¿Te lavas las manos, sin que sea realmente necesario, muchas veces al día? No te preocupes, no estoy preguntando por tus hábitos de higiene; ni tampoco sobre la posibilidad de que sufras un trastorno obsesivo. En esta ocasión voy a hablarte del “efecto Macbeth”. ¿Has oído hablar de ello?

Muchos de nuestros procesos cognitivos se desarrollan en el inconsciente. El inconsciente es esa parte de nuestra mente que resulta tan difícil de entender; pero que tiene una importante influencia en nuestra manera de comportarnos. El inconsciente influye en cómo percibimos las cosas que nos rodean; e incluso hasta en lo que soñamos.

El efecto Macbeth es una expresión de ese inconsciente y tiene que ver con los sentimientos de culpabilidad.

¿Que és el Efecto Macbeth?

El efecto Macbeth es la imperiosa necesidad que puede tener una persona de lavarse las manos; cuando considera que ha hecho algo que moralmente no está bien. La mente asocia que la limpieza física se correspondería con la limpieza moral; o dicho con otras palabras, con lavar la conciencia.

Sé que esto puede parecerte muy extraño, pero, hay experimentos que así lo confirman y, además, tenemos ejemplos muy claros en todas las culturas y las religiones; de cómo se asocia la limpieza del cuerpo con la del espíritu.  En la tradición cristiana, por ejemplo, el ritual del bautismo no es más que utilizar el agua y la limpieza del cuerpo para borrar el pecado original, el ritual del baño en el río Ganges en el hinduismo; e incluso, Poncio Pilatos se lavó las manos después de dejar a elección del pueblo la crucifixión de Jesús.

¿Que és el Efecto Macbeth?

El término viene del personaje de la obra de Shakespeare, “Macbeth”, en la que lady Macbeth, convence a su marido para asesinar al rey Duncan. Después de eso, su sentimiento de culpa era tan grande, que hasta tenía alucinaciones en las que veía sus manos manchadas de sangre, por lo que se las lavaba obsesivamente.

Aliviar los sentimientos de culpa

Y… explicado en qué consiste el efecto Macbeth y de dónde procede su nombre, no puedo por menos que, contar algunos consejos que puedan servir para aliviar el sentimiento de culpa que surge cuando hemos hecho mal a conciencia; y que suele ser un sentimiento muy dañino.

Lo primero es, sin duda, pedir disculpas. Es algo que a muchas personas les cuesta hacer, pero, aunque lo hecho, hecho está, aceptar nuestra responsabilidad y disculparnos, es lo que más alivio puede hacernos sentir.

Después de pedir disculpas, también podríamos preguntar a la persona que hemos dañado, de qué manera podemos reparar nuestro error. No es una penitencia, es sólo compensarle por el daño.

Por otra parte, yo prefiero utilizar la palabra “responsabilidad”, más que la de “culpa”. Suena bastante menos hiriente. Prueba a cambiarlo y verás, la emoción que nos genera “soy culpable de…” es mucho más molesta que la que genera “mi responsabilidad en esto ha sido que…”.

Otro consejo, y vuelve a salir aquí de nuevo, saca un aprendizaje de lo que ha ocurrido.  Como he dicho ya otras veces, la mejor manera de que evolucionemos es que aprendamos de los errores que hemos cometido. Aprender de ellos nos sirve para crecer y como experiencia que nos puede evitar algún malestar en el futuro.

En el caso de sentirte responsable de algo, no seas demasiado crítico contigo mismo, piensa qué le dirías a un amigo o familiar si hubiera hecho lo mismo. Probablemente con alguien externo serías más benevolente.

Si pones en práctica la empatía y te pones en el lugar de los otros, será más difícil que puedas molestar a alguien.

 

Rosa Armas

Colegiada T-1670

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