Las personas somos seres sociales que pertenecemos a grupos formados por otras personas. Y el hecho de pertenecer a un grupo, hace que podamos disfrutar del apoyo y la ayuda de aquellos que nos rodean.

Sin embargo, hay algunas personas que prefieren no pedir ayuda nunca, o casi nunca; porque consideran que son o deben ser autosuficientes. Y eso puede llevarles a tener problemas, tanto a nivel físico como emocional. DE aquí la importancia de aprender  a pedir ayuda

aprender a pedir ayuda

Aún sabiendo que hay quien le pueda ayudar, algunas personas no son capaces de pedir ayuda cuando la necesitan. No saber cómo pedir esa ayuda, el miedo a lo que piense la otra persona, el miedo a mostrarse como alguien débil, e incluso, el exceso de orgullo que una persona tenga, podría hacer que mucha gente se prive de pedir una ayuda que le sería muy valiosa.

Se ha demostrado que, obtener la ayuda, apoyo y colaboración de las personas que nos rodean, es un factor que tendrá mucha importancia en nuestra salud mental y física.

El tipo de ayuda en cuestión, puede ser de diferentes formas, puedes necesitar dinero, por ejemplo, pero también puedes necesitar hablar con alguien y desahogarte, o que te recojan a los niños del colegio, o que un amigo te lleve a alguna parte, porque ese día no tienes coche.

Pedir esa ayuda cuando la necesitas, puede llegar a evitarte problemas psicológicos como la tristeza o la ansiedad; pero también la sensación de soledad.

Claro que ese apoyo o ayuda, en ocasiones no llega por sí sola, y entonces, es necesario saber pedirla, para reforzar el sentimiento de pertenencia al grupo. Además de ayudarnos a sentir que las personas cercanas nos cuidan, y por lo tanto, nos quieren.

Por qué a veces nos cuesta tanto aprender a pedir ayuda

Como siempre digo, no hay un único motivo por el que podemos no pedir ayuda. Pero los más frecuentes son los siguientes.

El miedo

El miedo a lo que pueda pensar de nosotros la persona a la que se la pedimos. Podemos creer que la otra persona pensará que somos unos caraduras, por ejemplo, o bien, que piense que somos personas débiles que no nos las arreglamos por nosotros mismos.

Pero incluso, el miedo a recibir un “no”, puede hacer que no pidamos esa ayuda. Por lo general, las personas con estos miedos, hacen todo lo posible por hacer ellos solos lo que tengan que hacer, antes de pedir ayuda a otros, con lo que terminan agotados y estresados.

El desconocimiento

Otro de los motivos frecuentes por los que no se pide ayuda, es por no saber cómo hacerlo. En este caso, se trata de personas con una baja asertividad, que no saben cómo expresar sus necesidades de una manera clara, al mismo tiempo que respetan las de la otra persona.

Por último, también tiene mucho que ver las experiencias previas que se tengan. Es decir, si en el pasado se ha pedido ayuda y se le ha negado de manera reiterada; o si se le han hecho críticas por haberse atrevido a pedir ayuda, es más probable que se llegue al punto de no pedirla y arreglárselas por su cuenta.

Qué consecuencias puede tener no pedir ayuda nunca

Como te decía, no pedir nunca la ayuda de los demás, ir por la vida de autosuficientes para todo, tendrá una serie de consecuencias para tu salud emocional, pero también para la física.

El apoyo social que tenemos, es uno de los factores que más disminuyen las emociones negativas que sentimos. Cuando no eres capaz de pedir ayuda, no vas a percibir ese apoyo social, con lo que, podrás tener más sensación de soledad, de frustración, podrás sentir más cansancio y hasta más estrés.

Además de estas emociones, las personas que no piden ayuda suelen tener altos niveles de ansiedad, que al final están causados por la sensación de que todo tienen que hacerlo ellos y de que no pueden solos con todo.

Pero, las personas que no quieren pedir ayuda, tampoco suelen aceptarla cuando alguien se las ofrece. Esta actitud suele provocar deterioro en sus relaciones sociales, y como consecuencia, que sea aún mayor la falta de apoyo social. Es la pescadilla que se muerde la cola.

A consecuencia del estrés, tendrán síntomas físicos como dolores de cabeza, problemas de sueño, problemas digestivos, etc.

Cómo pedir ayuda

Si eres de esas personas a las que les da apuro o vergüenza pedir ayuda para algo, si te da miedo lo que puedan pensar de ti por hacerlo, tal vez te puedan ayudar los siguientes puntos.

Cuando veas que realmente necesitas que te echen una mano, y digo realmente porque tampoco se trata de que te lo hagan todo, elige a la persona que creas que es la más adecuada para ayudarte. Esto también lo decíamos en el artículo de aprender a delegar.

De las personas que tienes cerca, es mejor que elijas a la que esté mejor preparada, o bien a la que se le dé mejor aquello a lo que necesitas que te ayude, o bien, a la que, por sus circunstancias, le venga mejor. Si no lo haces así, es posible que obtengas más negativas, y no porque no quieran ayudarte, sino porque quizás no es la persona que mejor puede hacerlo.

Elige un momento en el que esa persona no tenga demasiada prisa, ni demasiados problemas propios que resolver, porque si tiene asuntos urgentes, no podrá atender a los tuyos, y exponle cuál es tu necesidad.

Evita decir que tienes un problema, es mejor que digas que necesitas que te eche una mano.

Dile, de manera clara y concreta, que no hay por qué dar rodeos, qué es lo que necesitas que esa persona haga por ti. Además, también puedes decirle en qué te va a beneficiar su ayuda.

Por último, no olvides agradecerlo y expresarle lo bien que te vendrá que te preste esa ayuda. Expresiones como, “te lo agradecería mucho”, o “me harías un gran favor”, pueden servir como un refuerzo para esa persona.

Con todo esto, si necesitas ayuda para algo, no tengas miedo de pedirla, lo peor que puede pasar es que te digan que no. Y, tampoco seas orgulloso, todos necesitamos ayuda alguna vez.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.