hábito bastante común, pero que en realidad no soluciona nada. Seguro que esto lo has podido comprobar.

A veces nos pasamos mucho tiempo pensando en algo que nos dijeron, o bien en algo que dijimos porque ahora no nos parece que fuera adecuado. Otras veces, pensamos en lo que teníamos que haber dicho y no dijimos.

Cómo dejar de pensar en exceso

Pensamos en cualquier cosa que nos preocupa, porque parece que si pensamos en ello, nos vamos a sentir menos preocupados. O bien, pensamos en todas las opciones de una decisión que debemos tomar, intentando adivinar cuál es la mejor. O tal vez, intentando adivinar qué pasará si elegimos la decisión incorrecta. Serían los tan famosos, “y si…”.

En definitiva, somos capaces de pasarnos horas pensando y pensando y volviendo a pensar, para, finalmente, no haber llegado a ninguna conclusión clara; ni tampoco haber conseguido dejar a un lado la preocupación. Lo que hemos conseguido es perder el tiempo, agotarnos y quedarnos con peor estado de ánimo.

Y esa es justo la diferencia entre pensar y pensar en exceso. Siempre nos han dicho que debemos pensar bien las cosas, y eso no es malo. Pero, estaremos pensando demasiado cuando el pensamiento es repetitivo, no nos aporta soluciones, nos agota y nos hace sentir mal.

Qué consecuencias tiene pensar en exceso

Es evidente que estamos pensando constantemente. El pensamiento es lo que nos permite comprender, reflexionar, imaginar, tomar decisiones…

Sin embargo, cuando llenamos nuestro tiempo, y también nuestra mente, de pensamientos que son improductivos, que son totalmente inútiles, porque no nos aportan nada ni nos llevan a solución alguna, nuestra mente se agota y se bloquea. Por lo tanto, pensar es bueno, siempre y cuando no nos metamos en bucles que no nos solucionan nada.

Además de no solucionar nada con ello, pensar en exceso puede hacer que baje nuestro estado de ánimo. Y es que, cuando le damos demasiadas vueltas a todo, por lo general, no lo hacemos en sentido positivo, sino todo lo contrario.

Lo que solemos pensar es en todas las catástrofes posibles, y eso, claro está, nos deja con un estado de ánimo negativo. Por otra parte, el pensar en exceso tiene consecuencias físicas, como pueden ser la tensión muscular y los dolores de cabeza.

Cómo ves, el pensamiento excesivo te agota, te produce dolor, te deja bajito de ánimo; y además, no te soluciona aquello que tanto te preocupaba.

Cómo puedes dejar de pensar en exceso

Si te sientes identificado con este tema, si consideras que le das demasiadas vueltas a todo para conseguir sólo cansarte y no arreglar nada; hay algunas herramientas que te pueden ayudar a dejar de pensar en exceso.

Te cuento a continuación algunas de ellas. Puedes probar y valorar cuál es la que más te funciona.

Distraerte

Desde luego, distraerte con algo, puede hacer que dejes de dar vueltas a tus pensamientos. Puedes intentarlo cuando veas que lo haces.

Pero claro, no sirve cualquier cosa. Deberás distraerte con algo que requiera toda tu atención, pero al mismo tiempo, que te divierta, te entusiasme y te guste. Si lo intentas con algo que te parece aburrido, o con algo que no requiere demasiada atención, no te servirá de mucho.

Salir a dar un paseo

Esta tarea tan sencilla, puede ser muy eficaz para dejar de dar vueltas a los mismos pensamientos. Fuera de tu entorno habitual, te encontrarás con muchos estímulos, visuales y sonoros, que pueden ayudarte a disipar ese bucle en el que te has metido.

Parar tus pensamientos

Otra herramienta que puede servirte es esta. En el momento en que te des cuenta de que estás pensando más de lo aconsejable, puedes decirte en voz alta algo así como, “bassta!”, o “para!”.

Con esa orden que te das tu mismo, dejas de dar vueltas y te concentras en lo que estás haciendo, o bien en otra cosa. Esto no suele funcionar a la primera, pero con algo de constancia termina funcionando.

Reservar un tiempo para pensar

Esta técnica consiste en todo lo contrario que la anterior. Si en la anterior se trata de prohibirte pensar más de lo necesario, en esta, se trataría de guardar algo de tiempo al día, para dedicarte a pensar. Por ejemplo, puedes proponerte media hora al día, entre las cinco y las cinco y media, para ponerte a pensar en todo eso que te preocupa.

De esta forma, cuando veas que estás pensando mucho fuera de ese horario, la orden sería, “no es el momento, cuando llegue la hora ya lo pensaré”. Lo que es más probable que ocurra, es que llegado ese momento, ni siquiera te apetezca pensarlo.

Transformar esos pensamientos en palabras

Puedes hacer esto, contándole a alguna persona cercana lo que estás pensando, o bien escribiéndolo para ti mismo. Cuando pasas eso que estabas pensando a palabras, te permite poder ordenar tus ideas, hacer un discurso algo más estructurado y por tanto, podrás tener una visión más realista de aquello a lo que le dabas tantas vueltas.

Cambiar el sentido de tus pensamientos

Esta herramienta, funciona sobre todo cuando los pensamientos van dirigidos hacia la catástrofe, es decir, hacia lo peor que podría pasarte. En lugar de enfocarte en lo peor que podría pasar, enfócate en lo mejor que podría suceder.

Si lo piensas bien, nada de lo que imagines que pasará, será totalmente cierto, sólo estás suponiendo. Por lo tanto, pensar en lo mejor que podría pasar, sin duda, te hará sentir mucho mejor que pensar en todo lo contrario.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.