¿Cuántas veces te has sentido en el compromiso de decir que sí, cuando en realidad querías decir no? Saber decir que no, cuando queremos decir que no, parece algo fácil de hacer. Pero la realidad es que no lo es tanto.

aprender a decir no

Sin embargo, aprender a decir no, no sólo nos facilita la relación con otras personas; sino que nos hace sentir bien con nosotros mismos. Lo que conseguimos cuando aprendemos a decir no, ya sea con los amigos, con la familia o con los compañeros de trabajo, es establecer nuestros límites personales.

Decir qué es lo que estamos dispuestos o no a hacer, y de esta forma, darnos a conocer a los que nos rodean para que sepan hasta dónde pueden llegar. Decir sí cuando quieres decir no, puede a la larga, darte problemas con los otros; pero contigo mismo también.

¿Por qué nos cuesta tanto decir no?

Estoy segura de que te ha pasado, porque nos ha pasado a todos. No queríamos, no nos venía bien, no nos apetecía, pero al final hemos dicho que sí.

Pero, por qué hacemos eso si no nos viene bien? Hay varios motivos por los que en muchas ocasiones actuamos de esta manera.

Muchas veces decimos que sí, queriendo decir no, porque suponemos que es eso lo que se espera que digamos, y, queremos cumplir con las expectativas que tiene la otra persona.

Otras veces, puede ser porque nos da miedo que la otra persona nos rechace, o bien que se quede con una mala imagen de nosotros. Podemos pensar que si nos negamos, habrá más posibilidades de que los demás nos rechacen; y si aceptamos, no sólo no nos rechazarán, sino que posiblemente nos quieran más.

Otro de los motivos es la ausencia de habilidades asertivas. Podemos tener ciertos problemas para expresar lo que pensamos, por lo tanto, aunque pensemos que es que no, lo que debemos decir, no nos atreveremos y diremos que sí.

Tener una autoestima baja, puede ser otra de las causas de esta actitud. Cuando no nos creemos en el derecho de negarnos a lo que no queremos hacer, terminaremos irremediablemente diciendo que sí, aunque no queramos.

¿Qué consecuencias puede tener para nosotros no decir que no?

Es verdad que, decir que sí a todo lo que se te pide, puede hacerte parecer, a corto plazo, una persona muy fácil de tratar y complaciente con los demás. Pero, esto puede llevar a que el entorno abuse de tu complacencia, y esta es una de las consecuencias negativas que tiene para ti, el no decir nunca que no.

Además, esa actitud puede hacerte sentir inferior a los demás.

Puedes sentir un gran malestar emocional. Por ejemplo tristeza, pero también puedes sentir rabia, aunque nunca se lo expreses a los demás. Puedes también sentirte culpable, por no ser capaz de decir que no y hacer cosas que no quieres hacer.

En general, se siente insatisfacción; porque se tiende a satisfacer los deseos que tienen las otras personas, olvidándose de los propios.

Cómo puedes aprender a decir no

Después de entender un poco mejor por qué nos cuesta tanto trabajo decir que no, y qué consecuencias puede tener para nosotros decir a todo que sí, aunque no sea eso lo que queremos; tocaría poner en práctica algunas cosas que te pueden ayudar en el aprendizaje de saber decir que no.

Para empezar, es cierto que a todos nos preocupa un poco lo que los demás piensen de nosotros. Pero, también es verdad que, por una parte, lo que piensen de nosotros no vamos nunca a poder controlarlo, y por la otra, los demás siempre van a pensar lo que quieran, hagamos lo que hagamos.

Por lo tanto, lo mejor es que hagamos lo que queremos, lo que nos viene bien para sentirnos tranquilos con nosotros mismos.

Cuando te pidan algo que no quieres hacer en absoluto, si puedes, imagínate cómo te vas a sentir después, si finalmente dices que sí.

Si por el contrario no tienes muy claro si te viene bien o no y no quieres precipitarte, o eres de los que tienden a decir que sí sin pensarlo bien, puedes decir algo así como, “dame unos minutos para que me lo piense y en un momento te contesto”. Esto te dará cierto margen para pensar si quieres o no hacerlo, y si decides que no, cuál es la mejor manera de contestar.

Cuando desde el principio tienes ya claro que tu respuesta será que no, es mejor que empieces diciendo algo que a la otra persona le resulte agradable de escuchar. Algunos ejemplos pueden ser, “me gustaría poder ayudarte pero hoy me será imposible”, “lo haría encantado pero hoy no me viene bien”, “te agradezco la invitación pero no voy a poder ir”

Es verdad que también puedes contestar con un simple “no”, o “no puedo”, sin darle más vueltas, pero esto siempre suena un poco más tajante.

Por otra parte, ya sabemos que hay personas muy insistentes, de las que no se rinden al primer “no”. En ese caso, puedes utilizar lo que llamamos la técnica del disco rayado; esto consiste en repetir siempre lo mismo.

Por ejemplo, imagina que un compañero de trabajo te dice de ir a tomar algo después del trabajo, pero estás cansado y no te apetece. Una respuesta podría ser, “gracias por la invitación pero estoy cansado y prefiero irme a casa”. Y, en el caso de que insista, volver a decir lo mismo, “gracias pero prefiero irme a casa, estoy un poco cansado”.

Como comprenderás, estos consejos no son para que a partir de ahora digas que no a todo. Son para que no digas que sí, cuando en realidad quieres decir que no y después te arrepientas.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.