Tal cómo su nombre indica, los prejuicios son un juicio previo, por lo general negativo; un juicio que hacemos de una persona o de un grupo, antes de tener la información completa de primera mano. Los prejuicios están establecidos desde mucho tiempo atrás; muy arraigados en la sociedad. Tanto es así que, como decía Albert Einstein, “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

Los prejuicios en la sociedad actual siguen estando presentes, de forma permanente. Aún hoy, a pesar de vivir en una sociedad supuestamente tan moderna y tan abierta de mente; se sigue discriminando a gente por su raza, sexo, clase social, religión, por su orientación sexual. E incluso, por tener una discapacidad.

Para que haya prejuicios y la consecuente discriminación, es necesario ver a una persona formando parte de un grupo; por el que se siente rechazo o como mínimo algo de desagrado. Los prejuicios han ocurrido desde el principio de los tiempos y continúan hoy en día.

La discriminación tiene una relación directa con los prejuicios, y de ellos vamos a hablar. Vamos a hablar de qué son y como se forman los prejuicios. Entendiendo el proceso mental que lleva a que se forme un prejuicio, podremos cambiarlo con más facilidad; si así lo queremos. Ya sea con respecto a una persona o a un grupo.

¿Qué es un prejuicio?¿Qué es un prejuicio?

Un prejuicio es exactamente eso, hacer un juicio previo de una persona; sin darnos tiempo a tener datos reales sobre ella. Pero es que, aún sin esos datos, la incluimos directamente en un grupo; y esto lo hacemos utilizando lo que denominamos como estereotipos.

A su vez, los estereotipos son las creencias, sentimientos o ideas que tenemos hacia las personas o situaciones que pertenecen a un grupo concreto. Por ejemplo, podemos tener ciertas ideas sobre los abogados, los albañiles, las personas de raza gitana, etc.

Los estereotipos

Si bien es cierto que los estereotipos pueden ser negativos o positivos; también es cierto que en ninguno de los dos casos están basados en datos reales, de una persona en concreto. Cuando hacemos una valoración negativa, atendiendo a unos estereotipos que ya están creados y que asumimos como absolutamente ciertos, estamos sin duda ante un prejuicio.

Es cierto que, los estereotipos y por tanto los prejuicios, tienen ciertas ventajas para nosotros. Una de ellas, podría ser que, nos sirven para establecer categorías; y de esa manera, manejar mucho mejor toda la información que nos llega del exterior. Otra de las ventajas es que, puede servirnos para alertarnos de posibles peligros. Por ejemplo: un estereotipo nos servirá para no meternos en un callejón solitario y oscuro en plena noche.

En una situación potencialmente peligrosa como ésta del ejemplo, tener el prejuicio nos va a ser beneficioso. Sin embargo hay muchas otras situaciones en donde tener prejuicios puede ser contraproducente; sobre todo en el aspecto social y cultural.

Prejuicios sociales y culturales

Sin ir más lejos; creemos saber cómo son, lo que les gusta y lo que no les gusta, a los habitantes de un país. Y todo esto, sin haber estado nunca en ese país, ni conocer a nadie de allí. El peligro de esto es que si en algún momento conocemos a una persona de dicho país, le trataremos en función de nuestro prejuicio. Y no sólo eso; sino que debido a algo que traemos de fábrica y que se llama el “sesgo de confirmación”, prestaremos atención a las señales que confirmen nuestras creencias; y obviaremos lo que no coincida con ellas.

Prejuicios y discriminación

Cuando un prejuicio lleva a una persona a actuar de cierta forma con la persona o el grupo en cuestión, estaremos hablando de discriminación. Un ejemplo podría ser, impedir a una persona de una raza en concreto, entrar en un restaurante.

Podemos llegar a establecer relaciones entre dos variables que no tienen nada que ver la una con la otra. Por ejemplo, la relación que hacemos a veces entre razas y delincuencia. Esto lo hacemos porque le damos mucha importancia al comportamiento negativo de un grupo minoritario de personas; pero claro, esto nos lleva a discriminar. Pero no creas que eso es todo; también podemos llegar a relacionar profesiones con gustos, o profesiones con formas de ser y/o de comportamientos.

Y aún hay más relaciones sin sentido, como podría ser, establecer una relación entre el sexo de una persona con su habilidad para ciertas tareas, como podría ser la de conducir un vehículo.

Podríamos decir que, debido a la gran cantidad de estímulos que recibimos, a los seres humanos se nos hace necesario establecer categorías; para poder entender y manejar mejor toda la información. El problema está en que las categorizaciones llevadas al extremo, hacen que percibamos a las personas de un mismo grupo como iguales; y de esta forma los llevemos a formar parte de un prejuicio.

prejuicios y estereotipos

De los prejuicios a las generalizaciones

Esta necesidad que tenemos de formar categorías, hará que se establezcan los estereotipos; y aquí, rizamos el rizo y vamos más allá de una simple categorización. Nos hemos hecho capaces de atribuir a todas las personas del mismo grupo aspectos que son muy particulares y personales; como pueden ser los gustos, formas de pensar, ideas políticas, aficiones y todo lo que se te pueda ocurrir. Por ejemplo, podemos llegar a pensar que un bibliotecario es una persona aburrida al que no le gusta ir a patinar. Por lo general, los estereotipos son erróneos y/o exagerados.

Con todo esto, esas relaciones que nuestra mente establece, no tendrían ningún inconveniente si se quedara ahí, en sólo una relación mental. El problema está en que, por una parte va a determinar nuestro comportamiento hacia otras personas; y por otra parte, nos puede hacer perder oportunidades de todo tipo. Como puede ser, la oportunidad de conocer a una persona valiosa para nosotros; independientemente de su raza, profesión o ideas políticas.

Así por ejemplo, imagina que tienes pensado viajar a un país extranjero pero, te han dicho o has oído, que allí la gente es muy mala. Probablemente vayas, aunque con mucho miedo, te perderás la oportunidad de estar tranquilo y disfrutarlo y, a lo mejor, hasta le pegas a alguien que se acerque a preguntarte la hora; por la sospecha de que se acerca para atracarte.

Revisa tus prejuicios

Como los estereotipos y los prejuicios no se formaron la semana pasada; sino que se van pasando de generación en generación, a estas alturas forman parte de nuestra más profunda manera de pensar.

Como ves, los prejuicios y estereotipos, pueden tener alguna que otra ventaja. Pero, en general son desventajas lo que nos aportan. Así que, revisa los tuyos, no hagas generalizaciones. Bueno… a lo mejor sí debes hacerla en eso del callejón oscuro y solitario; pero no lo hagas con las personas.

Todos somos diferentes, todos tenemos virtudes y también defectos, todos tenemos algo que aportar. Simplemente, no es posible que, todas las personas de un país sean iguales; ni que todas las que tienen una profesión concreta lo sean. Ni siquiera es posible que todos los del mismo género sean iguales. Por lo tanto, lo mejor sería conocer a una persona, conocerla personalmente, sea quien sea; antes de formarte un juicio sobre ella y… puede que te sorprenda.

 

Rosa Armas

Colegiada T-1670

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Los prejuicios en nuestra sociedad
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