¿Cuándo Premiar o Castigar a los niños?

Qué padre o madre no ha dicho alguna vez, “el niño no vino con libro de instrucciones”…

Para muchos padres, la educación de los niños no es tarea fácil. Saber cómo gestionar sus rabietas, establecer límites; o saber qué hacer con sus reacciones ante cualquier negativa, supone muchas veces llegar al borde de la desesperación.

Realmente es un tira y afloja entre los padres y el niño; en el que cada uno intentará conseguir su objetivo. Claro que siendo los padres los adultos, y al fin y al cabo los que educan; deben ser ellos quienes tengan las herramientas para llevar a buen puerto esas pequeñas batallas. En estos casos es cuando un psicólogo te puede ayudar.

premios y castigos a los niñosPonerle límites a tus hijos

De todos modos no hay que olvidar; que además de educarles y ponerles los límites adecuados, es necesario que también se les respete.

A la hora de establecer los límites y poner las normas a los niños; más que imponerlas “porque lo digo yo”, es mejor negociarlas con ellos. Esta claro que esto puede hacerse a ciertas edades, como en la adolescencia; en otras más tempranas, tendrán que ser los padres quienes las establezcan, sin que los niños tengan todos los argumentos.

Es necesario informar a tus hijos acerca de un límite con voz y mirada firme. Pero, recuerda que, si has puesto o negociado una norma con tu hijo, tú también tendrás que respetar esa norma. Por ejemplo: si no se pueden decir tacos, no se pueden decir; ni él ni tú. Tampoco puedes gritarle para decirle que no grite.

Tener unas normas le da al niño seguridad; sabrá muy bien hasta dónde puede llegar y hasta donde no debe llegar. Debe saber que no cumplir con una norma tendrá unas consecuencias, pero, ten en cuenta que el castigo debe ser proporcional a lo que el niño ha hecho.

Cuando ser necesario un castigo, el niño debe saber que, lo que desapruebas no es a él; sino su conducta. Antes de amenazar con un castigo, piensa bien lo que vas a decir. Si te llevas por el enfado del momento y amenazas con algo exagerado que después no podrás cumplir, el niño aprenderá que las amenazas se quedan en saco roto; y no hará ni caso de ellas.

Las rabietas infantiles

Las rabietas son más habituales en niños de corta edad, sobre los dos o tres años, y se suelen producir cuando el pequeño no consigue lo que quiere. En estos casos, lo mejor que puedes hacer es esperar a que se le pase; no prestarle atención en su enfado, si puedes; mejor te pones a hacer otra cosa mientras tanto.

Si cedes y durante la rabieta le das lo que quería, aprenderá de inmediato que esa es la manera de obtenerlo, y lo hará cada vez que quiera algo que no consiga con rapidez. Pero, debes estar preparado. Tu hijo, por pequeño que sea, te pondrá a prueba; y si la pataleta no le funciona en casa, es posible que la haga en público. Sabe perfectamente que es una forma de presión más eficaz. En esos casos, puedes advertirle antes de salir de casa, de que una rabieta en la calle tendrá unas consecuencias.

Has de ser muy concreto a la hora de pedirle algo a tu hijo pequeño. Por ejemplo; decirle que se porte bien es muy ambiguo, es más eficaz decirle que recoja lo que ha utilizado para jugar. Ante una norma que ya está establecida de antes, no le des la orden de manera directa, dile por ejemplo: “es la hora de hacer la tarea”.

Premios y castigos

No es necesario que premies o que castigues todo lo que el niño haga bien o mal. Aunque si es cierto que, si refuerzas una conducta, es más probable que la repita. Pero, se puede reforzar con palabras agradables o con alguna muestra de cariño; no es necesario un premio material. También se puede reforzar una conducta prestándole atención; eso hará que repita dicha conducta. Por el contrario, dejará de hacer otras a las que nadie preste atención alguna.

En cuanto a los castigos; antes de ponerles uno de manera inmediata, es recomendable hablar con ellos primero para explicarles las consecuencias que puede tener lo que hagan. Pero, no sólo en relación al castigo que pueden tener, sino explicarles por qué hay cosas que no deben hacer. O mejor aún, decirles cómo pueden hacerlo. De esta forma, no sólo castigas la mala conducta; sino que además, le enseñas cuál es la correcta.

Por ejemplo; si castigas a un niño por subirse a una silla para alcanzar algo en lo alto, sólo aprenderá a no hacerlo. Pero si además le dices que debe pedir ayuda para ello, aprenderá a cómo hacerlo bien. Si aún así persisten en su conducta, habría que aplicar un castigo que sea proporcional a su comportamiento; y nunca debe depender del estado de ánimo del padre o la madre. Pero, si se lo has dicho, has de cumplirlo; por eso yo siempre recomiendo pensarlo bien antes de amenazar.

No se recomienda utilizar el castigo físico; ya que, el niño lo utilizará como modelo y puede aprender que ser agresivo es la forma de solucionar los problemas. Podrá llegar a ser, entonces, un adulto agresivo.

 

Rosa Armas

Colegiada T-1670

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