A veces es una enfermedad y otras, puede ser un accidente, lo que provoque el que una persona pierda capacidades físicas o cognitivas. Esto hará por tanto, que pierda su independencia y su autonomía para realizar tareas cotidianas; que puede incluir hasta el propio cuidado personal.

En muchos de los casos, es un familiar el que se hace cargo de atenderle. Pero si esa persona, es decir, el cuidador, no se cuida a sí mismo también, puede llegar a desarrollar una serie de consecuencias negativas tanto físicas como emocionales; que se conocen como el síndrome del cuidador quemado.

síndrome del cuidador

¿Qué es el síndrome del cuidador?

El síndrome del cuidador es un trastorno que se da en las personas, que por lo general suele ser un familiar directo,  que se hacen cargo de cuidar a una persona dependiente. Se caracteriza por un agotamiento físico y psíquico.

Esto se produce, no por el estrés puntual de un diagnóstico de dependencia. Ocurre después de una larga temporada cuidando de una persona; por la responsabilidad y el estrés que supone atender todas las necesidades de alguien durante muchas horas al día.

El cuidador se ve afectado por la falta de tiempo libre, porque se ocupa de todo: medicación, visitas médicas, comida, etc; y además por el aislamiento social que conlleva; puesto que no le queda tiempo para nada más. E incluso, llega a afectar a sus proyectos de vida; que en la mayoría de los casos tienen que dejar aparcados.

En la mayoría de los casos, la función de cuidador la asume una mujer de la familia; que además de hacerse cargo de esa persona, tiene que atender otras demandas como pueden ser su propia familia. Todo esto durante mucho tiempo, hará que esa persona se sienta desbordada; tanto física como mentalmente.

Síntomas del síndrome del cuidador

Si eres una de esas personas que ahora mismo está cuidando de alguien, no estaría mal que estuvieras pendiente de algunos síntomas; para que pudieras protegerte y evitar este síndrome. Algunos de los síntomas son estos:

  • Te sientes agotado y no sólo físicamente; también sientes agotamiento mental.
  • Hace ya mucho tiempo que no sales con tus amigos, ni tienes ninguna de las actividades de ocio que tenías antes.
  • Te das cuenta de que tu humor cambia de manera repentina; puedes estar bien y de pronto te enfadas o lloras por cosas insignificantes.
  • En muchas ocasiones, sientes ansiedad.
  • Te sientes triste la mayor parte del día.
  • Empiezas a tener problemas para dormir bien y te levantas cansado.
  • Tu apetito ha disminuido.
  • Notas que tu memoria ya no es la que era y además, te cuesta trabajo concentrarte.
  • Además, se puede producir una dejadez en tu cuidado físico; y en ocasiones, tener sentimientos de culpa por pensar que no estás haciendo lo suficiente.
  • En algunos momentos, desbordado por el estrés, puede tratar mal a la persona que cuidas.

Todo esto podría indicar que se está dando el síndrome del cuidador quemado. Puede llegar un momento en que, la persona que está siendo cuidada, esté en mejores condiciones que el propio cuidador. La dedicación total y absoluta a otra persona puede estar bien; pero sin duda alguna, si esto se prolonga en el tiempo, termina pasando factura.

Recomendaciones para los cuidadores

Algunas recomendaciones para mejorar la calidad de vida del cuidador y evitar así el síndrome son las siguientes:

  • Estaría muy bien que aceptáramos que Superman sólo existe en la ficción; y que por tanto, tener a una persona  que nos relevara de vez en cuando, ya sea otro familiar, algún amigo o un profesional, puede aliviar bastante todo ese cansancio.
  • No debes olvidar tu cuidado; una buena alimentación, el descanso suficiente y hacer algo de ejercicio físico. Son pilares básicos para poder seguir en dicha tarea.
  • Igual que en cualquier otro trabajo, debes tener tu tiempo para ti. Un tiempo cada día para hacer tus cosas; y un tiempo también cada semana para poder hacer planes con tus amigos o con tu familia.
  • Por otra parte, si la persona a la que estás cuidando, aún es autónomo para hacer alguna cosa como por ejemplo comer solo, debes dejar que lo haga. Aunque lo haga despacio, no importa, déjale hacer lo que aún puede; que será un descanso para ti.

Si no eres tú la persona que está cuidando, pero lo es alguien de tu familia, no olvides que todos podemos echar una mano. Muchos de los miembros de la familia pueden pasar un ratito por lo menos con la persona que está enferma, y así, también ayudamos a cuidar un poco al cuidador.

 

Rosa Armas

Colegiada T-1670.

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