¿Qué transmites cuando hablas? Bueno… en realidad esa no es la pregunta; la pregunta sería, ¿qué tipo de palabras son las más frecuentes en tu vocabulario?

¿Utilizas con más frecuencia el “no”? Eso de, “no puedo”, “no soy capaz” o “yo no sé”…o por el contrario, ¿es más frecuente el “si”? ¿Utilizas más cantidad de palabras negativas o positivas?

la importancia del lengujae positivo

El poder del lenguaje

Estaría bien que vigilaras y estuvieras siempre muy pendiente de lo que dices. Porque te diré que tus palabras tienen un efecto en tu cerebro; y como consecuencia de ello, en tus emociones y en tu conducta. Y no es broma.

Imagina que estás hablando con un amigo tuyo y de repente te pones a insultarle, a descalificarle, a decirle cosas muy feas… como que es un inútil, que no hace nada bien, etc. El resultado más probable es que tu amigo se enfade mucho contigo; y puede hasta que se rompa tu relación con él.

Por lo tanto, el lenguaje no es sólo un instrumento que utilizamos para darnos información unos a otros. Sino que además, es una manera muy poderosa de crearnos emociones; buenas y malas.

Pues bien; no sólo lo que le decimos a otra persona puede producirle una emoción negativa, y destruir el vínculo que hay con ella. Sino que también lo que nos decimos a nosotros mismos puede ser destructivo o constructivo; dependiendo de lo que digamos, y de cómo lo digamos.

Por lo general, no somos nada cuidadosos con las palabras que empleamos. Puede que sí lo hagamos cuando nos dirigimos a otra persona, pero no lo hacemos tanto cuando nos dirigimos a nosotros mismos; ya sea con el pensamiento o de viva voz, que lo mismo da.

Las palabras y su efecto en la mente

Mark Waldman y Andrew Newberg, psiquiatras y profesores de dos Universidades norteamericanas, publicaron un libro llamado “Las palabras pueden cambiar tu cerebro”.

En este libro, los autores explican que, cuando se escucha la palabra “no”, al principio de cualquier frase, nuestro cerebro empieza a liberar cortisol; que es la hormona del estrés, y la que nos pone en situación de alerta. Por el contrario, cuando escuchamos un “si”, el cerebro libera dopamina; que es la hormona del bienestar y la recompensa.

El neurólogo Leonardo Palacios asegura que todas las palabras, sean éstas positivas o negativas, producen una descarga emocional desde el cerebro. Y por ejemplo, una palabra negativa o insultante, activa la amígdala. La amígdala es una estructura del cerebro que activa la alerta, y genera una sensación de malestar y de rabia.

Por el contrario, las palabras positivas son asimiladas por el hemisferio derecho del cerebro. Este hemisferio es el encargado de las emociones; y por lo tanto, las palabras positivas generan bienestar. Pero, según Palacios, todo depende del volumen y del tono de voz con el que se digan las palabras.

A mi entender, todo esto es motivo suficiente para que empecemos a tener más cuidado con lo que decimos. Pero también con lo que pensamos, e incluso con lo que leemos; porque, las palabras van a determinar en gran medida nuestro estado de ánimo. Así que, podríamos tener en cuenta algunos consejos para que saques provecho del poder de las palabras

Disminuye la autocrítica y aumenta las palabras positivas en tu lenguaje

Son tantas las expresiones autocríticas que utilizamos para hablar mal de nosotros mismos… “soy muy torpe”, “no puedo”, “soy un inútil para…”, “no me veo capaz”, “no voy a poder con esto”, “es muy difícil”, son sólo unos pocos ejemplos. Piénsalo, y verás como encuentras muchos más.

Según otros estudios, tener pensamientos y palabras positivas sobre nosotros mismos influye no sólo en nuestro estado de ánimo; sino también en cómo nos vemos a nosotros mismos. Es decir, que las palabras influyen en la autoestima; y también en las decisiones que tomaremos. Así por ejemplo, las expresiones autocríticas mencionadas nos llevarían a no actuar.

Se ha podido comprobar que, leer una lista de palabras negativas durante unos pocos segundos, provoca en las personas una respuesta de ansiedad y peor estado de ánimo; pero, si ese discurso negativo es hacia nosotros mismos, los efectos son todavía peores.

De igual manera, las palabras que indican actividad, promueven en nosotros la motivación para actuar, como por ejemplo, “sí que puedo hacerlo” o “soy perfectamente capaz”. Y esto es provocado por las conexiones neuronales que se producen en nuestro cerebro, cuando hacemos un uso continuado de las palabras, de las positivas y de las negativas. Las palabras tienen un efecto emocional tan intenso que son capaces, como te decía antes, de cambiar nuestro cerebro.

la autocrítica

Elimina la palabra “no” del principio de tu discurso.

Como decía antes, la palabra “no” produce la liberación de cortisol, que es la hormona del estrés. A veces decimos cosas que pueden parecer que son positivas, como podría ser: “no quiero estar enfermo”. En realidad, la frase positiva no es esa, la frase positiva es “quiero estar sano”. Y así con cualquier otra expresión que se te ocurra.

Mejor centra tu discurso en la parte más positiva de las cosas. Absolutamente todo, tiene una parte buena; si cuando hablas te centras en esa parte, tú te vas a sentir mejor; y las personas que te escuchan, también.

Si que es cierto que a todos nos pasan cosas que no son demasiado buenas. Pero, ya sólo con tu forma de decirlo, te puedes sentir mejor o peor. Por ejemplo, si has tenido algún problema de salud, puedes decir “estoy enfermo”. Pero también podrías decir, “me estoy recuperando”. Si has perdido tu trabajo, puedes decir “no tengo trabajo” pero también podrías decir, “estoy buscando trabajo”.  Recuerda siempre que el “no” al principio de una frase, nos provoca estrés.

Deja de dramatizar

Con dramatizar quiero decir, utilizar expresiones del tipo, “esto es horrible”, “es espantoso”, “no puedo soportarlo”, “es imposible hacerlo”, etc. Estas expresiones, además de ser probablemente poco realistas, generan mucho malestar y estrés.

Habría que cambiarlas por otras menos radicales, que se ajusten mejor a la realidad y que no nos generen un malestar tan intenso. “Esto es molesto”, o “es un poco incómodo”, son expresiones mucho más suaves; que al decirlas así, harán que nuestras emociones no sean tan negativas.

Evita los imperativos

Por otra parte, las palabras que indican obligación también generan estrés, algunas de ellas son, “tengo que….” o “debería…” Si las cambias por ejemplo por, “quiero….”, de inmediato desaparece la obligación que llevan implícitas las otras; y con ello la resistencia que ponemos siempre a hacer algo a lo que se nos obliga.

En resumen: siempre debes eligir con mucho mimo las palabras que utilizas. Esas palabras van a tener mucho poder sobre ti. Esta es una de las razones por las cuales es tan importante pensar antes de hablar; y por supuesto no hablar demasiado. Sobre todo, cuando ese “hablar de más” conlleva críticas, y un lenguaje negativo hacia los demás o hacia nosotros mismos.

 

Rosa Armas
Colegiada T-1670.

La importancia de Hablar en Positivo
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