Se puede definir a los límites como ese espacio que existe entre tú y otra persona; que no se debe traspasar. Ni tú, ni la otra persona.

Los límites físicos están muy claro cuales son. Si te encuentras con una puerta, una valla o una cadena, sabes que no puedes pasar; o que tienes que pedir permiso en todo caso.

Los límites emocionales son los que no resultan tan evidentes; y hay que establecerlos para que queden claros.

como poner limitesLos límites emocionales

Poner límites bien definidos, facilita las relaciones con los demás, nos ayuda a conocernos a nosotros mismos, y nos da autonomía; que es muy importante para nuestra autoestima.

El hecho de poner límites también sirve para respetarnos a nosotros mismos, porque, olvídate…si no te respetas tú, los demás tampoco lo harán.

En este tema, tienes dos alternativas. O haces lo que los demás quieren que hagas, y al mismo tiempo piensas que los que te rodean son unos desconsiderados y unos egoístas, o bien, asumes tu responsabilidad; que no es otra que establecer tus propios límites.

Estableciendo lo que quieres hacer, lo que no quieres, lo que podrías pasar dependiendo de las circunstancias y lo que no vas a tolerar de ninguna de las maneras.

Para hacer esto, necesitas conocerte muy bien. Necesitas conocer tus gustos, tus valores y también tus prioridades. Teniendo todo esto muy claro, no será nada difícil poner límites.

¿Por qué resulta tan difícil poner límites?

Hay que reconocer que no nos es fácil poner límites. Los motivos son muy variados dependiendo de cada persona. Hay quien no los pone para evitar los conflictos.

Hay quien no lo hace por miedo a quedarse solo. Algunas personas piensan que no ceder a lo que les piden, es de ser egoístas. Y otras simplemente porque le dan más importancia a los deseos ajenos que a los suyos propios.

Además, hemos sido educados para complacer a todos; para ser buenos. No seremos felices pero sí que somos buenos. ¿Cómo hacemos entonces para establecer límites emocionales?

Hay muchas conductas por nuestra parte, que a los demás les indicarán que hay un tope y que por tanto, no pueden traspasarlo.

Algunas de esas conductas son:

Decir “no” cuando realmente no queremos algo

Es muy básico verdad? Parece muy sencillo, pero,todos hemos dicho alguna vez que si; sin querer decirlo realmente.  Cuando entendemos y asumimos que negarnos a algo que no queremos hacer, es nuestro derecho, obtenemos doble beneficio. Por una parte, nos resultará más fácil decir que no; y por la otra, no nos molestará que otra persona nos lo diga a nosotros.

Debemos eliminar la falsa creencia de que si nos negamos a algo, vamos a crear un conflicto. Responder de manera adecuada a una petición a la que no deseamos atender, de manera asertiva, no tiene por qué provocar un conflicto con nadie. Por descontado; si alguien se molesta por nuestra negativa, es un problema suyo y no nuestro.

Tomar nuestras propias decisiones

Ante una decisión, es lícito pedir consejo u opinión a la gente cercana pero, eso no quiere decir que nos impongan lo que debemos hacer.

Hay que tener claro que al final, quien ha de valorar los pros y contras, y quien ha de tomar la decisión somos nosotros mismos.

No ceder al chantaje emocional

A veces, bueno… muchas veces, se nos da a entender que si no accedemos a lo que nos piden que hagamos, esa persona sufrirá unas consecuencias, por lo general, emocionales. Valora tú si una cosa tiene que ver con la otra y si debes ceder.

Ten en cuenta que, ceder una vez implica que el chantaje emocional se repita en más ocasiones. Si por el contrario, dejas claro que no cedes a ningún chantaje, dejarán de hacerlo.

No debemos dejar que se invada nuestra intimidad. Nuestra intimidad es nuestra, y sólo pueden acceder a ella las personas que queremos que lo hagan, únicamente. Invadir nuestra intimidad es una falta de respeto que no debemos consentir.

¿Qué hacer cuando alguien traspasa alguno de tus límites?

Bien, cuando sientes que alguien “se ha pasado de la raya”, que es como solemos llamar a traspasar el límite, es justo eso: “sientes”. Porque sentimos incomodidad, malestar, quizás rabia; entonces, es el momento de hablar con esa persona, sea quien sea la persona.

Pero, no debemos hablarle de cualquier manera. Lo ideal es empezar recordándole lo importante que es él o ella para ti. Después de eso, dile lo que te ha molestado; pero basándote en los hechos reales. No pongas etiquetas, no le califiques con ningún adjetivo; sólo recuérdale lo que ha hecho de manera concreta y en qué momento. Seguidamente, añades que esto te molesta y que te gustaría, no volviera a ocurrir.

Una vez hayas dicho clara y concretamente, qué es lo que te ha molestado, se podría iniciar una negociación de cómo se actuará a partir de entonces. Pero también puede pasar que, la otra persona no esté dispuesta a negociar; en este caso, tendrás que ser tú quien decida lo que hacer con esa relación.

 

Rosa Armas

Colegiada T-1670.

Cómo poner límites
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