Algunas personas, al hablar de ellas mismas, pueden decir que son muy optimistas. Por el contrario, otras muchas consideran que son pesimistas. Al decir, “yo soy pesimista”, o bien, “yo soy optimista”, da la impresión de que estamos hablando de que el optimismo o el pesimismo son algo que forma parte de nuestra personalidad; y que nos resulta imposible cambiar.

Es como si estuviéramos diciendo, yo es que soy pesimista y esto no tiene vuelta atrás, es imposible cambiarlo. Lo cierto es que, ni el optimismo ni el pesimismo, son rasgos de personalidad estables y duraderos para toda la vida, en realidad no son más que formas de pensar, y como tales, podemos cambiarlo siempre que queramos, o mejor dicho, siempre que nos entrenemos para ello.

En realidad, todos somos algo pesimistas u optimistas dependiendo del momento o las circunstancias, la diferencia entre uno y otro está en cuáles son las ideas que predominan en el día a día.

Cómo desarrollar el optimismoCómo desarrollar el optimismo

Vamos aquí a hablar un poquito sobre el optimismo que siempre será más agradable. Para empezar, vamos a echar abajo una creencia muy común que no es cierta; el optimismo no significa verlo todo de color de rosa. No significa pensar que todo es bueno y fantástico; ni creer que nunca vamos a tener ningún problema o que es imposible que nos pase nada malo. Esto no es optimismo; eso es una absoluta irrealidad.

De la misma forma; irnos al extremo contrario y pensar que todo está mal, que todo es horrible y que nada funciona, también es irreal. La idea es practicar el optimismo, pero de una forma realista.

El optimismo es no quedarnos con la idea más negativa que nos llegue a la cabeza; cuando las alternativas son muchas otras ante cualquier situación. Es analizar para qué nos ha servido o qué nos ha aportado una mala experiencia que hayamos tenido; es no creer que los problemas son obstáculos que no vamos a poder superar nunca. Y es no pensar que, porque una parte de nuestra vida no vaya bien del todo, significa que toda nuestra vida es un auténtico desastre.

El optimismo se aprende

Que en nosotros predomine más el optimismo o el pesimismo, va a depender de cómo nos enseñaron a interpretar las situaciones. Una de las formas de desarrollar el optimismo es mediante la ayuda de un psicólogo, te podemos ayudar.

Depende, como en muchas otras cosas de la educación que tuvimos. Por esto, es importante enseñar a nuestros niños el optimismo como un conjunto de maneras más sanas de pensar; aportándoles alternativas si ellos mismos no las ven, y de paso, podemos entrenarnos nosotros. También depende de cómo hayamos interpretado nuestras propias vivencias en el pasado.

Por ejemplo, se sabe que las personas con tendencia al optimismo, consideran que los acontecimientos positivos que les ocurren se deben a factores estables y de ellos mismos. Por ejemplo; ante un éxito laboral, piensan que se lo merecen y que se lo han ganado. Por el contrario, a los acontecimientos no tan favorables, les atribuyen causas más externas y temporales. Una mala respuesta de un amigo, no la interpretan como “estará enfadado conmigo”; sino como “seguro que tiene un mal día”.

¿De qué manera nos entrenamos en ser más optimistas?

Para empezar y como decía antes, vamos a no quedarnos con la primera idea negativa que nos llegue a la cabeza, y veamos qué otras opciones tenemos. Por ejemplo, tu pareja sale de trabajar por la noche y tu estás en casa esperando que llegue; pero, ya va con media hora de retraso. Es posible que, la primera idea que te llegue a la cabeza sea la de que haya tenido un accidente. Esa idea, sin duda, te hará pasar muy mal rato.

Otra idea podría ser “es imposible que le ocurra nada malo”, este pensamiento es optimista pero no es realista y, no se trata de engañarnos. Hay muchas otras opciones de pensamientos, salió un poco más tarde hoy, se entretuvo con alguien, está en un atasco … En situaciones como ésta, no te quedes con la peor idea; busca qué otras alternativas tienes que pueden ahorrarte el malestar.

Ante cualquier problema que se te presente, puedes opinar que es un problema insalvable que no podrás resolver. Pero también puedes analizar qué posibles soluciones tiene e intentarlo con optimismo. Si no lo haces así, estarás siendo pesimista; y tirarás la toalla antes de probar si puedes resolverlo.

Sacar lo bueno de las adversidades

Cuando se te presente alguna adversidad, porque eso es inevitable, puedes sacar la parte buena de ello. Esto estamos todos cansados de oírlo, pero, ¿cómo se hace eso? Pues… pregúntate para qué te ha pasado eso. Preguntarte el “para qué ha ocurrido”, hará que veas su parte buena o el aprendizaje que tiene para ti y eso es optimismo. Sin embargo, preguntarte el por qué ha ocurrido, no suele servir para nada.

Se sabe que, las personas optimistas, son capaces de resolver una mayor cantidad de problemas; porque los perciben como retos a superar. Se recuperan mucho antes de los fracasos que los pesimistas. Tienen mejor salud y viven más tiempo. Yo diría que son razones suficientes como para empezar a entrenarnos en ser optimistas.

Recuerda que, ser optimista no es un rasgo de personalidad, es sólo una forma de pensar y, tú puedes elegir de qué forma quieres pensar.

 

Rosa Armas

Colegiada T-1670

 

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