El Efecto Priming y la memoria implícita

¿Conoces el efecto priming? ¿Has oído hablar de ello? El efecto priming o de primado tiene que ver con la memoria implícita. La memoria implícita es un tipo de memoria en la que las experiencias previas nos ayudan en la realización de una tarea, sin que seamos conscientes de que tenemos esa experiencia.

Esto explica muy bien el poder que tienen las palabras, tanto si las decimos verbalmente como si sólo las pensamos, en nuestras emociones y por tanto en nuestra conducta. Te voy a contar un ejercicio, una especie de juego,  que puedes ir haciendo mientras te lo explico y con el que entenderás perfectamente el efecto priming.

Un ejercicio sobre el efecto de primadoEl Efecto Priming y la memoria implícita

Piensa en un número entre el uno y el nueve. Ese número que has elegido, multiplícalo por nueve. Si el resultado es un solo dígito, quédate con ese, si por el contrario es de dos dígitos, súmalos entre ellos de manera que se quede en uno sólo, por ejemplo, si el resultado ha sido 36, sumas tres más seis. Al dígito que te queda, finalmente le restas cinco.

Bien… ahora, busca la letra del alfabeto que le corresponde a ese número, de modo que el 1 sería la “a”, el dos sería la “b”, el tres sería la “c”, etc.  ¿Lo tienes? Ahora, piensa en un país cuyo nombre empiece por esa letra. Después, con la letra que le sigue a esa en el alfabeto, por ejemplo, si has pensado en un país con la “a”, ahora elige la “b” y con ésta piensa en un animal cuyo nombre empiece por esa letra.

Terminado el ejercicio, podría decirte casi con total seguridad que el país en el que has pensado es “Dinamarca”, y el animal, “elefante”. Exactamente esto es el efecto priming, no es magia, es simplemente que, desde pequeños, cuando nos enseñaban a leer, nos decían “e de elefante”, de manera que, cuando nos piden que pensemos en un animal que empiece por la “e”, de forma casi automática sale “elefante. ”

Si bien es cierto que, no hay demasiados países que empiecen con la “d”, sí que hay animales con la “e”, (erizo, escorpión, escarabajo), sin embargo, el primero que llega a nuestra mente es “elefante”. No es más que un estímulo asociado muchas veces con una palabra, con lo que, siempre que aparece el estímulo, aparece esa palabra. Eso es la memoria implícita y el efecto priming.

La influencia de las palabras en la conducta

Otro ejemplo de la gran influencia que tienen las palabras en nuestra conducta, es el experimento realizado por John A. Bargh en 1966. En este experimento, se les daba a un grupo de personas unas tarjetas con palabras sueltas para que formaran frases con ellas. A uno de los grupos, se les daba palabras relacionadas con la vejez.

Al salir de la prueba, se midió a qué ritmo caminaban los participantes. Se comprobó que las personas que habían recibido las palabras relacionadas con la vejez, caminaban más lentamente que el resto, a pesar de que, en ningún momento se nombraba la palabra “lentitud”.

Esto significa, como te decía al empezar, que lo que pensamos o la forma en que nos hablamos a nosotros mismos influye directamente en nuestras emociones y éstas en nuestra conducta. Y  la relación entre las tres es bidireccional. Es decir; un pensamiento puede afectar a nuestra conducta, pero también una conducta puede afectar a nuestras emociones.

El efecto priming y la Psicología

Esto es muy importante desde el punto de vista psicológico, para trabajar con trastornos como por ejemplo una depresión; o incluso para motivar a los deportistas en sus competiciones. Pero también nos puede servir a cualquiera de nosotros en situaciones más cotidianas; como enfrentarnos a una entrevista de trabajo o más cotidianas aún, como estar en un atasco en la autopista. Según lo que nos digamos a nosotros mismos, nos sentiremos de una forma o de otra.

Nunca será lo mismo pensar, “estoy muy nervioso, me saldrá mal, seguro que no me eligen” que pensar; “respira hondo, estás muy preparado y cualificado, saldrá bien” por ejemplo. Nuestro cerebro responderá de manera muy diferente ante unas afirmaciones que ante las otras; y nuestra conducta ante esa situación también.  Es más probable que pensando de manera positiva hablemos con más seguridad y decisión; e incluso nuestra postura corporal será mucho más firme.

Nosotros podemos elegir en todo momento de qué manera pensar. Hay gente que dice “yo es que soy muy negativo”, en realidad no es verdad; es sólo que se han acostumbrado a pensar de esa manera con lo que termina por hacerse de forma automática. Podemos pensar de forma positiva; que siempre nos hará sentir mejor si nos entrenamos para ello con tiempo y constancia.

 

Rosa Armas.

Colegiada T-1670

 

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