Si yo te preguntara cuántas veces te has sentido decepcionado con alguien, es muy probable que me dijeras que han sido muchas las decepciones y, posiblemente, recordaras más de un nombre en sólo unos segundos. Bien pues, aquí vamos a hablar hoy de la decepción.

las decepcionesEl proceso de la decepción

Pienso que, si entendemos de manera adecuada el proceso de cómo y por qué nos decepcionamos; casi con toda seguridad vamos a tener ese sentimiento tan doloroso con mucha menos frecuencia.

En realidad y como ya sabrás, el responsable de que tú te decepciones, nunca es la otra persona. El responsable siempre serás tú mismo; por crearte unas expectativas que no se corresponden con la realidad.

Crearse expectativas

Vamos a hablar por ejemplo de alguien llamado Carlos. Carlos puede ser cualquier persona que conoces y que tratas con frecuencia; o alguien que conozco y trato con frecuencia en mi consulta psicológica.

Carlos siempre te ha dado muestras de ser una persona que se preocupa por tus problemas; alguien que siempre se ofrece para ayudarte en lo que necesites. Alguien que te ha demostrado una generosidad admirable.

En realidad Carlos te ha dado unas pistas de cómo es, de cuáles son los rasgos que predominan en él. Tú, por tu parte, has hecho con esas pinceladas un paquete compacto, has hecho un “todo”,  y, has determinado que Carlos es una persona “generosa”.

La inevitable decepción

Pero claro, llega un día en que te encuentras en un apuro y necesitas un favor, un favor que no es extraño pedirle a una persona tan generosa como es Carlos. En ese momento, a Carlos no le viene bien, no quiere, no le apetece o no lo que sea… porque además está en su derecho; y entonces tú te sientes decepcionado.

Como ves, el problema no es de Carlos. El problema es tuyo porque, nadie es sólo generoso, nadie es sólo envidioso, nadie es sólo egoísta, nadie es buena persona o mala persona. Digamos esto de otra forma; todos somos un poco de todo.

Existen multitud de dimensiones en nosotros; todos somos generosos, pero en ocasiones, también todos somos egoístas. Todos decimos verdades, pero también todos decimos mentiras algunas veces; aunque las llamemos piadosas. Todos podemos sentir envidia no me digas que no, todos somos un poquito de todo.

Es cierto que, puede ser que esas dimensiones de egoísmo, de envidia o de celos, no sean las que predominan en ti y en tu forma de actuar. Pero, eso no quiere decir que en algunos momentos, por diferentes circunstancias, no se manifiesten.

Como en el caso de Carlos, hay momentos en que, por el motivo que sea,  no es generoso; y la responsabilidad de la decepción es tuya por haberlo metido en ese paquete, y no suya.

¿Qué hacemos al sentirnos decepcionados?

Pues, por lo general, nos alejamos de esa persona, “porque nos ha decepcionado”.  También la juzgamos,  pero recuerda que al juzgar a alguien, estamos juzgando algo que también nosotros tenemos,  y la apartamos de nuestra vida con lo cual, nos perdemos la oportunidad de conocer otras cualidades que esa persona pueda tener.

Pero claro… existe una posibilidad de que no eliminemos a esa persona de nuestra vida para siempre, y esa posibilidad se llama “cambio”. Es decir, si Carlos cambia y se adapta a lo que a nosotros nos viene bien; si se adapta a lo que a nosotros nos resulta cómodo, si se adapta a las expectativas que teníamos sobre él; entonces podrá quedarse cerca de nosotros.

No pongas tu bienestar en manos de otros

Pues bien, déjame que te diga algo; no hay nada peor que poner tu comodidad y tu bienestar en las manos de otra persona. Todo eso debe estar en las tuyas, no puede ni debe estar en que otra persona cambie, en que otra persona esté o se vaya.

No puede depender de que alguien se adapte a tus expectativas; entre otras cosas porque nadie tiene por qué adaptarse a tus expectativas, ni a las mías; de la misma forma que tú no tienes por qué adaptarte a las expectativas de otro. Es más, probablemente te molestaría tener que hacerlo.

Supera las decepciones

Una vez explicado cómo es el proceso de la decepción, podemos llegar a alguna conclusión. Sí, es verdad que es doloroso sentirse decepcionado; pero también es cierto que está en nuestra mano no sentirnos así.

Lo conseguiremos cuando entendamos que no somos ni más ni menos que seres humanos, que podemos tener infinidad de comportamientos diferentes; que no todos los días estamos igual ni actuamos igual, porque dependerá a su vez de infinidad de factores.

Y, además, cuando entendamos que esas cositas que puedan decepcionarnos de otra persona, también las podemos tener nosotros; y con mucha frecuencia además.

 

Rosa Armas

Colegiada T-1670

Valoras este post?