Por mucho amor que le tengas a tu pareja, o que te tenga ella a ti, está muy claro que sois dos personas diferentes; con ideas y formas de pensar diferentes. Por este motivo, es imposible que nunca se produzca ningún conflicto entre vosotros, y es imposible que siempre vayáis a estar de acuerdo en todo y a ninguno le moleste nunca algo de lo que haga el otro.

Y si esto ocurre con la pareja, como no iba a ocurrir con otro familiar, con un amigo, e incluso con un compañero de trabajo.

cómo afrontar los conflictos

Estos momentos de conflicto, es verdad que pueden ser algo desagradables; pero tampoco es malo del todo que se tengan de vez en cuando. En realidad sirven para conocer mejor al otro, para poner cosas en claro y también para negociar algunas situaciones, y que la relación siga siendo igual de buena.

Lo que ocurre en muchas ocasiones, es que no afrontamos ese momento de conflicto de la mejor manera. Y una actitud inapropiada, puede no sólo no resolverlo, sino empeorarlo aún más.

Lo que quiero proponerte en esta ocasión, no es exactamente cómo resolver el conflicto, porque eso va a depender del motivo que lo haya causado. Lo que te quiero proponer, son algunas conductas a tener en cuenta, a la hora de afrontar ese conflicto, ya sea con la pareja, o con cualquier otra persona cercana. Conductas que, a pesar de ser muy lógicas y sencillas, se nos suelen olvidar con demasiada frecuencia.

Actitudes y conductas adecuadas para afrontar el conflicto

Como te decía, hay una serie de conductas y actitudes que, si no las tenemos en cuenta a la hora de afrontar un conflicto, podríamos conseguir todo lo contrario de lo que queremos, es decir, podríamos empeorar la situación. Esas sencillas conductas son las que te cuento ahora.

Primero serénate y luego habla

Cuando nos molestamos por alguna razón, el primer impulso es intentar solucionarlo. Pero claro, en ese primer impulso, estamos invadidos por la rabia, por lo que, podemos llegar a decir cosas muy feas que después nos pese haber dicho, además de que, podemos herir a la persona que tenemos enfrente y empeorar la situación.

Por esa razón, es mucho mejor, darnos un poco de tiempo para serenarnos y afrontar el conflicto un poco más tarde, cuando nos hayamos calmado.

No des nada por supuesto y pregunta

Una cosa es la razón real de lo que ha provocado el conflicto, y otra muy diferente la interpretación que tú has hecho de lo que ha ocurrido. Por esa razón, no des por supuesto que lo que tú crees es la realidad, porque puedes estar equivocado. Pregunta primero a la otra persona cuáles son sus razones y sus motivos. A partir de esa explicación, podrás gestionar mejor una solución.

Escucha y no interrumpas

Sí, escucha. Primero escucha las razones que te decía en el punto anterior, porque quizás las suposiciones que habías hecho son equivocadas.

Pero luego, cuando la otra persona quiera añadir o explicar algo, escúchale sin interrumpirle. De esta manera te enterarás mejor de todo, a la vez que estarás respetando su turno a la hora de hablar.

Habla de lo que sientes y propón los cambios que consideres mejor

Ante un conflicto, es mejor hablar de lo que sientes y no tanto de lo que piensas. Hablar de tus sentimientos acerca de la situación en concreto, puede hacer que la otra persona te entienda mejor.

Además, proponle los cambios que tú consideras que pueden solucionar el problema. Pero claro, los cambios no sólo le tienen que corresponder al otro, también tú podrás hacer alguno, que también debes proponer.

No grites ni insultes

Si afrontas un conflicto con el primero de los puntos que es serenarte antes de hablar, lo más seguro sea que no grites ni insultes a la otra persona. Y es que, de lo que se trata es de resolver el problema, y no de descalificar a la otra persona.

Si haces esto, estarás aumentando la tensión del momento, la otra persona se molestará y casi seguro que también gritará o te insultará, y entonces, más que solucionar nada, estarás empeorando el conflicto inicial.

No te olvides de tus propios errores

En algunas ocasiones, intentamos resolver un conflicto con alguien, echando a esa persona toda la culpa de lo que ha ocurrido, y olvidándonos de la nuestra.

Pues bien, esto es tan sencillo como que, en un conflicto entre dos, nunca tiene la culpa uno solo, sino que las culpas siempre se reparten. Si lo que intentas es arreglar algo, culpabilizando al otro de lo ocurrido, lo más probable es que tengas muy poco éxito.

No olvides que la idea final ha de ser resolverlo

Ten siempre en mente que, la idea de discutir con alguien con quien ha surgido un conflicto, es siempre la de solucionarlo de la mejor manera posible. Por lo tanto, enfócate en proponer una solución y no en dar vueltas y más vueltas, culpabilizando y sin llegar a un punto de acuerdo.

Deja los trapos sucios donde estaban

Lo que quiero decir con esto es que, si estás en la tarea de intentar resolver un problema con alguien, no saques a colación situaciones del pasado, cosas que ya sucedieron y que seguramente, se resolvieron en su momento, o tal vez no, pero que no viene a cuento sacarlos ahora, cuando se está tratando otra cosa diferente. Hacer esto sólo va a desviarte de tu propósito y crear mucho malestar a la otra persona.

Como ya te había dicho, estas son conductas y actitudes muy básicas y sencillas, que, no van dirigidas a resolver el conflicto, sino a poder enfrentarse a él de una manera más serena. Y claro, enfrentarlo de una manera más tranquila, sin duda aumentará las probabilidades de que se resuelva antes y de la mejor manera para las dos partes.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.