Controla la IraEl Control de la Ira.

La ira es una emoción que provoca un aumento muy rápido de los niveles de adrenalina en sangre, aumento del ritmo cardíaco y de la presión arterial. La persona que está sintiendo ira, enrojece, respira más rápido, tensa sus músculos y ve aumentada su energía física.

La ira es una respuesta emocional que emite nuestro cerebro cuando percibimos una situación como amenazante y debemos defendernos o huir de ella. Pero también sentimos ira cuando percibimos una situación como injusta, o incluso como catastrófica. Por lo tanto, está fundamentada en sentimientos como el miedo, la frustración o el cansancio. Sin embargo, lo más sano, no sólo para la persona que siente ira, sino también para las que están a su alrededor, sería que esa emoción la expresáramos sólo ante una situación de peligro real, (por ejemplo, si vemos que alguien quiere robarnos), ya que, en situaciones que no son realmente peligrosas, lo que conseguimos con esa ira es que disminuya nuestra capacidad para razonar y por tanto, no nos sirva para resolver la situación.

Consejos para gestionar la ira.

En primer lugar, pregúntate cuánto de amenazante es una situación y si merece la pena enfadarse tanto, por ejemplo, cuando conduces, insultar a otro conductor no resuelve nada y lo más probable es que ni te escuche, con lo que, el que se queda con el malestar eres tú.

Busca alternativas al enfado: recuerda momentos de ira y piensa de qué otra forma podías haberlo gestionado, qué otra cosa podías haber hecho o dicho. Esto enseña a nuestro cerebro a tener otras opciones de respuesta al enfado.

Usa un lenguaje sereno contigo mismo: si te repites estoy harto, ya no puedo más, no lo soporto,… es más probable que te enfades que si te dices, mantén la calma, no pasa nada,… usa alguna expresión para tranquilizarte cuando veas que el enfado puede ir en aumento.

Entrénate en habilidades sociales para cambiar una respuesta agresiva por otra asertiva. Te sentirás mejor contigo mismo.

Aprende a gestionar y a responder ante las pequeñas molestias del día, si no lo haces así y las vas acumulando, es más probable que al final, por una cosa sin importancia, explotes en un ataque de ira.

Descansa lo suficiente: si estamos cansados o no hemos dormido lo suficiente, nuestras reacciones agresivas pueden ser más frecuentes.

Consulta a un psicólogo

Esta opción está recomendada cuando los episodios de ira o las reacciones agresivas son demasiado frecuentes y/o inapropiadas por su intensidad.

Rosa Armas.

Colegiada T-1670

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