Tu nivel de Autoeficacia

Si en este mismo momento te plantearas una meta que te gustaría alcanzar en tu vida; ¿cuál sería el sentimiento que te generaría esa idea? Tal vez lo primero que te llegara a la cabeza fuera “con toda seguridad lo conseguiré”; pero, quizás no; a lo mejor lo primero que piensas es “uff, no voy a poder”. La diferencia entre una idea y la otra, está en tu nivel de autoeficacia.

¿Sabías que Walt Disney fue despedido de un periódico por falta de imaginación? ¿Sabías que Steve Jobs, el creador de Apple, fue despedido por la persona que más tarde él contrató para dirigir su empresa? ¿Sabías que Deka Records no quiso firmar un contrato discográfico con los Beatles argumentando que no sonaban muy bien? Curioso, ¿no crees…?

¿Qué hace que algunas personas consigan el éxito después de algunos fracasos y otros simplemente se rindan?

Estas personas de éxito, tienen en común fracasos previos, pero sobre todo tienen en común la perseverancia. Podríamos decir que todos tienen un rasgo que les caracteriza y es la “autoeficacia”. La autoeficacia es un término acuñado por un psicólogo de Stanford, Albert Bandura y que él definió como, la herramienta que sirve para aprender de los errores y tener la fuerza para remontarlos. Es el sentimiento que albergamos respecto a nuestra habilidad para triunfar.

¿Autoeficacia o Autoestima?

Dicho con otras palabras, autoeficacia es la creencia que tenemos acerca de nuestras propias habilidades para enfrentarnos a las dificultades que se nos presenten; y que juegan un papel muy importante a la hora de conseguir el objetivo que nos hemos planteado. La autoeficacia se diferencia de la autoestima en que es un juicio de las capacidades o talentos específicos que sabes que tienes; y no un sentimiento general del valor personal.Tu nivel de Autoeficacia

Podríamos decir que entre la meta que nos ponemos y la acción que llevamos a cabo para conseguirla, existe un factor importante y es, nuestro sentimiento de autoeficacia. Si estamos absolutamente convencidos de cuáles son nuestras habilidades, estaremos más motivados para actuar e iremos a por nuestro objetivo.

Este sentimiento hace que disminuya el estrés y la percepción de amenaza que podemos tener ante una situación y nos ayuda a planificar mejor lo que vamos a hacer. Sin embargo, si no confiamos para nada en nuestras habilidades, definitivamente, no lo vamos ni a intentar.

Según Bandura, para tener éxito en lo que queremos, debemos utilizar los errores como fuentes de información y no como un motivo de desánimo. Está muy claro, los errores tienen una función y es la de aprender de ellos para hacerlo mejor la próxima vez. Podríamos decir que, son la oportunidad perfecta para empezar de nuevo, o bien para volver a intentarlo, de una manera mucho más inteligente.

Como son las personas autoeficaces

Las personas con una alta autoeficacia hacen exactamente eso, analizan cuales fueron sus errores y, simplemente los resuelven. Tienen la seguridad de que pueden alcanzar el éxito en lo que se propongan y no se rinden, independientemente de lo que opinen los demás, es decir, es una idea subjetiva, pero de la que están muy seguros.

Algunos estudios demuestran que, las personas con una autoeficacia alta, ven los problemas como retos a superar y se recuperan muy rápido de los fracasos, además, se plantean metas más complejas.  Por el contrario, las que tienen una baja autoeficacia, evitan tareas que perciben como difíciles, piensan que algunas metas no están a su alcance con lo que, ni se les pasa por la cabeza intentarlo y los fracasos los viven como un problema personal. Esto demuestra, una vez más, lo importante que es lo que creemos de nosotros mismos, a la hora de actuar o no.

Se desarrolla sobre todo en la infancia; podemos enseñar a los niños a no rendirse a la primera y que vuelvan a intentarlo si les ha salido algo mal. Pero eso no quiere decir que no podamos desarrollarla también de adultos, de hecho, la seguimos desarrollando.

Los factores que influyen en el desarrollo de la autoeficacia son las experiencias previas que hayamos tenido. Éstas son una fuente importante de información sobre nuestros potenciales; que aumentan con éxitos repetidos pero que también, disminuye con los fracasos.  También nos puede influir la experiencia de otras personas, con los éxitos ajenos, podemos plantearnos si nosotros también podríamos conseguirlo.

Así que, ya sabes, si tienes claro cuáles son tus capacidades, no te rindas a la primera.

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