Dicen por ahí que si piensas mal, acertarás. Por supuesto que si sientes desconfianza, alguna vez acertarás. Porque en algún momento habrá cosas que te salgan mal; habrá planes que no salgan como tenías previsto, y habrá gente que te engañe o que te traicione.

Eso siempre nos puede pasar, y de hecho nos ha pasado. A veces lo hemos intuido, o bien hemos visto un gesto o alguna cosa que nos ha hecho ponernos en alerta y nos ha generado desconfianza; por miedo a una traición o a un fracaso.

El problema entonces no es sospechar alguna que otra vez; el problema se presenta cuando la desconfianza nos acompaña absolutamente siempre. Cuando somos desconfiados o mal pensados en todas las situaciones; y en todas las interacciones con otras personas.

la desconfianza en las relacionesCausas de la desconfianza

¿Y por qué hay personas que desconfían de todo y de todos? Hay dos motivos principales por los que una persona sufra de desconfianza permanente.

El primer motivo es, como casi siempre, por la educación que hayamos tenido. Hay padres que, posiblemente por sus propios miedos y desconfianza, alertan a sus hijos de los posibles peligros que puede haber; y de los que no puede haber también.

Cuando en una familia se está constantemente advirtiendo a un niño de que algo malo puede ocurrir; de que las personas te pueden engañar, de que los amigos no lo son tanto y te pueden traicionar, etc. Ese niño crecerá con la idea muy clara de que todos son malos; y de que todo saldrá mal.

El segundo motivo tiene que ver con la experiencia que hayamos tenido a lo largo de la vida. Si el porcentaje de fracasos, de engaños y traiciones que hemos sufrido es mucho mayor que el de los éxitos y las lealtades, lo más probable es que terminemos convirtiéndonos en personas mal pensadas y llenas de desconfianza. Con lo que la gente que vaya llegando nueva a nuestra vida termina pagando, sin culpa ninguna, lo que hicieron otros.

Consecuencias de la desconfianza

Pero, convertirnos en personas con un alto nivel de desconfianza, tiene unas consecuencias que no suelen ser demasiado buenas.

En primer lugar, la desconfianza nos genera mucha ansiedad. El hecho de estar siempre a la espera de que algo malo ocurra, de que alguien nos vaya a fallar; de que vayamos a sufrir una traición en cualquier momento, hace que nos mantengamos siempre en alerta esperando la catástrofe. Viviremos con la amenaza pegada a la espalda; y esto no nos dejará estar tranquilos en ningún momento y en ningún tipo de relación personal. En definitiva, ser una persona mal pensada produce malestar y sufrimiento.

Por otra parte, la desconfianza nos hará comportarnos de una manera determinada en nuestras relaciones. Y ese comportamiento nos llevará a no poder tener relaciones buenas y profundas con nadie. Si no compartimos información personal con alguien por miedo a que la pueda utilizar en nuestra contra, esa persona tampoco se sentirá motivada a compartir con nosotros; con lo que las relaciones serán muy superficiales. Y, aquí empezaría el círculo; que la otra persona no comparta tampoco información personal. Al final la persona desconfiada se reafirmará en su creencia de que dicha persona no es de fiar.

Además, tener un alto nivel de desconfianza, te puede llevar a hacer malas interpretaciones de cosas que nadie hizo ni dijo con mala intención. La desconfianza causa que puedas interpretar cualquier gesto como un desaire; un halago como una ironía, un saludo cariñoso como una hipocresía, etc.

También es verdad que un cierto nivel de desconfianza, puede evitarte algunos disgustos; porque te hace estar pendiente del mínimo detalle. Pero esto sólo en algunas situaciones; en cambio en otras no tanto. Si alguien está pensando en traicionarte, por más que tú desconfíes, no podrás evitarlo.

¿Que hago si soy muy desconfiado?

Si consideras que vives permanentemente en modo de desconfianza, y esto te genera malestar, empieza por no hacer generalizaciones. Si algo te ha salido mal una vez, o dos, o alguna más, no quiere decir que siempre vaya a suceder así.

Cuando un amigo te ha fallado alguna vez, de quien no debes fiarte más es de ese amigo; pero no debes pensar mal de otras personas que lleguen a tu vida, y que no tienen la culpa de eso. Dales el beneficio de la duda; por lo menos hasta que demuestren con hechos que no puedes fiarte.

No se trata de ser temerario. Por supuesto debemos tener ciertas precauciones en según que casos; pero eso es una cosa y otra muy diferente tener desconfianza de absolutamente todo el mundo.

Por otra parte, si tienes niños pequeños, cuidado con lo que dices delante de ellos, cuidado con los juicios de valor, eso de “todos los hombres son…”, o “todas las mujeres…”, o, “los amigos siempre terminan fallándote”. Cuidado con los peligros de lo que le alertas, puede que en realidad no sean tan peligrosos; pero el niño guardará el mensaje por mucho tiempo, y terminará siendo un adulto dominado por la desconfianza.

Si te sientes identificado con estos casos, no dudes en contactar con nuestro equipo de psicólogos.

 

Rosa Armas

Colegiada T-1670.

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